La amenaza desbarató su cuerpo y bombardeó su cabeza de imágenes de terror como en esas películas a las que a veces uno ingresa en medio de una pesadilla. Entras. Corres. Te caes. Sales. Entras otra vez. Te alcanzan. Despiertas. Vuelves a soñar lo mismo.

¿Cómo se hace “mujercita” a una lesbiana? Ordenando que un hombre la viole. Lo escribo y no me lo puedo creer. Eso fue lo que escuchó Kattia Montenegro. La voz le era familiar, demasiado. Su propia hermana la amenazó. Las palabras sacudieron sus oídos. Las piernas quizá le temblaban. En el pecho, la sensación de asfixia iba y venía, tan cercana al vértigo, apenas sostenida por la rabia y el terror. Kattia sabía que su hermana no hablaba solo para meter miedo.

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Cierra los ojos e intenta vivir la experiencia de Kattia. Te van a violar. No hay que ser lesbiana. Solo piensa y repite la palabra: VIO-LA-CIÓN. Otra vez: VIOLACIÓN. 

Kattia tiene hoy 23 años y vive en Arequipa, una de las ciudades más importantes y conservadoras de Perú, que a pesar de la indiferencia despierta al activismo con grupos como Movimiento Lesbia, el cual pretende hacerse escuchar ante la sociedad que ignora, limita, discrimina, rechaza e invisibiliza a las mujeres lesbianas y bisexuales. Es pequeñita, de mirada cálida y cabello corto. Te puede parecer frágil hasta que la vez en medio de una marcha con un cartel que dice ‘la homofobia mata’.  Kattia quebrada. Kattia combativa. Dos mujeres en una. La primera es pasado. La segunda es presente. Kattia Montenegro es invencible, pero eso no fue al comienzo. 

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“¡Tengo el orgullo de ser lesbiana y soy feliz!”, escribe Kattia en su Facebook, una tarde de septiembre. Cuando vivía su película de terror, la joven arequipeña que ahora estudia Ciencias de la Comunicación pensaba que algo muy malo iba a pasar. Hace cinco años empezó todo. Su hermana mayor se enteró de que Kattia era lesbiana y optó por la agresión física y verbal. La amenaza primera fue decirle a sus padres. Le repitió, a gritos, que la botarían de la casa, que la odiarían, que su vida terminaría lejos de los que más quería. Kattia tuvo miedo. Toleró insultos, amenazas y burlas. La resistencia del silencio puede durar años, pero también se rompe de golpe.

“Me amenazó con hacerme violar con un hombre para volverme ‘mujercita’ y entré en pánico”, cuenta. Ese terror fue el inesperado impulso para hablar con sus padres. Kattia no fue rechazada. No recibió golpes como los de su hermana. Ellos lo entendieron. Sin embargo, la película no había terminado con un final feliz. En el Perú, las amenazas de hacer mujercitas a las lesbianas son frecuentes aunque de este tema no se hable. El informe Estado de Violencia, del colectivo No Tengo Miedo (PDF), refleja situaciones de violencia que apuntan a transformar, corregir o curar lo que aparentemente está mal o no es normal. A Kattia vencer el miedo la salvó de una violación. No pudieron curarla. No estaba enferma.

VIVIR O MORIR

El 29 de septiembre de 2013, su hermana llegó a la casa familiar. Un domingo más, un domingo como cualquiera que para Kattia sabía a tortura porque su hermana aprovechaba las visitas para reiterar las amenazas. Pero ese 29 de septiembre trató de golpearla. Nada pudo hacer su madre para defenderla. Y otra vez regresó la amenaza: te voy a mandar a violar. VIO-LA-CiÓN.  Por la noche, Kattia se derrumbó y pensó en el suicidio.

Morir. Esta vida no cambiará. Morir. Ya me cansé. Morir. No estoy preparada para tanto dolor. 

¿Para qué vivir? Morirse era perder la batalla, y Kattia no tiene nada de perdedora, así que se calmó, durmió sin pesadilla y despertó como si hubiera pasado por esas máquinas de ciencia ficción que prometen hacerte más fuerte, un poquito más fuerte. Dijo a sus padres que como no podían frenar a su hermana, ella optaría por denunciarla por violencia. Seguro no le creyeron.

“Creo que vencí el miedo al pensar que si yo no hacia nada la violencia seguiría y nunca acabaría y eso no es vida. Tenía que hacer algo. Ya no podía soportar tanto maltrato“.

PERDONAR, PERO CON JUSTICIA

Kattia no sabe odiar. Hizo la denuncia el martes 1 de octubre contra su hermana por un acto de justicia. “Por su estado de embarazo buscó que yo desistiera de la denuncia y además me negaba la posibilidad de conocer a mi futuro sobrino. No cedí, pero actualmente después de todo nos llevamos bien. Ella entendió aunque a la fuerza y también pude conocer a mi sobrino”.  La familia de Kattia creía que lo mejor era dejar el asunto en casa. No les parecía que exista una denuncia entre hermanas. A Kattia no le importó y siguió adelante. Y ese afán de justicia de la mano de sus amigos y compañeros de la RED LGTB de Arequipa y del Movimiento Lesbia la llevó a hacerse escuchar y respetar. Hoy piensa que hubiera sido un error aceptar las reglas de su hermana. Hubiera sido un error quebrarse hasta la muerte. Sobrevivir es lo mejor que le ha pasado y su sonrisa te dice que la batalla hay que darla. Siempre. Ella sonríe. La bandera gay en la mano. La cámara la enfoca. Ella no se esconde.

DE VÍCTIMA A ACTIVISTA 
“El activismo en mi vida es la militancia y dedicación a lucha por los derechos humanos de las personas LGTBI mediante acciones políticas y sociales en diferentes espacios, y lo que me ha ayudado bastante en mi forma de pensar, actuar y de ya no tener miedo alzando mi voz con el deseo de cambiar y mejorar la sociedad para una vida digna e igualitaria libre de discriminación sobre todo en Arequipa que es tan conservadora y machista”, explica Kattia. Para esta futura comunicadora social, la justicia es indiferente a los derechos de las minorías.

-Mi caso fue tomado como violencia familiar aunque leyéndolo explica que es violencia por orientación sexual pero no aparecerá en la data como violencia por orientación sexual o crimen de odio, pero eso se puede cambiar, y la historia nos da la razón desde las luchas de las mujeres por el voto femenino y otras luchas.

katia arequipa

Kattia venció el miedo. El clóset es un buen lugar para abrazar el miedo en países como Perú. “Hago público mi caso para que muchas lesbianas sepan que no están solas, dejen de tener miedo y denuncien“, dice. Y si le preguntas cómo se imagina su vida en cinco años, ella dice que quiere seguir viviendo en Arequipa junto a su familia. Espera terminar la carrera, seguir en el activismo y ver avances en las políticas de derechos para personas LGTBIQ en Perú.

Hace un mes recibió la sentencia sobre su caso y el fallo es a su favor. La información circuló en grupos LGTBIQ peruanos como una pequeña conquista. Su hermana está prohibida de acosarla, hostigarla o amenazarla. Se precisa que la policía debe brindarle la protección del caso, terapia psicológica y “un monto de reparación civil que yo nunca pedí pero igual la corte lo puso”.

Ella ve un Perú en el que se respeten las diferencias de los demás: “Eso espero y es lo que me gustaría ver y vivir. Y ser feliz”.

 

PD: Esta canción acompañó a Kattia en algunos momentos importantes. Quisimos compartirla con ustedes. 

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