En el Perú, los niveles de homofobia se miden también en razón al nivel socioeconómico. Si eres rico, te va mejor y tu entorno, incluso lleno de homofóbicos, hará como que te respeta. Pero no solo el dinero cuenta. Ser feo –de acuerdo a los patrones de belleza establecidos por la sociedad podemos resumir en blanco/clarito, delgado y alto– es para el homosexual una carga adicional.

Cuando Juan llegó a Lima tenía 5 años. No mide más de 1.68 de estatura. Su piel es cobriza, su cabello es lacio, sus ojos son marrones como chocolate espeso, y su boca es gruesa. Dice Juan que es feo y por eso no quiere fotos, y en su Facebook coloca la imagen de Freddie Mercury, su ídolo, su novio eterno. Esa obsesión por declararse feo, un marica feo, es consecuencia de su época escolar, años de bullying a los que sobrevivió.

Estudió administración de empresas, pero cuando dejó su currículo en una compañía dedicada al marketing que solicitaba alguien con su perfil, los reclutadores lo miraron de los pies a la cabeza. Ese desprecio que te atraviesa los huesos de manera fulminante y que te puede paralizar o encabronar, como diría su novio mexicano.

Pero regresamos a la oficina de San Isidro, el exclusivo distrito limeño que puede ser excluyente en determinadas zonas, y que hace muy poco, en plena campaña electoral, se vislumbró para el común de limeños como un espacio de ensueño, irreal para una ciudad donde los ricos son minoría y los pobres -clase media suman una mayoría. La fanpage El San Isidro de Madeleine (Madeleine Osterling postuló sin suerte a la alcaldía distrital) ironiza con ese mundo negado para chicos como Juan.

Dice Juan que no puede controlar ese amaneramiento que lo hace notar tan gay. En la oficina de San Isidro lo miraron como se mira al raro en el Perú. Algo como “este que mierda tiene” o de repente “este es loca”. O peor: “un cabro de mierda”. Luego se fijaron en su ropa que describe como modesta. Gamarra style –el emporio comercial más grande en la capital del Perú–también tiene sus niveles, y Juan cuando abastece su armario compra lo más barato, “pero a la moda”. Hay gente que viste Gamarra y pasa la puerta de los VIP (Very Important Person o pura mierda refinada) como si nada. Juan, con su tamaño pequeño y su rostro oscuro, se siente observado, cuestionado. La discriminación a veces está en la cabeza de uno. Es posible que Juan padezca esa discriminación interna porque no se siente guapo y porque en la gran ciudad es una “loca” del montón. Sin embargo, a Juan le tiraron la puerta en la cara. Escuchó comentarios ofensivos a su ropa, a su voz chillona, a su cara de “llama”.

Gay

Juan exagera, dice su novio. Juan es finalmente administrador de una peluquería de Jesús María, un distrito clasemediero menos excluyente y más acogedor con los gays y travestis. Lo respetan y lo quieren en la peluquería. Pero Juan quería otro trabajo, y hoy el círculo se cierra entre salones de belleza, donde el homosexual que no es ´loca´hace labores administrativas. Vive en un cuarto cerca al mercado de Jesus María. Su novio va y viene.

Alerta contra el racismo en Perú, una iniciativa gubernamental precisa:

La discriminación étnico- racial es, hoy en día, un problema que afecta gravemente a la sociedad peruana pues acentúa un contexto de desintegración nacional. La construcción de un imaginario social centrado en la exacerbación de la superioridad de determinadas identidades físicas, étnicas, modelos culturales y estéticos ha generado el rechazo de parte de ciertos sectores sociales de aquellos que son considerados como diferentes e inferiores a un paradigma establecido. Las manifestaciones de esta discriminación dentro de la colectividad son frecuentes y se encuentran presentes en los diversos ámbitos de nuestra sociedad, generando que la discriminación sea percibida como un modo natural de descartar a determinadas personas.

El diario La República de Perú reveló que el 44% de personas encuestadas en Lima Metropolitana (de un total de 900) fueron víctimas de bullying alguna vez cuando estuvieron en el colegio. De esta cifra, las personas homosexuales lo sufrieron con mayor frecuencia (67,7%) debido a su orientación sexual.  Juan estudió en un colegio estatal donde conoció el bullyng y donde fue acosado sexualmente por su profesor, quien le dijo cierta vez: “eres feo, nadie se enamorará de ti”. Tenía 13 años.

Se aferró al profesor hasta que este desapareció sin dejar rastro. Fue el segundo abandono más importante de su vida. El primero fue el de su madre que lo dejó a los ocho años. La recuerda con cariño: “Ella era muy bonita y estaba harta de la vida que nos daba mi padre. Vivíamos en Lomo de Corvina, Villa El Salvador”. Villa El Salvador, el distrito que en el mundo reconocen por María Elena Moyana, puede ser un arenal interminable o cemento bien tarrajeado. Pero también, sobre todo hoy, un conjunto de casitas de concreto de tres y más pisos, un espacio con futuro para el emprendedor. A Juan le tocó el arenal, el cerro. Por eso huyó pronto.

GAY

A pesar de las limitaciones económicas, ingresó a una universidad estatal, estudió administración y acabó la carrera. En julio cumplió 26 años. No le ha ido bien en la vida. Quiere irse a México con el novio y luego a Estados Unidos. Quiere afinar su nariz ancha y bajar de peso. No es gordo, pero sus 65 kilos para su tamaño pequeño lo hacen ver “algo chanchito”. Dice que no guarda rencores, pero cuando se topa con gays guapos y blancos, y con auto del año, que ni siquiera lo miran, Juan piensa que la mala suerte nació con él.  “Esos ni te saludan”, suelta.

Dentro de la comunidad gay, la discriminación es una realidad. Los bonitos y los feos, los ricos y los pobres, los VIP y los que no entran a discotecas o fiestas porque “nos reservamos el derecho de admisión”.

Juan recuerda que no lo dejaron entrar cierta vez a una discoteca de Miraflores, el distrito más gay friendly de Lima (ver ordenanza contra la discriminación en PDF). “Soy serranito, pues”, afirma. Y se ríe mostrando sus dientes blancos y brillantes.  Aclara que se los blanqueó en el dentista de la esquina. Podríamos pensar que Juan es un resentido social, un acomplejado, un hombre que no se acepta. Juan habla del tema cuando se lo preguntan, y lo vive en silencio. Se nota que va lastimado, y a la vez se ha puesto una coraza para dar pelea.

Sus amigos cuentan que esta es la historia oculta de Juan. Siempre luce amable, dispuesto a ayudar y a escuchar. Cree que el Perú no va a cambiar. Por eso, se irá. En Perú no quiere vivir más.

 

Fotos: Renzo Salazar Camacho

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Mi primer blog fue verde y era sobre ser lesbiana en Lima. Varios años después regreso a una temática que pensaba cerrada con el objetivo de hacer realidad un sueño: un medio LGTBIQ. Soy periodista desde los 17 años y ya cumplí 42. Soy profesora universitaria, adicta al café, mamá de gatos y perros, lectora desesperada e insomne. Soy la directora de ClasesdePeriodismo.com, consultora en social media, estudiante crónica y amenazo -para no perder la costumbre- que ya voy a dejar el periodismo para fundar un bar. Amo Chorrillos, y tengo la suerte de haber regresado al barrio para mirar el mar cada mañana.

2 Comentarios

  1. Toda la vida le he dicho a medio mundo que el racismo es la madre de las discriminaciones en nuestro país. Como mujer, lesbiana y chica robusta, he vivido también la discriminación de muchas formas, pero algo es cierto. No tengo los rasgos que podría tener Juan, no soy rubia, no soy gringa, pero mi piel es blanca y mi posición económica podemos ponerla como acomodada.
    Tener en cuenta que ciertos factores tienen privilegios en esta sociedad y un factor discriminante no quita el privilegio que puedas tener en el otro lado, pero ya que el racismo en mi opinión es de las discriminaciones más terribles, si no tienes los rasgos que la sociedad pone como “superiores” (tamaña estupidez) te vas al carajo. Porque puedo ser gorda, pero si fuera gorda y ‘chola’ la vara con la que otros me miden cambia abismalmente. (o sea que básicamente un hombre hetero en forma, con plata y blanco la tiene más fácil, mucho más).
    Aprecio que hayan puesto esta nota aquí y valentía de Juan para expresar su descontento con esas reglas estúpidas y esa manera de medir la valía de las personas que la sociedad tiene.

    Le deseo muchos éxitos a este chico en el futuro, aquí o en México, o de ser preferible en alguna otra sociedad más inteligente que la nuestra.

    PD: Lamento el desorden de mi comentario, pero no quería irme sin comentar este post.

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