¿Sería necesaria la reforma de la Constitución para una eventual aprobación del matrimonio igualitario en Perú?

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Una Constitución, en términos simples, es la norma máxima que regula un país. La ley de leyes, llamada por algunos, contiene los derechos fundamentales de las personas, la organización del Estado y las garantías constitucionales. Como es la norma máxima de todo el ordenamiento jurídico, ninguna ley u ordenanza puede ir contra ella, de lo contrario sería declarada inconstitucional. Por eso resulta indispensable preguntarnos: Sin modificaciones a la Constitución, ¿se podría aprobar un matrimonio igualitario hoy en Perú?

Quienes señalan que el matrimonio igualitario sería inconstitucional a las luces de la legislación vigente señalan muchas veces que la Constitución regula el matrimonio como la unión de varón y mujer. Primer gran error que debemos desterrar: la Constitución regula por un lado la protección y promoción del matrimonio y la familia -sin mayores detalles- y, por otro, en el artículo 5, la unión de hecho, que no es más que la convivencia. Esta última, señala la Constitución, “da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de la sociedad de gananciales”.

Para mejor detalle veamos los artículos respectivos:

Artículo 4. La comunidad y el Estado protegen especialmente al niño, al adolescente, a la madre y al anciano en situación de abandono. También protegen a la familia y promueven el matrimonio. Reconocen a estos últimos como institutos naturales y fundamentales de la sociedad.

La  forma  del  matrimonio y las causas de separación y de disolución son reguladas por la ley.

Artículo 5. La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable.

La unión de hecho fue reconocida a nivel constitucional por primera vez en la Constitución de 1979. Esta protección en la norma de más alto rango, como bien anota el Tribunal Constitucional, se debió a que “concitaba una percepción negativa y de rechazo por parte de cierto sector de la sociedad, concibiéndola como una forma de vida inmoral, situación que no se condecía con la realidad, tradiciones y cultura de otro gran sector de la sociedad peruana”[1] ¿A alguien más le sonó conocida esa historia? Calmen, estamos en la Constitución de 1979 recién. En efecto, el reconocimiento se dio para otorgarle protección a estas parejas heterosexuales que libremente se unían, pero no deseaban casarse. La Constitución de 1993 copió este reconocimiento de su antecesora y reguló y otorgó protección a la unión estable del varón y la mujer.

Queda claro entonces que estas dos figuras son distintas y que el artículo 5 se refiere únicamente a las uniones de hecho, no al matrimonio. Sin embargo, alguien podría argumentar que como la Constitución debe leerse como una sola, esta disposición se extendería hacia el artículo 4 y evidenciaría que la intención del constituyente fue reconocer una familia conformado por varón y mujer, máxime si en este artículo se reconoce a la familia como instituto natural de la sociedad.

Entonces ¿el artículo 5 no es compatible con el 4? Segundo error por desterrar: evidentemente son compatibles. Las uniones de hecho evidentemente producen una familia, pero esto no quiere decir que este sea el único modo de conformarlas. El matrimonio es otra de esas formas[2] y las uniones voluntarias de personas del mismo sexo, qué duda cabe, también son otro modo de conformar familias.

El Tribunal Constitucional bien ha señalado que “el texto constitucional no pretendió reconocer un modelo específico de familia. Por consiguiente, el instituto de la familia no debe relacionarse necesariamente con el matrimonio”[3].

Es decir, tal como lo mencioné líneas arriba, el matrimonio es uno de los modos de conformar una familia, pero esta no se agota en él. Y es que resulta evidente que el Derecho no puede ni debe regular todas las formas de familia. Hacerlo resultaría arbitrario y dejaría sin protección a muchas personas que, de diversos modos, pueden conformar una familia. Es imposible que el Derecho prevea todos los supuestos de familia que pueden darse en una sociedad, pues las familias serán tan diversas como personas existan.

Entonces, ¿por qué la Constitución reconoce a la familia como “instituto natural de la sociedad”? Veamos, la sociedad es un concepto previo al de Estado (es más uno de los elementos del Estado es la población o sociedad). Reconocer a la familia como instituto natural de la sociedad es reconocer que aquella forma parte de la sociedad de modo natural y no por disposición de la ley. La familia no es un concepto legal ni creado a través de leyes, sino que es un concepto que el Derecho toma para brindar protección en el marco del reconocimiento de derechos sociales. Esto no equivale a decir que hay un “modelo de familia natural”, como mucho se ha escuchado, sino un reconocimiento de la familia como instituto previo al Estado y, quién puede dudarlo, que es la base de toda sociedad, pues a través de estas se agrupan las personas y se forman a las futuras generaciones.

Finalmente, y una vez rebatidos los anteriores argumentos, una unión libre y consentida de dos personas del mismo sexo con fines de protección, vida en común y generación de un patrimonio es, sin duda alguna, una familia. No hay diferencia alguna con las uniones libres entre personas del mismo sexo y, aunque resulte ocioso decirlo, debo recalcar que la familia tampoco está concebida como una institución únicamente con fines procreativos[4].

Queda claro entonces que si estamos frente a una familia y la Constitución protege a la familia y promueve el matrimonio, no es necesaria ninguna reforma para que una eventual Ley de Matrimonio Igualitario sea aprobada en nuestro país, que no nos engañen, lo demás son puras palabrerías.

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[1] Véase la sentencia recaída sobre el Expediente 6572-2006-PA/TC

[2] En ese mismo sentido también se pronuncia Aléx Plácido en su blog Blog de Alex Plácido, donde bien apunta: “Hoy, con la Constitución de 1993, la familia puede nacer tanto de un matrimonio como de una unión de hecho; extendiéndose el mandato de protección constitucional a la familia nacida de ellas”.

[3]Véase la sentencia antes citada del TC.

[4] Ibídem.

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Soy una chica, vivo en Lima y amo la ciencia, tal vez tanto como amo la música. Desde hace algún tiempo tengo la inquietud de aportar a la visibilidad de la comunidad LGTB desde lo que más me gusta hacer: investigar. Soy licenciada en Psicología. Estoy estudiando una Maestría en Neuropsicología. Dicen que canto bien. Amo Harry Potter. Amo a Julio Cortázar

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