Por Lucero Chávez y Laura Grados

Tienen en común que, esta noche, los tres se alistan para ir a trabajar. Su centro laboral es la discoteca gay más concurrida y popular de Lima: el Vale Todo DownTown, que atiende de lunes a domingo sin descanso. Cientos de personas llegarán hoy al gran local a verlos actuar. Ellos aman el show, las pantis, las pestañas postizas y los electrizantes sonidos y beats de la música electrónica y latina.  Si alguna vez, fueron otra cosa además que drag queens, ellos ya se olvidaron. Esta noche son simplemente Jojo, Egocentrika y Nebulah, las amas de la discoteca. 

Frente al espejo, el polvo compacto inunda su rostro, un pedazo de pelo cuelga de su cabeza recién rapada. Sus ojos fijos en el trazo delicado del delineador no advierten nuestra presencia. Jojo se maquilla con la concentración de un médico en plena cirugía.

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Tiene 25 años, hace seis es bailarín profesional y hace cuatro se hizo drag queen. Sucedió en Argentina. Un día lo llamaron para una fiesta privada en la que necesitaban drags y se transformó en Jojo. “Me monté de mujer y ahí arrancó todo”, cuenta el costarricense.

Vestido con una camisa a cuadros y un BBD blanco, jeans sueltos y unas Caterpillar, Julio C’est (nombre real), llegó a Perú en diciembre del año pasado, con el mismo azar con el que se convirtió en drag y con la misma sorpresa que se proyecta a futuro. Pero no solo es artista en el escenario, sino también en el aire.

“¿Cómo se convierte un piloto de avión en un artista?”, preguntamos con ignorancia. JoJo aclara que ha sido artista toda su vida. “Desde los cuatro años mi mamá me matriculaba en clases de danza. Hacía ballet, tap y jazz”, comenta.

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De hecho, la primera vez que se travistió fue a los cinco años, en el Día de la Madre. “Fue en un taller de ballet. Los hombres tenían que salir de mujeres por tradición. Yo estaba fascinado, no quería dejar de girar con el vestido”, relata. Jojo estaba, digamos, predestinado para este trabajo.

El maquillaje suele ser uno de los puntos más críticos en los inicios de una drag, excepto si se trata de Egocéntrika. A diferencia de muchas de sus compañeras que necesitan ayuda, Manuel Marcalla no ha tenido mayores problemas para transformarse en lo que siente que realmente es: una mujer.

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Así se define Egocéntrika, quien demora pocos minutos en transformar su rostro. Este historiador sanmarquino tiene 28 años y baila hace seis. Antes tenía una empresa de fiestas infantiles, que abandonó por dedicarse a tiempo completo a ser la más carismática de las drag queen.

Este exprofesor de baile en gimnasio, le debe su nombre a un helado de una conocida marca. Cuenta que un día, divagando con un amigo acerca de buscar una identidad para su personaje, compró un helado de nombre “Egocéntrico” y ahí empezó todo.

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Pero la vida nocturna no es para siempre. La juventud tampoco, por eso Egocéntrika ya terminó su segunda carrera como estilista. Trabaja en una peluquería a medio tiempo los fines de semana. Apenas se apagan las luces del show, vuela a su casa. El descanso es primordial para hacer un buen trabajo.

Su postura de dama inglesa, de té y galletas, y su hablar exageradamente pausado, no permite creer que Egocéntrika salió apenas hace poco “del clóset”. “¿Recuerdas el grupo de ‘Las mariconitas del sabor’? Ya pues, yo pertenezco a ese. Cuando empecé a salir en reportajes en televisión, mi familia me reconoció. Para esa época –hace dos años mi papá ya había fallecido”, relata.

Manuel ha encontrado comprensión en su familia. De hecho su hermano mayor también es gay. “Somos cuatro: dos mujeres mayores y dos menores”, narra entre risas, aunque no se traviste de pura flojera. “No me gustaría estar maquillándome todo el día, afeitándome. Soy muy flojo”, dice.

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Ya es cerca de la medianoche y Joseph Cuba llega apurado y se sienta unos centímetros más allá de Egocéntrika. A simple vista es un estudiante más que se rasura los vellos faciales que a duras penas asoman. Minutos más tarde es Nebulah, una de las drag queen más aclamadas en la disco.
Es bailarín desde que tiene uso de razón. Llegó a la discoteca como Joseph, hasta que una noche de domingo salió como drag solo para ganar cervezas, como parte de una apuesta. “Me cagué de risa, la pasé muy bien”.

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Le pidieron que actuara en la próxima función, que se convirtió de pronto en cuatro años dedicados al baile y espectáculo. Al principio empezó a ver tutoriales de maquillaje. Seis meses después ya se podía maquillar sin ayuda.

Aceptarse como gay fue un proceso difícil, aunque lo haya sabido desde siempre. Su familia lo apoyó cuando a los 19 años se los dijo. Incluso su mamá y sus hermanos han ido a verlo actuar.

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TRAS BAMBALINAS

Falta poco para la una de la mañana, hora del show. El maquillaje ha hecho su trabajo: lejos quedaron los ásperos rasgos faciales que hace un hora y media marcaban sus rostros. Han sido reemplazados por finas cejas, labios brillantes y sensuales, ojos de color fantasía, pestañas larguísimas y llamativas sombras.

Ignacio, novio de Jojo, le da los últimos toques al peinado del piloto. Entrelazando cabellos negros y rosados. Nebulah, con el torso desnudo, viste de cadenas su cuerpo, mientras que Egocéntrika se concentra en el mechón falso que completa su imagen.

Otra cosa es lo que viene: la vestimenta. Egocéntrika se cambia sin vergüenza. No pide que nos vayamos. “Chicas, me voy a cambiar, pero no tienen que irse. O sea, si ustedes están cómodas, por mí normal”.

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Queremos ver cómo funciona la técnica de esconder lo más varonil que tiene físicamente: el pene. Eso sí, nos pide que no tomemos fotos cuando se coloca una panti, dos pantis, una malla, otra panti. Estamos conversando con ella y de pronto parece que perdimos la cuenta. ¿Cuántas se va poniendo?

“Es para que no se me note pues, chica”, dice mientras, frente al espejo, jala la parte superior y da pequeños saltitos sobre el suelo de mayólica.

Nebulah y Jojo, sin embargo, sí tienen algo de reparo. “Un ratito, me voy a cambiar”. Les damos su espacio, pero llegamos para los últimos retoques. El rostro es solo el 60% del trabajo para lo que viene de la difícil noche. Los detalles importan: anillos, pulseras, pelucas, ganchos, aretes, corona.

En este momento, cada una parece inmersa en su mundo, en esa habitación atestada de espejos que te enfrentan con tu reflejo a dónde mires. Los sonidos de la música exterior se filtran hasta el backstage. Son solo ellas frente a esos nuevos personajes andróginos en los que se han convertido. Están serenas, pero sobre todo concentradas. Esto es un trabajo después de todo y ellas son unas profesionales en su arte con mucho tiempo en el oficio.IMG_4110

 

 

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Caminan a la puerta listas para animar el show, tal y como ocurría en la mitad del siglo XIX, cuando los drag queen  surgieron en el Reino Unido como un elemento dramático para burlarse del comportamiento social, de los roles de género y los convencionalismos sociales.

En el siglo XXI, esas tradiciones aristocráticas han quedado atrás, y sin embargo, los drags siguen siendo histriónicos y exagerados como en la década de los 30 cuando su popularidad se basaba en el cabaret de estilo americano. Esta noche en el ValeTodo no se diferencia mucho de aquellos años. También se combina danza, canción y artes escénicas.

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Pero, contrario a la creencia general, los drag no siempre fueron relacionados al mundo LGBT. Fue en los años 50 (antes de la revolución sexual) cuando los hombres vestidos exageradamente de mujer cobraron popularidad en los establecimientos de clientela homosexual, precisamente por la sensibilidad estética de excesivas proporciones cargadas de humor e ironía.

Cuando Jojo, Nebulah y Egoncéntrika salen al escenario, las gentes, que hasta hace un momento rozaban sus cuerpos sobre la pista de baile llena de humores y sudores, se detienen para admirarlas, acercarse a ellas y recibir shots de vodka. Y es que tras el surgimiento del movimiento de liberación LGBT en 1969, los drag queen se han convertido en una expresión de orgullo gay que representa a la comunidad homosexual en todo el mundo.

Ellas se apoderan del escenario.

Can’t you hear that boom, badoom, boom
Boom, badoom, boom bass?

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Brilla fuerte como un diamante.
We’re like diamonds in the sky

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Are you ready to party? 
Let’s make a toast to good times and good friends
To the clubs, to the discos and all the party,
all around the world.

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Who wants another cocktail?
Tequila. Boom boom!

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En diez años, Jojo tiene planeado continuar con algo que tenga que ver con la aviación o con la preproducción del espectáculo ¿Un piloto en tacos y pelucas? No lo asegura. “No puedo decir tampoco porque hace un año no me veía acá”, dice. El azar forma parte de su día a día.

Nebulah estudió administración en el Instituto de Administración Bancaria (IFB), pero no ejerce porque no le gusta. Solo piensa en bailar y seguir bailando.

Ser drag es un trabajo sacrificado, con pocas horas de sueño y sin tres comidas al día. Después del espectáculo, ¿qué queda? Así como los personajes de nuestra historia, puede haber muchos sin planes claros aún. Por lo pronto, lo importante es solo bailar y darlo todo por el arte y el talento histriónico que llevan dentro.

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