Por Marta María Ramírez (*) 

Manuel Vázquez es el abogado de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersex (LGBTI) de Cuba. Desde hace casi cinco años se le ve en cada espacio coordinado por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y las redes sociales que la institución estatal ampara. Al lado de  Mariela Castro, directora del organismo, detrás de mesas en paneles sobre la diversidad sexual, organizando reuniones de juristas cubanxs, en tribunales, unidades policiales, oficinas y pasillos consultando a personas que demandan los servicios de especialista que quieran no solo resolver su problema legal (casi siempre de discriminación laboral, escolar o familiar), sino escuchar una historia: muchas veces triste y, gracias a su gestión, a veces con final más o menos feliz.

Manuel siempre está al alcance de una llamada telefónica, incluso de su móvil financiado por su escuálido bolsillo de funcionario estatal, que viaja un poco por el mundo para contar las experiencias de CENESEX, de su activismo y para aprender de otrxs. Solo Manuel sabe cuánto lo he molestado en los últimos años para que me ayude con amigxs o conocidxs víctimas de violencia de género, de homofobia, de lesbofobia, de transfobia. Manuel ha sido mi fuente consecuente y alguien con quien polemizar con libertad absoluta, sin miedos a los desacuerdos.

Manuel, el abogado de las personas LGBTI de Cuba y más, es también mi amigo, mi compañero de luchas y aventuras. Así que esta es la conversación que se puede tener desde la amistad, una noche de sábado, en una Cuba que puja por ser más justa, para una publicación que nace hoy sin etiquetas.

¿Cómo describes el momento que vive Cuba en materia de derechos LGBTI?

—Estamos en un momento de puertas abiertas, porque nos queda mucho camino, sobre todo cuando intercambiamos con instituciones de otros países y con activistas que viven otras realidades nos damos cuenta de que hay muchos otros puntos a los que mirar. Pero hemos transitado una ruta con logros muy puntuales. Desde mi punto de vista, los más importantes tienen que ver con visibilidad social, con la obtención de la voluntad política del Estado para determinados elementos que tributan a esta visibilidad y la educación para una sociedad más empoderada, más conocedora y más sensibilizada con las temáticas LGBTI. Cuba ya fue sede de una conferencia sobre temas LGBTI para Latinoamérica y el Caribe y que este congreso de de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transgénero e Intersex de la región, ILGA-LAC, se haya realizado en isla apunta hacia dos direcciones: un reconocimiento a los logros desde CENESEX con grupos de la sociedad civil que han pedido su apoyo, otras redes no asociadas y organizaciones del Estado y a que el Estado cubano ha estado metiendo sus manos en este asunto y no se trata solo de una cuestión de la sociedad civil y algunas de sus instituciones. Es cierto que el acompañamiento estatal hasta aquí ha tenido limitaciones, algunos muros que hemos tenido que saltar; pero está mostrando una voluntad política. También arroja luces a tu pregunta, el hecho de que Cuba haya presentado, por primera vez, una delegación de más de 10 activistas en la recién finalizada conferencia mundial de ILGA (México), indica el interés de una institución estatal al movilizar recursos para que personas de la sociedad civil asistan a estos espacios.

Además, aunque sean tímidos, hay logros legislativos, ¿cuáles son?

—El más reciente, más caliente, el Código de Trabajo que ha hecho que en el último reporte de ILGA sobre el comportamiento del reconocimiento de los derechos relacionados con orientación sexual e identidad de género, Cuba tenga un lugar diferente. Cambiamos de color en el mapa que muestra el estado de los países con legislaciones específicas que protegen derechos de personas LGBTI. Ahora ya estamos entre los que tienen prohibiciones legislativas para la discriminación sexual en el ámbito laboral. Es solo el inicio. El Código de Trabajo ha representado cambios que no solo van en lo técnico-jurídico, en el reconocimiento de derechos, en la introducción de nuevos principios, sino en los paradigmas de las dinámicas legales, como el que se sustituya la categoría sexo por genero o raza por color de la piel, son avances que no quedan solo a nivel discursivo, sino que inciden en quien opera este derecho, que se verá obligado a utilizarlos. Es muy relevante el principio de no discriminación por orientación sexual, aunque hay asuntos que hubiéramos querido se incluyeran, como la no discriminación por identidad de género, la no visibilización completa de los temas asociados con la violencia y la exclusión del seroestatus al Virus de Inmunodeficiencia Humana, causante del sida. Que ya esté presentada la propuesta de Código de Familia, con sus grande avances y algunas limitaciones, es también muy importante…

Jornadas Cubanas contra la Homofobia

¿Cuáles son las principales limitaciones que le ves a la propuesta de reformas al Código de familia?

—El tema de la diferenciación innecesaria de matrimonio entre personas de géneros diferentes y una institución alternativa para personas del mismo género, es para mí una limitación. Creo que hay suficientes elementos que nos han hecho pensar que existen las condiciones para una ley que coloque el llamado matrimonio igualitario en Cuba. Pero lo importante es empezar en el reconocimiento y, en caso de aprobarse, habrá un gran avance que garantizará un grupo de derechos que, hasta ahora, no están reconocidos para parejas del mismo género.

Si te pido que seas brujo, ¿cuándo crees que pueda estar dentro de la agenda legislativa?

—Me haces especular. Pero creo que el 2015 es buen año. Creo que es muy buen año. Después del Código de Trabajo en este, podría ser. Y nos daría tiempo para que un grupo de instituciones y la sociedad civil podamos colocar los temas de sensibilización en este punto específico. Pudiera haber una sorpresa en la última sesión de la Asamblea; pero no espero sorprenderme tanto. Fíjate que Cuba acaba de apoyar la última resolución sobre orientación sexual e identidad de género adoptada en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Es el gobierno cubano, de cara al mundo, diciendo que son derechos humanos y estamos a favor de que los Estados se muevan para reconocer estos derechos

World Human Right Conference (Toronto 2014)

Ahí ha radicado una de las críticas más importantes del trabajo de CENESEX, su enfoque de derechos humanos en un país que tradicionalmente ha sido atacado por su violación, según lxs enemigxs políticxs ¿Cómo ha sido defender los derechos sexuales y reproductivos (DDSS y RR) desde este enfoque dentro de Cuba?

—No es un tema sencillito ni está zanjado porque no lo está tampoco a nivel internacional. Y Cuba recibe la influencia de los debates y los discursos que se dan en el mundo, donde no hay un avance uniforme de todos los Estados en el reconocimiento de estos derechos como derechos humanos. Esta última resolución de NNUU y una anterior, en 2008, son atisbos mundiales; mientras, a nivel regional, es muy interesante el Consenso de Montevideo, con un reconocimiento expreso de los DDSS como DDHH. Con todo esto, no es calmada el agua cuando discutimos estos temas. Hay un grupo —desde mi punto de vista, mayoritario— que insiste en reconocer estos derechos con DDHH y otros que no los visibiliza. El debate es académico y científico, más allá del activismo político y de la votación reciente.

En 2014, aparece por primera vez una nota de prensa del Ministerio del Interior cubano sobre el asesinato de un hombre gay a manos de su expareja; poco tiempo antes eran asesinados el director teatral Tony Díaz y el coreógrafo de danza contemporánea Alfredo Velázquez, en La Habana y Guantánamo, respectivamente. Esto ha suscitado un debate, por primera vez, en torno a los crímenes de odio ¿Cuál es tu posición como asesor jurídico de CENESEX y coordinador de las redes sociales que la institución acompaña?

-La categoría de crimen pasional que manejó la nota del MINIT no me gusta. Desde la semiótica, donde hay pasión no puede haber crimen porque crimen es sinónimo de lesión a derechos. Si pasamos a lo jurídico tampoco es un concepto que legalmente tenga reconocimiento ni en el código Penal ni en la Ley de Procedimiento Penal. No sé si te utiliza en las dinámicas internas de los procesamientos de investigación. Tampoco en Cuba se maneja el crimen de odio por orientación sexual. Sin embargo, es una categoría que a nivel político tiene su relevancia internacional, incluso con determinadas construcciones desde el punto de vista teórico. Yo siento que ha habido una especie de prostitución del término porque donde quiera que haya noticias de una persona LGBTI que ha resultado muerta o lesionada en sus derechos, queremos acuñarlo así. Cuando un hombre gay, por ejemplo, es víctima de robo con violencia, delitos que sanciona el Código penal cubano, no es un crimen de odio, sino un crimen patrimonial. Solo tipificaría como lo primero si el criminal o victimario parte del rechazo, aversión u odio por la orientación sexual o la identidad de género de la víctima. No me parece que estemos en buena posición para catalogar cuáles han sido o no delitos de crímenes de odio en Cuba porque habría que ver si desde los procesos investigativos se controlan estos elementos. Por ejemplo, el MINIT pidió a CENESEX que comenzáramos a incidir educativamente en los grupos de personas gay para trabajar en la percepción de riesgo de hombres gay sobre comportamientos que los hacen más vulnerables. Hay una incidencia de delitos contra sus vidas o su integridad física que arroja información sobre qué circunstancias los vulnera. Por citar una, muchas personas gay que buscan tener relaciones sexuales y la otra persona pide que no sea público. Se dan relaciones subterráneas no visibles, que hacen imposible ubicar luego al victimario. Esta práctica se está utilizando por personas que buscan lesionar los derechos para obtener beneficios patrimoniales. Yo no estoy en condiciones de decir que estoy ante crimines de odio, desde mi posición como activista ni como funcionario de una institución estatal y ni siquiera tengo los elementos que te he comentado para afirmarlo o negarlo.

¿Cómo son las relaciones con la región?

—Cuba se ha incluido en este grupo de naciones que desde la región están colocados en esta lucha. Miramos muy de cerca las experiencias de Argentina y Uruguay y estos países, a su vez, nos siguen muy de cerquita porque las dinámicas del activismo en la isla les parecen muy interesantes. Con grupos de la sociedad civil completamente desligados del Estado, con intereses, aspiraciones, objetivos —criticables o no—, y otros que han pedido el apoyo estatal para lograr amplificar sus voces, que es el papel de CENESEX, que busca la manera de que estas personas, estos grupos se coloquen en determinados espacios. Hay muchas personas que demonizan el activismo mezclado o coordinado por el Estado. Desde mi experiencia, es tan legítimo como otros activismos. Eso están mirando grupos como Jóvenes por la Diversidad de Argentina y la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Las alianzas han sido muchísimas. Cuba está representada en el Consejo regional del ILGA para América Latina y el Caribe; además, en ILGA mundial formó parte de importantes alianzas con países que buscaban negociar y colocar a activistas de la región. Por ejemplo, la secretaría de mujeres de esta organización está liderada por una organización caribeña, una región todavía muy conflictiva en estos temas; en la secretaría Trans hay una compañera argentina que hace un activismo muy interesante desde la izquierda, Diana Sacayán. Diana pidió nuestro apoyo y se lo dimos, como ella apoyó nuestra candidatura para ser sede de ILGA 2016…

No trajeron la sede a casa, pero hablábamos de experiencias. Concretamente, ¿cuáles fueron?

—Sobre todo cómo se mueven las dinámicas del activismo en espacios internacionales de relevancia. Ganamos experiencia en procesos de negociación y de obtención de apoyos para colocar nuestros puntos de vista y nuestros intereses. Además, aprendimos a generar mucho ruido que se sepa que en Cuba se habla, que se debate, que tenemos alegrías y angustias, que se avanza no a la velocidad que otros quieran; ni, muchas veces, a la velocidad que nosotros queremos, sino a la que se ha impuesto en  los procesos que se dan el país.

(*) Soy periodista, comunicadora para el desarrollo, feminista radical y activista social, en Cuba. Hay días en que solo soy una isla.

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