Por Antonio Capurro

@antonniox / Plural

Ser activista no es fácil, pero sin lugar a dudas es un compromiso apasionante que te plantea más de un desafío, el primero de todos: la visibilidad. O mejor dicho salir del armario o salir del clóset. Y sentirte orgulloso de quien eres o de quien siempre fuiste: gay, lesbiana, bisexual o transexual. Perdonen si no coloco más letras, porque tal vez debería decir ser diferente (¿acaso no todos lo somos de alguna forma o de muchas formas?) o ser como los colores del arcoíris, porque allí entramos todos y todas.

De hecho que el camino del activismo no es fácil, para nada, tienes que jugártela allí en la cancha donde se patean los goles. ¿Qué puede hacer uno cuando te dan ganas de no esconder más quien eres en el trabajo pero tienes miedo a la reacción del resto de tus compañeros o tu jefe? ¿O cuando eres un profesor gay con un ambiente hostil en tu centro de enseñanza? O peor todavía qué hacer cuando tienes una familia homofóbica que no te entenderá nunca o que te puede votar de la casa o excluirte.

Sé qué en muchos casos las historias no han sido como en el mundo Disney, con un final feliz. No lo dudo, ver las noticias o escuchar experiencias te pueden hacer pensar que no habrá una salida al final del túnel, pero todo cambia ¿acaso no podemos lograr una generación de hombres homosexuales o mujeres lesbianas radicalmente felices? Soy optimista en qué podemos lograrlo, aunque tengamos una sociedad, un gobierno y un país adverso. Me enorgullece ver chicos y chicas sin miedo formando grupos, colectivos, organizaciones, asociaciones o fundaciones, activando más que nunca dando paso a una renovado movimiento LGBT peruano.

Hace 29 años la única forma de revelarle a mi mejor amigo quien era yo fue escribirle en un papel lo siguiente: “Soy homosexual, me gustan los hombres” En esa época todo era diferente no existía la tecnología que tenemos ahora ni tampoco un lugar en Chimbote, mi ciudad de nacimiento, en donde socializar con otras personas. Solo quedaba camuflarte o volverte un especialista del ocultamiento para enmascarar al que realmente fuiste, eres y serás. Hoy las cosas van cambiando aunque no al ritmo que nosotros quisiéramos. Y nos quita el sueño ver países vecinos como Argentina con el matrimonio igualitario o Chile que acaba de aprobar el AVP (Acuerdo de Vida en Pareja).

¿Por qué no podemos llegar a ese punto, qué nos ha faltado en el movimiento LGBT peruano para subir al podio de los ganadores? ¿Acaso ha sido más fuerte el discurso homofóbico practicado desde las iglesias más conservadoras o la intolerancia más recalcitrante? ¿Por qué no hemos articulado fuerzas que conlleven al éxito de nuestros derechos? Indudablemente cada uno tendrá sus propias respuestas, argumentos, culpas o explicaciones que dar frente a los hechos. Yo pienso que el único camino es aplicar las lecciones aprendidas y para adelante dejando atrás viejos discursos que no logran empoderarnos.

¿Qué es lo mejor del activismo? Estar en constante actividad haciendo videos con famos@s como Tatiana Astengo, periodistas que se ponen la camiseta como Augusto Álvarez Rodrich o Juliana Oxenford o simplemente con ciudadanos de a pie que sí quieren sumarse a la campaña porque están totalmente de acuerdo con la igualdad de derechos. Entonces sientes que la chamba no es en vano que sumas voces y aliados heterosexuales. Los nuevos liderazgos políticos LGBT requieren la integración de todos aquellos que ya sea de izquierda o derecha anhelan ver un país realmente inclusivo con la comunidad LGBT.

Nuestro activismo debe tener pasión,  energía, dedicación, entrega y coraje para llegar a la meta que todos anhelamos. Quizá primero lo hagas tan solo a través de tu blog, o en tus RT, wasapeando, en correos electrónicos, por Facebook o fotos en el Instagram, lo importante es que en este momento en que yo escribo este artículo estés dando el primer paso porque es ahora o nunca.

(*) Si quieres conocer más de Plural y lo que hacemos entra a www.pluralperu.com

Foto: Melissa Merino Montoya

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