“Mi sexualidad no es un pecado, es mi propio paraíso”

“Goodbye cruel world

I’m leaving you today”

Con este epitafio se despide de nuestro mundo, Sergio Urrego de 16 años en su página de Facebook. A pesar de todo, yo quiero interpelarte, Sergio, con otra opción aún más arriesgada: Hola mundo cruel, hoy me quedo. Querido Sergio, soy un hombre gay de 47 años, sufrí en carne propia la homofobia en la adolescencia, y también como muchos llegué a considerar tkcert.com el suicidio como una salida a la estigmatización y al aislamiento, pero nunca tomé ese camino.

Querido Sergio al igual que tú también tengo miedo. La vida me ha enseñado a permanecer en el presente y no escapar de la presión social con los recuerdos del pasado y la incertidumbre del mañana frente a la homofobia que mata. Sergio, confieso que tengo miedo a escribir esta reflexión sobre el suicidio juvenil en la comunidad LGBTI (PDF). Ya sabes que es un tema complicado, innombrable, mira donde te ha llevado, pero me siento responsable contigo y muchos otros que se han suicidado y especialmente con los que están sufriendo en vida y pensando en hacerlo.

Mi responsabilidad mayor como hombre gay adulto es con los jóvenes LGBTI y futuras generaciones que estén considerando esta salida ligera y prematura. Créeme, el camino no ha sido fácil y muchas veces he caído, pero mañana será mejor y es por esto que “hoy me quedo” y los invito como comunidad a hacerlo.

Siento la necesidad de iluminar este abismo desde mi experiencia personal y profesional. Cuando alguien se marcha no simplemente se lleva su propia humanidad consigo sino que se roba parte de nuestra existencia y en especial de quienes lo conocieron y le amaron.

Tu riesgo y tu vida son indescriptibles. Mi intensión al hablarte es encontrarme conmigo mismo y con los que quedamos, porque no existen palabras para pintar tus 1Z0-478 sentimientos, tus miedos y tus anhelos que son solo tuyos. Solo a ti te pertenecen. Es extraño e irrespetuoso tratar de penetrar tu intimidad a través de tu página de Facebook, de lo que los noticieros dicen, de las entrevistas concedidas por tu madre, las de la rectora del colegio, la de alguno de tus profesores. El énfasis de la ministra de Educación en la investigación, los gritos y protestas de los activistas gays. El silencio de tu exnovio, de tus compañeros de clase, de tu abuela. Por ahora toda información alrededor tuyo y las circunstancias de tu último acto están selladas. Se abrió una investigación penal y ninguno de los tuyos, de los que te extrañan están autorizados a dar declaraciones o información sobre tu vida.

¿QUIÉN TE ACOMPAÑABA?

Detrás de tu muerte hay muchas fuerzas ocultas. Aparentemente la presión homofóbica o la falta de táctica en el manejo de tu angustia en el colegio Gimnasio Castillo Campestre. Tus padres te aceptaron y asumieron tu homosexualidad, así lo demuestra la fortaleza de tu madre (audio), pero tal vez no asumieron de la mejor forma su separación. Tu depresión y ansiedad en los últimos días. La presión de la sicoorientación impuesta, la exigencia del acompañamiento sicológico obligatorio. ¿Los medicamentos psicoactivos? A tu edad requieren de una supervisión continua.

SERGIO URREGO

Estudios arrojan efectos colaterales a idealización suicida, especialmente en adolescentes. ¿Quién te acompañaba por esos días de crisis? ¿Solo tu abuela y tu gato? ¿Tus amigos del movimiento estudiantil anarquista? ¿Tus seguidores de Facebook? 

No alcanzo a imaginar una acusación de acoso sexual por parte de tu novio. Otro menor de edad que está sufriendo más que tú con la presión social de esta tragedia. Me preocupa su salud y el apoyo que esté recibiendo. Tu soledad en esa urbe anónima en la que a tu edad se puede caer fácilmente en los intereses de grupos políticos. La ausencia de sentido o crisis existencial de nuestra cultura globalizante. Una tecnocracia en la que todos estamos comunicados pero más solos que nunca. Una sociedad sin derecho a la intimidad, y por último la presión forzosa del cambio de colegio a solo meses de tu graduación. Fuiste demasiado fuerte, cargaste con mucho a cuestas. Trato de ponerme en tus zapatos y no encuentro la talla.

Querido Sergio, mi intención no es sensacionalista, pienso que eres una luz de convivencia en nuestra humanidad, una señal en este camino difícil de la vida de los gays, que tienes mucho que decirnos a todos, que todos podemos aprender para evitar otra tragedia: cuando un joven de dieciséis años se marcha apresuradamente. Esta historia se repite día a día, en todas las ciudades, en todas las culturas. Es como una epidemia suicida que se está robando el futuro de la humanidad: nuestros jóvenes y en especial los más vulnerables, los más extraños, los “queers” (los raros, maricas, dañados, desviados). Muchos de los adolescentes que deciden quedarse, se vuelven adictos a las drogas, al sexo, la pornografía, el consumo escapista de esta “realidad cruel”.

Sabes Sergio que aún sigues vivo, tu recuerdo no se extinguirá en la memoria colectiva de la comunidad LGBTI, en la de otras minorías sociales y étnicas que luchan por sus derechos para encontrar un sentido a sus vidas. Estoy seguro de que muchos cambios se emprenderán después de tu grito desgarrador: leyes cambiarán, manuales escolares de convivencia se reescribirán, campañas de convivencia y tolerancia se divulgarán. Lo importante es que cada uno cambie su propia mirada frente al otro, al que ama sin las fronteras del género o de identidad sexual o biológica. Simplemente incluir, respetar y amar al otro.

VIOLENCIAS Y HOMOFOBIAS

En el país en el que nos tocó nacer y crecer, una Colombia violenta e intolerante con las diferencias, la diversidad sexual es solo una gota de sangre en un mar de violencia que todos tratamos de apaciguar, incluyendo nosotros los gays.

Somos de las primeras víctimas visibles de los grupos armados de limpieza social: militares, paramilitares, guerrillas, narcos y anarquistas. No se nos ha invitado o mencionado dentro de las víctimas en el proceso de paz. Nosotros, la comunidad LGBTI somos víctimas de múltiples violencias y abusos de nuestros derechos humanos.

En esta orgía de violencia, el derecho a la identidad sexual es la pariente olvidada y violada de la familia. Pero centrémonos querido Sergio en nuestro asunto: La violencia de la que fuiste víctima es más sutil y dolorosa. La homofobia mata, sea externa o interna. Es nuestro principal verdugo. Tenemos que reconocerlo querido Sergio, somos educados y criados por heterosexuales. Ellos son nuestros padres, nuestros maestros, jefes, políticos y líderes espirituales. Es lo que los sociólogos llaman la heterosexualidad dominante. Ellos dan por hecho que los únicos parámetros de afecto y amor son los de sus propios términos. De una o de otra forma, eres otra víctima de la resistencia cultural entre ellos y nosotros en un mundo que clama por la inclusión, la diversidad y el respeto por el otro.

Trato de descubrirte en las noticias sobre ti, en tus palabras e imágenes de tu página de Facebook, trato de encontrar el niño que un día fui en las circunstancias de tu vida. Trato de recordar, de volver a ese momento de mi vida en el que no se es niño pero tampoco se es hombre aún. Esa infancia y adolescencia en la que se es diferente, siempre lo hemos sido, tú lo sabías igual que yo.  Padres, maestros y compañeros, implícitamente también lo saben. Pero exigen explicaciones, una confirmación, algo que les sustente la superioridad de la mayoría heterosexual. Esa es la homofobia asesina. A esa edad se es diferente pero aún no se es gay. La verdad tú nunca te identificas con esta etiqueta. Sergio, perteneces a la generación de “sin etiquetas”. A pesar de este logro ideológico y de autoestima de nuestra clase, ¿por qué te fuiste? ¿por qué no esperaste por más conquistas?

Dicen que vieron una foto tuya besándote con tu compañero de clase. Que tu profesor la tomó de un celular que decomisó de otra compañera y la compartió con las directivas. Que te llamaron donde el rector, que los cuestionaron a ambos sobre su amistad y que ambos asumieron que tenían una relación de pareja. Nunca lo sabremos, la verdad es solo tuya y de tu novio. Es tu vida íntima, solo les pertenece a ustedes. También se habla de otras fotos “indecentes”, de tus conexiones con “grupos anárquicos”, de tu “ateísmo declarado”. Tu madre exige limpiar tu imagen. El colegio niega discriminación por identidad sexual. La ministra de educación promete investigación exhaustiva. El activismo LGBTI grita por justicia. Querido Sergio, la única verdad es tu soledad. La de un joven descubriendo el amor por otro de su mismo sexo.

BUSCÁNDOTE y REENCONTRÁNDOME 

Por mi parte trato de reencontrarme con ese adolescente que fui para entenderte mejor, y no lo encuentro. ¿Por qué no te entiendo? ¿Por qué te fuiste de este mundo “cruel” donde yo sí me quedé. Tal vez por eso no te entiendo. Mi querido niño creo que ese es el misterio de la vida y la muerte. Todos vivimos vidas y muertes diferentes, reales y simbólicas. Y hasta el día que entendamos esto, seguiremos siendo nuestro peor verdugo. Seguiremos luchando contra ellos y contra nosotros mismos. Sé que tú tenías la sensibilidad para entenderlo: ¿por qué no quisiste esperar?

Querido amigo, si me permites esta confianza, porque vamos a hablar de lo innombrable en nuestra cultura y a tu edad: la homosexualidad y el suicidio adolescente. Lo hago porque simbólicamente quisiera detenerte, pedirte que no te marches, decirte que mañana será otro día mejor, que el mundo cambia. Que yo cambié y que tú lo harías. Sé que aún no es tarde, si alguien de tu edad, que se siente solo, deprimido y acosado, lee estas palabras mías que a veces me siento deprimido y acosado, pero que decidí quedarme en un mundo “cruel” y no me arrepiento. Trataré de explicarte por qué.

Sergio, a la edad que te marchaste, en el año de tu graduación como bachiller tenías 16 años. Cuando yo me gradué tenía 17 años y era 1984. Imagínate que recién en 1981 se había despenalizado la homosexualidad en Colombia y la epidemia del sida o lo que llamaban “el cáncer de los maricas” era una sentencia de muerte.

La homosexualidad acababa de borrarse de la lista de desórdenes mentales de los manuales de psicología y medicina. Eran también los años dorados de los capos de la droga, la guerrilla, los grupos de limpieza social: en todos ellos, los “maricas”, “los desviados” encabezábamos sus listas negras.

Un panorama incierto y no saludable para un niño que se enfrenta a la vida solo, con su gran secreto. Pero a ti te obligaron a revelar ese secreto, estoy seguro de que no estabas listo para afrontar las consecuencias. Tampoco tus padres ni tu colegio, nunca se está listo para el despertar de la pubertad y mucho menos en nuestra condición. Yo tampoco lo estaba. Parecería que nuestra sociedad nunca estará lista para nosotros y mucho menos lo estará si renunciamos a quedarnos.

Como tú era curioso intelectualmente y le robé unos besos a un compañero de clases. Y créeme también fui citado a rectoría y a orientación psicoafectiva. Era un colegio solo de hombres, lo que significa una homofobia más marcada, conservadora y puritana. La única forma de sobrevivir era simplemente guardar el secreto y la complicidad mutua. Pero no faltó la mano amiga de un profesor en ese camino tortuoso. Un ser inteligente, que te apoya, te acepta, te guía y te respeta en toda tu integridad. A ese profesor nunca se le olvida porque tal vez se le debe la vida.

Mi mundo era diferente al tuyo por esos días, sin celulares, sin google y Facebook. Sin movimiento LGBTI, sin activismo, sin grupos de apoyo. Lo que quiero decirte, Sergio, es que por esos días ni siquiera existíamos positivamente en el lenguaje o en el imaginario de la gente. Vivir era simple y llanamente subsistir solitarios, en silencio, en un mundo cruel, homofóbico y violento, pero algunos decidimos quedarnos.

MENTORES DE VIDA Y CAMBIO

Sergio, la verdad es que todos necesitamos mentores en la vida, y lamentablemente en el mundo gay son pocos porque no quieren visibilizarse. Los necesitamos para que nos apoyen en esos momentos difíciles en que vale la pena seguir viviendo. Padres que nos amen y acepten nuestra sexualidad, profesores que promuevan nuestro potencial creativo sin importar nuestra identidad, directores religiosos que reafirmen nuestra espiritual, psicólogos que no traten de “repararnos” sino que cultiven nuestra autoestima, médicos a los que les tengamos confianza, organizaciones que promuevan nuestras capacidades excepcionales. Pero la responsabilidad también es nuestra, hay que luchar, para ganar, y demostrar respeto por lo que somos como lo hemos venido haciendo en las últimas décadas. Y eso solo lo lograremos si nos quedamos en este mundo “cruel” y tratamos de cambiarlo.

Sergio, nunca pensé vivir y disfrutar de los derechos civiles y sociales que hemos alcanzado. Créeme, a tu edad las cosas para mí no pintaban bien, pero poco a poco estamos recuperando nuestro papel fundamental en la historia y en la evolución de la humanidad: La diversidad, la magia del otro, el diferente.

Calladamente hemos sido los profesores, los guías espirituales, los filósofos, los artistas, los sicólogos, los chamanes. Poco a poco estamos perfilando y jugando un nuevo rol en nuestra cultura contemporánea. No nos reproducimos biológicamente pero siempre hemos estado en la evolución de la humanidad, transformándola con nuestro toque mágico “queer”.

Quédate. Te fuiste sin escuchar las palabras reveladoras del líder espiritual de tu colegio católico. “¿Quien soy yo para juzgar si un gay es un buen cristiano? ¿Acaso estamos listos para aceptar y reconocer los dones y regalos de los gays? Dios no tiene miedo al cambio” dijo el Papa Francisco durante el último Sínodo. Disculpa que lo mencione, porque fue muy claro en tus últimos deseos, en la carta que dejaste para tu madre: “No quiero entierros con curas y gente hipócrita”. Los tiempos están cambiando. Imagínate que el gerente más importante del mundo, nada menos que la cabeza de Apple, Tim Cook dijo al mundo: “Soy orgullosamente gay”.

Aunque hemos ganado derechos queda mucho por lograr. Nada menos que la ministra de Educación, que investiga tu caso, tiene una relación de pareja con la ministra de Comercio en nuestra Colombia, al igual que muchas otras figuras públicas: políticos, ejecutivos y deportistas entre muchos, pero tácticamente se les prohíbe hacerlo público como la famosa y recientemente desmontada política del Ejército Estadounidense “Don ́t ask, don ́t tell”. ¡Quédate, los tiempos cambian!

No te critico por irte Sergio, no soy nadie para hacerlo y sé que viviste momentos extremadamente difíciles. Nuestras experiencias de aislamiento, de angustia, de culpa, de miedo, de dolor, no alcanzan a pasar por la mente de los heterosexuales. Esa es la razón por la que tú, chico gay, tú, chica lesbiana, tú, bisexual, tú, transexual, tú, intersexual: ¡Quédate¡ Mañana será otro día…

Sergio David Urrego se fue y otros nos quedamos en este mundo cruel. Y este es el misterio de la vida: tanto los que se marchan como los que se quedan, cumplen un papel mágico y renovador. Nuestra meta es transformarnos, aceptarnos, querernos, apoyarnos mutuamente y cambiar el mundo para hacerlo más vivible y tolerante no solo para las futuras generaciones LGBTI sino también para los heterosexuales. ¡Quédate!

Fuentes consultadas

Comments

comments

Compartir
Artículo anteriorManuel Vásquez, el abogado de la causa LGBTI en Cuba
Artículo siguienteReina de la noche (tropical)
• Durante los últimos cinco años he sido residente/voluntario de Easton Mountain Retreat: centro de espiritualidad, sostenibilidad, transición cultural y ecológica para la comunidad LGBTI en Greenwich, NY. Me identifico como gay católico y disfruto de mi práctica yoga, meditación, trabajo comunitario y mi lugar preferido es la cocina y la montaña. • Soy Comunicador Social-Periodista, investigador y administrador de programas de salud social con estudios de administración de servicios sociales y salud en USA y administración de la gestión en comunicaciones y periodismo en Colombia. • Profesional bilingüe y bicultural con experiencia en la promoción y mercadeo de salud preventiva, trabajo comunitario y comunicación alternativa con comunidades pobres, estigmatizadas y segregadas en áreas urbanas de Estados Unidos y rurales en Colombia. • Especialista en el diseño, implementación, administración y evaluación de proyectos de investigación e intervenciones en salud pública con comunidades Hispanas, Afroamericanas, emigrantes y LGBTI en USA. • Docente en las áreas de Metodología de la Investigación Social, Comunicación para el Desarrollo, Comunicación y Cultura Organizacional en Colombia. Experiencia docente en USA en las áreas de Literatura y Cultura Latinoamericana, y Gramática de la lengua Española. • Actualmente vivo con mamá en Medellín, Colombia e investigo sobre estrategias de comunicación y mediación con comunidades afectadas por el conflicto armado en el área de víctima de trauma psicológico, específicamente: Stress Post Traumático. Una investigación patrocinada por TUFTS University. Boston, MA. . NAMASTE...Un abrazo.

2 Comentarios

Dejar respuesta