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Matrimonio igualitario. ¿Cercano o lejano en Colombia? La bandera arcoíris se volvió furor en las primeras planas de los periódicos del páis, las fotos de las manifestaciones y de los principales activistas acompañan enormes titulares que decían: “Cerca del matrimonio igualitario”, “El camino hacia la igualdad”, “Triunfo para la comunidad LGBT”, “Congreso desaprueba”, “Senadores en contra”. En medio de la confusión quedó en el medio la sociedad colombiana. This approach gives students a feeling of independence and sense of ownership over their progress, which buy essays justbuyessay.com is a great motivator and confidence builder. Esta horda de titulares que llegaban a sus casas logró dejar al ciudadano colombiano en el limbo respecto del tema para luego dejar que, como muchos otros, desapareciera de las páginas de los diarios y de las notas noticiosas de televisión. Sin olvidar,

En un escrito de 53 páginas,, Ordóñez pide que no sean aceptadas las solicitudes de seis parejas homosexuales que buscan unirse en matrimonio, argumentando que la Constitución únicamente concibe el concepto de familia entre un hombre y una mujer.

En este limbo informativo, al ciudadano “tradicional” no le queda más que formar un juicio a partir de la falta de claridad: “Dios creó la familia para que fueran hombre y mujer”, “Unos padres gay levantarán otro gay”, “Si existe la unión solemne ¿por qué joden tanto?, solo quieren violar los preceptos religiosos”. ¿Quién es el colombiano de valores tradicionales? Es aquel que recibió, con mucho esfuerzo, un nivel de educación media, es aquel que todavía cree que votar no vale la pena, que cree conocer sus derechos y deber solo por sentido común y por esto cree que la Constitución parte de lo que él considera una obviedad, es aquel que define las instituciones reconocidas por el estado desde lo que su mamá y su fe le dijeron toda su vida, los mismos que gritan hasta por redes sociales que los políticos son unos corruptos pero no saben argumentar por algo que no sea un simple titular. En Colombia, como en muchos países latinoamericanos, la gente prefiere responder desde su poco o deficiente saber ante una pregunta de interés político e ignora su necesidad de informarse. Estas duras declaraciones no son simples observaciones, sino la manifestación cotidiana de lo que implica haber ocupado , de uno de los países según el PNUD con uno de los más preocupantes índices de desarrollo humano en Latinoamérica. Todo esto, conlleva a escuchar una argumentación cultural que pretende trascender a lo jurídico sin suficiente bagaje. Alegar que el matrimonio es una creación divina y no lo que realmente se considera matrimonio en esta sociedad: una institución conformada por una unión contractual en la que se adquieren nuevos derechos y deberes. http://youtu. be/vN_q73vp1G4

DEL MATRIMONIO CULTURAL AL LEGAL  

Tanto los medios como los ciudadanos que los consumen usan el término matrimonio de manera indiscriminada, olvidando que en realidad el concepto de matrimonio que maneja la población no corresponde a la definición jurídica del mismo. En otras palabras, las personas definen matrimonio desde sus propias apreciaciones religiosas o culturales, las cuales en un estado laico como el colombiano no constituyen argumentos válidos para defender la institución matrimonial. Según el Código Civil, el matrimonio no es más que un contrato que, pretende bajo la asociación de dos personas dar inicio a una familia y acceder a los derechos y deberes correspondientes a este nuevo estamento jurídico. Si bien, el mismo código lo define desde la procreación (siendo una relación entre mujer y hombre), esto obedece al contexto en que se dio y a la interpretación literal del artículo 42 de la Constitución Política. De esta forma, llegamos a un punto crucial del debate: se apela a la Constitución y a la interpretación del artículo como una declaración que excluye a las parejas del mismo sexo del derecho a firmar un contrato matrimonial. Mientras, lo que sucede es, , que la Constitución no prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo, guarda silencio al respecto. Esto lo determina así en razón a la sentencia C577 de 2011, la cual resuelve que el contenido normativo del artículo 42 es permitir el matrimonio a parejas conformadas por personas de sexo distintos una de otra, ordenar que el matrimonio es el único contrato que puede dar origen a la familia, y por último, prohibir que se autoricen contratos alternativos al matrimonio entre estas parejas o negarles el acceso a ese mismo. Por tanto, como también lo afirma el abogado Carlos Matallana, no presenta una posición en contra ni tampoco a favor, dando pie a interpretaciones de índole cultural. Consecuentemente, el magíster y profesor universitario Matallana señala que, a pesar de habernos constituido como un Estado laico, la sociedad colombiana aún tiene muchas improntas de la moral católica que nos dominó por mucho tiempo, causando que esa herencia cultural permee el ejercicio legislativo y jurídico. Por tanto, la interpretación de lo que dice la ley hasta los mismos conceptos son vistos por un público cuyo criterio está sujeto a esta tradición católica que fue preponderante en todos los niveles sociales. Además, dice Matallana, llevamos 23 años (desde la Constitución del 91) de este debate en los que ha quedado claro, al menos jurisprudencialmente, que no hay ningún impedimento para que pueda haber parejas del mismo sexo que puedan convivir y llevar una vida normal y que tengan los derechos correspondientes a su condición de ciudadanos y de seres humanos.

UNIÓN SOLEMNE, UNIÓN INNOMINABLE 

A pesar, que en el debate jurídico no se ha encontrado una manera absoluta de negar la posibilidad de formalizar el matrimonio igualitario en Colombia, los que se oponen a la iniciativa, abren la posibilidad a. En principio, la gente del común lo entendía como un vínculo contractual equivalente al matrimonio pero para parejas homosexuales, mientras, este constituye un contrato que responde a un trato particular (viola el artículo 13 de la Constitución Política por su carácter discriminatorio) y además por ser atípico los derechos y deberes que hay en el no son brindados por el Estado. Este nuevo contrato pretenden ser creado por algunas entidades como la Superintendencia de Notariado y Registro o el Ministerio de Justicia, según su interpretación de la sentencia C577/11. Aunque no deja de ser un contrato innominado y por esto, carece de régimen legal según la norma. Si se trata de un contrato innominado o atípico, la ley dice que bajo estos no se accederá a la protección que se busca que el Estado le dé a las parejas casadas. Es decir, si no es un contrato matrimonial no puede darse origen a una familia, no permite que los individuos accedan al sistema de seguridad y pensiones de su pareja (cosa que los matrimonios colombianos reciben casi inmediatamente), no pueden ser beneficiarios de ningún programa estatal o privado para la protección y ayuda de la familia, no hay garantías básicas, la ley no protege a su núcleo familiar. A lo anterior, se le debe agregar la discriminación social que estás condiciones jurídicas conllevarían si se accede a un contrato atípico como lo es la propuesta de Unión Solemne, sin contenido matrimonial. SENTENCIA C577/11: UN PASO ALENTADOR

Antes de esta sentencia, la única forma jurídica a la que podían acudir las parejas del mismo sexo para constituirse y acceder a ciertos derechos del marco patrimonial era la unión de hecho, la cual resultó insuficientes en la protección de los ciudadanos LGBTI, ya que la ley exige que la unión marital de hecho se realice entre hombre y mujer. reconoce de manera explícita a las parejas del mismo sexo como un tipo de familia que como tal, merece ser amparada por el ordenamiento jurídico colombiano y, además resuelve el déficit jurídico al que se enfrentan las parejas homosexuales, todo esto bajo el estudio que la corte realizó del concepto de familia protegida en especial cuando concluye que no existen razones jurídicas para que la protección que lleva la familia como consecuencia matrimonial deba excluir a las parejas del mismo sexo.

En esta misma línea, de acuerdo con Páez Ramírez:

La Corte encontró que a las parejas del mismo sexo, al igual que las parejas de sexo diferente, también les asiste la voluntad de conformar un proyecto de vida común, bajo la forma de uniones estables y singulares, con la correspondiente asunción de deberes morales y recíprocos de apoyo mutuo, asistencia material y afecto. (2013, p. 233)

A partir de esta sentencia, la comunidad LGBTI tiene una figura contractual a la cual acudir para acceder a un régimen legal de protección familiar, en la misma condición que lo hace una pareja de sexo distinto. Esta sentencia, a pesar de solo ser válida si se alega el derecho a recibir un trato similar al de un caso de características concordantes, representa una apertura del debate hacia una línea más optimista si hablamos de matrimonio igualitario en Colombia. ¿En qué etapa del camino hacia una sociedad donde el matrimonio sea igualitario se encuentra Colombia frente a las parejas que son de distinto sexo o del mismo sexo?

A este interrogante Matallana responde que la importancia de esta sentencia radica en el debate que se da en el interior de la Corte con relación a lo que sería el vínculo contractual que da la posibilidad de que exista matrimonio entre personas del mismo sexo. Entonces, se ha venido discutiendo en Colombia, así como en otros países, si para que pueda haber matrimonio y familia el contrato debe ser necesariamente entre hombre y mujer, y en el caso donde se admita un contrato distinto si este da origen a una familia o no. Por esto, sostiene Matallana, la Corte Constitucional da un salto importante hacia la protección y el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, pero nada más. Por el momento, la discusión está abierta, hecho que antes era un imposible absoluto. *Estudiante de Comunicación de la Universidad Javeriana de Cali, Colombia. Community Manager del IIE Javeriana Cali. Periodista autodidacta.

Fotos: Kamila Giraldo Valderrama.

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