Lo que pasa cuando le revelas a tu hijo que eres gay

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Por Deysi Ramos (*) 

Fue un viernes de mayo del año 2012, ya habían transcurrido 15 años de pensar y repensar qué hacer, cómo enfrentar ese momento con la persona merecedora de todo su amor. Desde que tuvo uso de conciencia, supo que él era una niña en un cuerpo equivocado. Maltratos, vejaciones y ofensas estuvieron a la orden del día durante sus años de adolescencia y bien entrada la juventud. Especialmente, de personas de quienes se espera que te den afecto o al menos, te respeten; como debería ser la familia.

“Desde los 7 años supe que yo era una niña y que me atraían los niños; a los diez mi mamá me encontró con sus tacones y vestidos, me dio una paliza que aún me duele, desde ese momento ella decidió no abrazarme más pensando que así me haría más varón”, narra Jesús Sulbarán, quien en sus momentos de mayor intimidad consigo misma es Daniela, una persona que ha aprendido a superar durante sus 43 años cada uno de los sinsabores que le ha tocado vivir.

Daniela es una jovial dama que adora los tacones. Actualmente vive en Barquisimeto, capital del estado Lara, ubicado en la región central de Venezuela.

Entre la confusión y la presión social aceptó casarse cuando tenía 18 años, pero todo terminó al cabo de 7 meses. De esta relación no tuvo hijos. Un tiempo después “conocí a un ser muy especial, por quien sentí algo bonito y extraño para mí. Ella quería tener un bebé, así que me sometí a un tratamiento de fertilidad porque mis espermatozoides son muy débiles. Hoy vivimos bajo el mismo techo, ella conoce mi preferencia y me ha aceptado, nos respetamos, somos buenos amigos y mantenemos excelente relación como padres de Pedro, pero no somos pareja”.

Durante 15 años vivió en el clóset ante los ojos de su hijo. “Cuando me venía mostrando en algo mi lado femenino, por ejemplo, con las uñas arregladas, le decía que yo era fetichista y que me gustaban los accesorios de mujer y lucir como una mujer”. Sin embargo, continúa, desde siempre le he inculcado la tolerancia y el respeto hacia lo diferente. En una ocasión tuve que llamar su atención porque repetía palabras como “mariquito” al referirse a algunos niños.

Sabía que el día de revelarse ante su hijo llegaría. Prefería decirlo él antes que terceras personas mal intencionadas llenaran de ideas erradas su cabeza. Recuerda que fue un viernes de mayo: “Sentía que mi hijo estaba preparado para conocer la verdad, especialmente, porque siempre nuestra relación había marchado bien y era pertinente la franqueza”. Su hijo Pedro estaba por culminar la etapa de bachillerato y se preparaba para ingresar a la universidad. Hoy es estudiante del primer semestre de Comunicación Social.

SU TESTIMONIO

Mi hijo tenía 15 años, fue en la noche, él estaba tocando la guitarra eléctrica. Ese día comenzamos a hablar de su novia, tenía problemas con ella. Desde chico lo venía preparando, enseñándole a no discriminar, aunque siempre con mucho miedo ante su posible reacción. Al tiempo que me dejaba ver poco a poco como realmente soy. Eso fue ayudando a crearle otra visión. Esa noche él me pidió permiso para tomarse un cóctel y yo me preparé un ron. Claro, yo no tenía ni idea de por dónde comenzar o si en realidad era el momento. Recuerdo que su mamá me aconsejaba que no le dijera, que tal vez le podría causar daño, pero yo sentía que no era justo.

Ya pasadas las 10 de la noche, los dos sentados en la sala de la casa, escuchamos música. Luego de tres rones le dije que quería confesarle algo. Él me miró y me dijo “diga papá”. Yo tragué grueso, no me salían las palabras, pero respiré y le dije: soy homosexual. Hice una pausa y lo miré. Él se quedó callado, no me miró, al ratico levantó la cabeza, se volteó y me dijo: ya lo sospechaba, no sé, algo me lo decía, pero igual eres mi papá, te amo y te respeto.

A partir de ahí, mi vida es otra. Pude respirar y le hice un resumen más o menos de cómo fue. Le conté que siempre me han gustado las cosas de mujeres, me siento como una, de hecho tiendo a expresarme y sentirme así. Él dijo: “con razón eres una ladilla (fastidio) como mi mamá”. (Risas).

La parte más dura fue contar la historia cuando niño. Narrar los maltratos físicos y verbales propinados por su abuela: Mi mamá me trataba de enfermo mental, dijo que no era su hijo, y hasta me prohibió jugar con mi único hermano. Siempre me castigaba.

Sus palabras me reconfortaron: Me dijo que me entendía, que en el liceo tenía amigos gay, que ya comprendía por qué a mí no me gustaba que dijera la palabra mariquito y que más nunca la volvería a usar o expresarse mal de ellos. Luego de tanto conversar me abrazó muy fuerte, me dio un beso en la frente y me dijo que yo jamás dejaría de ser su papá.

Tras ese momento, me fui a mi habitación, temblaba de nervios, solté algunas lágrimas. No podía creer su forma de actuar, y aún tenía miedo de que en algún momento explotara, pero al día siguiente estuvo tranquilo, normal como siempre.

Hace poco, llegué estresada de la calle, me quité los zapatos deportivos y me calcé mis sandalias. Ya era tarde, me puse a hacer el almuerzo, acomodar la casa, cuando él llegó le serví la comida. Él me miraba al caminar. Al rato, me dijo: “papá hay cosas a las que todavía me tengo que acostumbrar, pero está bien que vistas así, si eso te hace feliz”. Cuando mi hijo supo que soy homosexual me sentí libre.

Daniela soy yo, son mis sentimientos. Me encantaría que Daniela fuera permanente.

MI PAPÁ ES INCREÍBLE

Pedro Sulbarán es un joven amable, cortés, de hablar pausado y con una agudeza mental poco común a tan temprana edad. No quiere ser víctima de bullying por eso aclara que es heterosexual, aunque respetuoso de las decisiones personales de otros.

Comenta que la relación entre él y su padre es mucho mejor ahora. “Hoy puedo decir que nos la llevamos mucho mejor que antes, tal vez él se sentía frustrado y por eso era un poco difícil. Cuando él me lo contó fue terrible para mí, y un tanto fuerte para comprender. Pero me puse en su lugar, entendí que hay cosas que no puedo cambiar y que por encima de todo lo amo”.

Para los hijos de padres o madres con preferencia sexual diversa y en general para toda la población, Pedro a sus 17 años tiene un mensaje aleccionador. “Aquí en Venezuela hay mucha discriminación hacia estas personas, pero debemos entender que el mundo es suficientemente grande y cabemos todos, seamos heterosexuales u homosexuales; todos tienen su lugar para desarrollarse y crecer, eso debemos aprender a respetarlo”.

“Mi papá ha sido increíble conmigo y con mi mamá, a ambos les agradezco haberme educado teniendo como norte los valores familiares y el respeto”, dice.

LA CLAVE ESTÁ EN LA EDUCACIÓN

Un niño informado hará la diferencia en el futuro. La aceptación o no está estrechamente vinculada con la educación que en materia sexual reciba desde pequeño.

Luz Jaimes, médico sexóloga, comenta que los niños deben ser educados desde temprana edad en la identificación de sus genitales y se les debe ir creando una percepción hacia el respeto de su cuerpo. También es importante hablarles sobre la diversidad en cuanto a las preferencias sexuales y si no lo preguntaran, es importarle decirles que existen diferentes alternativas, siempre desde el respeto y la tolerancia.

De esta forma, señala la especialista, van a llegar a la adolescencia con un cúmulo de información importante y se dará cuenta por su percepción que su papá o su mamá tienen una pareja del mismo sexo.

Aconseja que dado el caso de que el niño o niña pregunte como una forma de tener total certeza con respecto a lo que piensa, hay que responderle con total claridad. “No se le puede engañar, recordando que la homosexualidad tiene su evento de rechazo y que al niño también le podría ocurrir”, afirma. Si en el pequeño o adolescente existe un distanciamiento prolongado producto de la preferencia sexual de alguno de sus padres, la recomendación es ir a una consulta especializada para profundizar más en el tema.

Otro aspecto que genera cierta angustia en los padres gays con hijos es cómo los va a tratar el mundo exterior. En este caso, la especialista insiste en el tema de la preparación. “Los hijos de parejas homosexuales aprenden a tener una tolerancia más amplia, cuando han sido preparado en su casa, porque ya sabe lo que les viene y ellos son niños que tienen un mejor manejo de los altos niveles de angustia. Cuando sucede lo contrario, y no son educados para esto, son niños que se hacen muy débiles, especialmente, ante su grupo escolar o social. Porque no tienen herramientas de defensa”, puntualiza.

*Periodista venezolana con magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Javeriana de Bogotá-Colombia. Editora del portal de noticias www.elestenoticias.com Vivo en la isla de Margarita, Venezuela.

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