Por Alina Vallejo

El jueves por la mañana, decenas de personas y activistas trans celebraron en la Ciudad de México la aprobación de una reforma que establece el reconocimiento de la identidad de género como un sencillo trámite administrativo, sin juicio ni peritajes o exámenes profesionales. A diferencia de un conjunto de reformas anteriores que generaban un proceso muy costoso, complejo y prejuicioso.

Las modificaciones al Código Civil de la Ciudad de México aprobadas en 2008 permitían el reconocimiento de la identidad de género mediante un juicio para la “concordancia sexo-genérica” en el acta de nacimiento. Sin embargo, el procedimiento resultaba tan complejo que únicamente 168 personas lograron cambiar su identidad. Grupos de la sociedad civil calificaron de “absurda y ridícula” la cifra por ser tan baja, para los cinco años desde la entrada en vigor de las reformas.

El proceso anterior consistía en una serie de pasos y obligaciones prácticamente inaccesibles para la mayor parte de la población, como estar en terapia psicológica y de reemplazo hormonal, mínimo cuatro meses antes de iniciar el juicio. Lo cual obligaba a las personas trans a modificar su cuerpo, incluso si no querían o no podían, sólo para acceder al juicio.

Después era necesario realizar revisiones con determinados especialistas que comprobarían que la persona sí era quién decía ser. Es decir, que dieran su consentimiento y declararan que él o la solicitante tenían disforia de género; un trastorno mental según sociedades internacionales de psicología y psiquiatría.

Entonces resultaba ser un proceso tutelado y patologizante; había que pasar por la mirada de otro que, si quería o no, podía aprobar o negar el derecho al reconocimiento de la identidad de la persona. Por lo tanto era de ningún modo apegado a una perspectiva de derechos humanos y de no discriminación.

Y no obstante la violencia e imposición sobre el cuerpo, los gastos de papelería, revisiones, terapia, hormonización, abogado, etc., ascendían hasta aproximadamente 80 mil pesos mexicanos, aproximadamente. Añadiendo el gasto de tiempo, que podía ser de tres meses hasta un año.

Con la aprobación del jueves pasado, únicamente será necesario acudir al Registro Civil (encargado de expedir las actas de nacimiento), presentar el acta original, llenar un formulario indicando los cambios, y listo, como un trámite administrativo más. El costo total será de unos 100 pesos aproximadamente, donde se espera que en el peor de los casos el acta se entregue máximo en un mes.

Además cabe mencionar existen dos lagunas o ambigüedades legales que permitirán mayor acceso:

1. El acceso al cambio del acta para todas las personas nacidas en territorio mexicano, lo cual no ocurría con las modificaciones del 2008 que solo hablaban de habitantes de la capital.

2. Es un hecho que no tiene precedentes en América Latina, pues existirá el reconocimiento a las identidades de género fluido, gender queer, o las que surjan, y no únicamente a las identidades trans; ya que no será necesario comprobar una concordancia sexo-género de ningún tipo y tampoco habrá un número límite o máximo para el cambio de acta, o al menos aún no está definido.

Como desventaja tiene el no contemplar a las y los menores de edad que quieran acceder a este derecho pero, como no se prohíbe explícitamente en las reformas una opción sería ir a juicio como en el procedimiento anterior, aunque de esto aún no sabe nada con exactitud.

Incluso con ese contra la nueva reforma definitivamente será un gran avance en un contexto mundial que exige la despatologización y eliminación del concepto “trastorno o disforia de género”.

NO SERÁN INVISIBLES

Por ejemplo, para Nathan, un joven trans, la aprobación significa, “no ser invisible, porque ya me están reconociendo”, y agrega, “no me gustaría fallecer y que en mi lápida tuviera un nombre femenino, un nombre que no me representa”. Él hará el cambio en cuanto pueda, antes no podía contemplarlo por los costos que implicaba.

Es un logro nacido de la colaboración entre organizaciones de la sociedad civil de distinto puntos de la República Mexicana, instituciones académicas y de Derechos Humanos, y gobierno. Un suceso que vale la pena poner atención, aunque claro hay que mencionar que corresponde a un contexto político y social particular.

Aunque, si bien es un paso gigantesco aún falta mucho por hacer como el acceso pleno y especializado a la salud, o al trabajo; y en un país que es segundo lugar a nivel Latinoamérica en crímenes de transfobia lo más complicado de cambiar es el tejido social.

DATO: Participantes en la creación de las reformas: T-47 (Red de organizaciones trans en México), Pro Diana A.C., Almas Cautivas, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal, entre otros) 

(*) Mexicana. Licenciada en Comunicación de la UNAM. Promotora y defensora de D.H. Transgresora y disidente.

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