Ser ‘gaysian’ en Latinoamérica

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*Por Alfredo Romero-Shiraishi

Ser gay no resulta ser tan difícil hoy en día, salvo que seas asiático, por lo menos en Latinoamérica. No solo enfrentamos la sociedad machista y homofóbica en la que vivimos: dentro de la colonia (sea japonesa, china, coreana y demás) se vive un ambiente hostil contra cualquier expresión que demuestre nuestra homosexualidad (u homosensualidad), sin contar la discriminación por parte de algunos miembros de la comunidad LGBTIQ latina.

 ¿QUÉ ES SER GAYSIAN?

Muchos me preguntarán cuál es el verdadero significado de la palabra gaysian. Debo confesar que es un término que la señora Hildebrandt (lingüista y política peruana) no recomendaría incluir en nuestro léxico cotidiano. A pesar de ello, ser gaysian no es simplemente ser gay y asiático. Es mucho más complejo que un término o una etiqueta.

Ser gaysian tiene un carácter ambivalente Tenemos el mundo de las tradiciones y costumbres heredadas de la patria de nuestros ancestros y, al mismo tiempo, una visión más liberal, moderna y transformadora de la realidad, la cual es producto de las implicancias de ser LGBTIQ en una sociedad con doble moral como la latinoamericana.

Debería resaltar que mi concepto de gaysian está muy ligado a un aspecto primordial y esencial: la salida del clóset (debería serlo para todos los miembros de la comunidad LGBTIQ). ¿Por qué? Siempre he pensado que una forma de conseguir el respeto, el reconocimiento y la igualdad que tanto anhelamos es tener el coraje suficiente para ser sinceros con nosotros mismos y con los que nos rodean, de este modo seremos tomados en cuenta y seremos visibles ante la mayoría. Esto no debe excluir a los asiáticos, pues solamente saliendo del clóset podemos lograr cambiar la mentalidad de los sectores más conservadores y tradicionales de nuestra comunidad asiática.

SER GAYSIAN AYER Y HOY

Conversando con miembros de diferentes generaciones de la comunidad gay asiática limeña pude comprobar lo mismo que ocurre con la mayor parte de la comunidad gay, las generaciones más jóvenes no enfrentan el mismo grado de intolerancia que las generaciones anteriores.

Hasta hace unas décadas, ser gay en una colonia asiática era un tema tabú que atentaba contra el tradicional sentido del honor, pues implicaba el fin de la herencia y el legado familiar. Ante esto, la única solución factible era suprimir nuestra naturaleza y llevar una vida “meritoria” de honor y respeto por las antiguas tradiciones. Actualmente, si bien es cierto que el escenario actual es diferente al de antaño, enfrentar la invisibilidad social y los constantes estereotipos hacia los asiáticos son como nuestro pan de cada día a pesar de vivir en una época “gay-friendly”. La cantidad de estereotipos existentes sobre la comunidad asiática muchas veces se limitan a confundir el origen y tradiciones de algunos (acostumbrémonos, toda nuestra vida nos dirán chinos, y toda nuestra vida se asumirá que somos expertos conocedores de artes marciales, que sabemos comer con palillos y que podemos leer chino), estos siguen siendo estereotipos que solo refuerzan una distorsionada imagen sobre qué significa ser asiático en Latinoamérica.

HABLEMOS DE PORNOGRAFÍA Y DE POP ASIÁTICO

La pornografía y el pop asiático (K-pop y J-pop) han condenado la imagen del asiático gay dentro y fuera de la cama. Es a través de la pornografía que se ha establecido el preconcepto del gaysian como hombre exclusivamente pasivo, sumiso, subsexualizado y objeto de fetiche por parte de una contraparte activo-dominante, quien en la mayoría de los casos resulta ser caucásico, negro o latino.

El movimiento pop asiático ha creado el concepto kawaii (tierno o lindo en japonés) y esto ha influido, de cierta manera, en la concepción del ideal estético de un hombre gay asiático. Según estos ideales, el hombre asiático, heterosexual o LGBTIQ, debe ser un twink con aspecto andrógino. Esto implicaría un menor grado de atracción hacia los asiáticos que no cumplan con estas construcciones estético-sexuales.

DISCRIMINACIÓN

Resulta impactante que, en pleno siglo XXI, exista discriminación hacia miembros de nuestra diversa comunidad LGBTIQ por parte de nosotros mismos: los gays. No me resulta ajena esta situación, pues recuerdo recibir comentarios racistas en algunas aplicaciones conocidas entre la comunidad gay, llámense Grindr o ManHunt, en más de una ocasión. A modo personal, la constitución fenotípica o el color de piel nunca han sido factores determinantes en lo que respecta a mi atracción hacia otros especímenes masculinos, es por ello que me resulta grotesca la idea de discriminar a alguien basándose únicamente en un concepto tan anticuado y pasado de moda como la “raza”.

Nos debe resultar irónico el hecho de que la sociedad asiático-latina sea homofóbica, puesto que las sociedades asiáticas presentan un historial gay sorprendente. Por ejemplo, las relaciones entre los antiguos samuráis y sus jóvenes pupilos, la situación de los primeros bailarines kabuki, quienes ejercían la prostitución dirigida a un público masculino y los múltiples registros literarios en toda Asia que tratan sobre el amor gay.

*Estudiante de publicidad. Diseñador gráfico freelance. Amante del vodka y de Cap’N Crunch. ¿Has escuchado a Sara Montiel?

 

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