10 problemas que afronta un joven trans y que ya no deberían ocurrir

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Los trans, en muchas instancias, no son considerados como personas “normales”. Diversos estudios y análisis los consideran los más vulnerables de la población LGBTIQ.

El día a día de una persona trans no solo es difícil: está cargado de muchos miedos. Un obstáculo a la vez, ellos tratan de sortearlos todos en busca de su identidad, su salud mental y algo que busca todo ser humano (o sino pueden ver esa película de Will Smith): la felicidad.

¿Cuáles son algunas de las dificultades cotidianas que pasan las personas que no se sienten identificadas con su género de nacimiento? Sol o Melo  –como le dicen sus amigos–es un chico trans peruano de 24 años que aún no ha comenzado a tomar hormonas, pero que desde hace un tiempo decidió verse como un hombre. En un restaurante de comida árabe y, mientras disfruta de un shawerma de pollo, Melo describe su cotidianidad.

1. El primer gran conflicto: la ropa

Reflejar quién eres es parte fundamental para sentirte libre, pero desde el exterior a la gente no le cuadra que tengas vagina y uses camisa y pantalones anchos. Tienes que ser mujercita. Te obligaremos si no quieres. “Mi mamá me escondía la ropa”, dice Melo. “Me la tiraba al techo y yo rebelde la bajaba del techo. No me importaba si los gatos se habían orinado en ella. Yo la lavaba y me la volvía a poner. Y yo discutía con mi mamá un montón. Le decía dime qué te quito, si te quito aire, vida, espacio, comida. Ya le lloraba porque me desesperaba tanto de que ella se cierre tanto o crea que era el fin del mundo lo que yo estaba siendo…como que con eso ya se calmaba un poco”. Hace ya casi cuatro años abandonó los pantalones pitillos, los polos manga cero y las faldas. Las cambió por poleras anchas y pantalones sueltos. Ya no pasa nada y no es un problema pero algo está claro: el inicio no fue sencillo.

2.Vendarse

¿Qué haces cuando tienes senos y sientes que no te pertenecen? Los pechos constituyen un problema básico de muchos trans que todavía no han podido realizarse una cirugía que remueva esos dos bultos que consideran incómodos. “Antes de ponerte la camisa o el polo tienes que vendarte y yo tengo que hacer eso todos los días”, cuenta Melo a la vez que asegura que “es totalmente incómodo porque a veces las vendas te lastiman, te hacen doler y es algo que quiero ya…totalmente borrarlo de mi vida”.

Vio en un reportaje que otra forma de desaparecer los senos –aparte de una operación quirúrgica– era eliminarlos a base de dieta y ejercicio (no nos consta), pero de cualquier forma planea entrar a un quirófano para removerlos.

3. Miedo a que se “den cuenta”

“Ahora que mi mamá me acepta, cuando vamos a comprar ropa de frente nos metemos a la sección hombres”, explica Melo con una sonrisa y agrega, quizá con orgullo. “Hace dos años me compró el primer terno”. Aunque tiene el apoyo de su familia, la sensación de miedo no se marcha. Dato: hace cuatro años ya no usa el servicio higiénico de las chicas.

Temor puro a no ser reconocido como lo que él siente que realmente es: un hombre. Aunque ha tenido suerte: “Cuándo pregunto por los servicios, me dicen ‘el de caballeros está por allá’, creo que tal vez me ha ayudado la talla”. Y es verdad, cuando el mesero volvió a nuestra mesa para preguntarnos si queríamos algo de tomar, se refirió a Melo como “joven”. Otra situación. Otra victoria.

Melo trans

4. El nombre que lo podría dejar en evidencia

Como muchos trans peruanos que no pueden cambiar de nombre, Melo afronta la misma situación. Estudia ingeniería de sistemas y, en su carrera no hay muchas chicas. El único nombre femenino que figura en la lista es el suyo, hecho que no refleja lo que se ve su salón de clases, donde visiblemente no hay ninguna mujer. “Yo empiezo a estudiar un ciclo nuevo y tengo miedo que los profesores no me llamen por el apellido sino por el nombre completo. Hasta ahora he tenido suerte porque la mayoría de mis profesores me llaman por mis apellidos…y si por ahí ven que mi nombre es de mujer y me ven y entonces ya…me dicen ‘Ramírez’ y me tratan bacán”, cuenta.

¿Este ciclo será lo mismo? Cada nueva clase, una inquietud latente.

5. El aislamiento

Acoso. Insultos. Agresiones. En el Perú, al menos 30 niños al día son víctimas de bullying y para un chico transgénero de 24 años esta realidad no es ajena a su día a día. Melo nunca ha tenido “problemas para ingresar a los servicios ni con los compañeros”, pero evita cualquier tipo de situación que lo pueda denigrar. Esto, evidentemente, lo ha transformado en una persona más antisocial.

“No hago grupo porque está ese miedo a que se den cuenta cuál es mi verdadero nombre y empiecen a hacer preguntas y sea incómodo y me hagan bullying…que sea demasiado agresivo”, dice Melo.

Es muy difícil. Generas un tipo de rechazo al conocer gente nueva que no esté al tanto del tema. ¿A cuántos le tienes que explicar tu vida?

6. Las preguntas idiotas

Y si por algo Melo en cierta medida rechaza conocer gente es por las preguntas estúpidas que no quiere escuchar. No muchos están acostumbrados a conocer a personas trans y la ignorancia vuelve (a veces) a las personas cavernícolas, pero ni eso es justificación posible para algunos cuestionamientos irracionales.

Ante cosas como “¿tienes pene?” o “¿cómo haces cuando vas a tener relaciones?” o “¿cómo vas al baño?”, Meloh contesta con un qué te importa, es mi vida.

“Pero si quieres saber cómo hago para tener sexo, preséntame a tu flaca y que ella te cuente”, les dice a veces también.

¿Mejor respuesta para dejar a la gente en ridículo y evitar incomodidades? Imposible.

7. Las relaciones amorosas

Un cambio de nombre legal, una operación a los senos y la aceptación de quienes lo aman le daría a Melo mucha felicidad y le evitaría las consultas bobas que encuentra en su camino. Mientras tanto, los problemas persisten. Relacionarse con alguien puede ser complicado. “Me ha pasado cuando salía con mis amigos. Se te pegan las chicas y…hay algunas, cuando las conoces en fiestas, que quieren algo más y obviamente tú no les puedes dar ESE algo más”, narra medio lacónico.

“Ellas esperan algo entre tus piernas que tú no tienes”, dice. ¿Se piensa operar para tener un falo? Responde que no lo siente necesario: un pene no te hace un hombre, una vagina tampoco te hace mujer.

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8. Sentir que tu familia sufre por quién eres

“El paso más difícil no es que tú decidas porque tú ya tienes la decisión. El tema es cómo podría tomarlo tu familia”, admite. A menudo los padres, tíos, abuelos o quien fuera que sea cercano a ti, te imaginan siendo algo, alcanzando una meta, o teniendo mucha descendencia. En el caso de Melo al ser la única hija biológica de su madre, la familia esperaba un noviazgo, una boda y varios nietos.

Ellos tienen ideas para ti, pero de un momento a otro sales con la verdad: “No. Yo no soy mujer. Me siento hombre. Te cortas el cabello, te vistes como un varón y fue..”. Otro hecho es que no solo tú puedes ser víctima de momentos incómodos por las preguntas tontas. Mamá y hasta el abuelo pueden ser víctimas de aquellos que andan fijándose en la vida de otros:  “Tengo miedo de que les hagan problemas”.

9. La doble vida que puede conllevar al suicidio

Un promedio de 41% de personas transgénero intenta quitarse la vida a causa del rechazo social. La incomprensión y la falta de entendimiento en el hogar los lleva a tener una doble vida algo que puede ser una bomba latente.

“En mi casa era la chica que ellos esperaban que yo sea y en la calle era lo que sentía realmente. Eso me aturdía, me estresaba y me corté”, me dice y muestra las marcas en sus brazos.

Tras pasar en observación durante una semana en el área de ‘Salud Mental’, su familia lo entendió: era momento de aceptarlo y hacer lo que manda el corazón: amar a su hijo. Era eso o perderlo.

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10. Empezar de nuevo

Sería ideal empezar en la etapa de la niñez. Aunque no hay mucha asesoría para los padres con hijos trans, ya que se realizan pocos estudios sobre el tema, lo primero que hacen ellos es llevar a sus hijos al psicólogo. En el mejor de los casos deciden apoyarlo.

Muchos como Melo lo saben “desde que tienen uso de razón”, pero no tienen la oportunidad de realizar el cambio a temprana edad debido a toda la desinformación que existe, así que se ven obligados a hacerlo cuando ya son grandes y pueden tomar sus propias decisiones, algo que genera –como hemos dicho antes– muchas preguntas incómodas.

Porque no es “normal” ver que la hija de tu amiga es ahora un “hombrecito” o viceversa. Es volver a empezar, como renacer, solo que esta vez más libre, más feliz y con más decisión para afrontar la vida: la que realmente quieres vivir.

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