Encajar en los estándares sociales es algo que Ann nunca ha buscado, pues siempre antepone el respeto por su persona, antes de complacer los gustos y normas de una sociedad que sigue empeñada en el binario de la heterosexualidad: hombre y mujer.

Su nombre es Ana Laura Tapia Torres, tiene 24 años de edad y es originaria de la ciudad de León, la más grande del estado de Guanajuato y de la región bajío en el centro de México. Ann llama la atención sobre esa iglesia católica en donde aún se ponen en práctica “atrocidades de la Santa Inquisición”, pues siguen tratando de curar la homosexualidad.

Apenas en julio pasado concluyó la Licenciatura en Cultura y Arte por la Universidad de Guanajuato y ahora está por concluir su tesis, en la que busca “retratar los estereotipos que tienen las personas con respecto a la homosexualidad”.

Ann comenta que aunque existen muchas tesis respecto al tema, la mayoría están enfocadas hacia la literatura o la mercadotecnia LGBTIQ, por eso optó por aplicar cuestionarios, entrevistas a personas reales que hagan una exposición del panorama que se vive en una población tan conservadora como es la del centro del país.

Antes de optar por Cultura y Arte, Ann pasó por Diseño Industrial y Ciencias de la Educación; en esta última se encontró con una sorpresa y por ello desertó. A pesar de ser una licenciatura en donde se forman a los próximos estudiosos de la educación, profesores o pedagogos “son muy cerrados, dicen sexo y se asustan. Si hablas sobre cómo tratar los abusos sexuales se espantan”.

Si los próximos formadores en las escuelas continúan centrados en solo dos géneros y contribuyen al miedo y al rechazo a lo “desconocido” no esperemos que la homofobia o cualquier otra señal de discriminación hacia la comunidad LGBTIQ termine.

Es la octava de ocho hijos. Sus padres, mayores de 60 años, han cuestionado en diversas ocasiones la orientación de Ann. “Mi padre ha cambiado mucho desde que saben de mis preferencias, pero a mi madre le ha costado mucho trabajo”, dice. Su madre cree que con la aceptación de Jesús en su corazón, otra vez le gustarán los hombres.

Su hermana mayor es con quien más roces ha tenido: “Ella me dice que es fácil, si tienes hoyo eres mujer y si tienes palo, hombre”. A Ann le gusta cuestionar e ir más allá de lo permitido:  “Por qué les cuesta tanto trabajo llamar a las cosas por su nombre, si tienes vagina mujer y pene hombre, así de fácil”

Antes de tomar la decisión de ser transgénero, Ann estuvo en terapia psicológica, y fue por decisión propia que optó por asistir a estas sesiones, en las que buscaba orientación, consejos, no tips para seguir siendo mujer.

LA REVELACIÓN

Desde chica le gustaron las mujeres, aceptar la palabra lesbiana dentro de su vocabulario no le costó trabajo, desde siempre le había gustado vestirse con ropa de hombre, holgada, bermudas o zapatos deportivos: “No me desagrada vestirme de mujer, o como lo que socialmente se conoce como ropa de mujer, pues de vez en cuando me gusta verme femenina, con mi vestido. Pero es incómodo, pues siempre tengo que cuidar  que no se me vean los calzones”.

La vida se trata de decisiones. Todo lo que en la vida implique un análisis profundo del qué voy hacer, cómo lo voy hacer e incluso el cuándo lo voy hacer, debe incluir una evaluación de lo bueno y malo que pueda pasar, las consecuencias personales positivas y negativas.

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Y la decisión más importante que tomó Ann fue declararse transgénero hace apenas cuatro meses. La lectura de teorías, estudios y demás reflexiones sobre esta orientación sexual, la hizo sentirse identificada y optar por ello.

No me siento 100% hombre, pero tampoco 100% mujer, y justo eso es lo padre de la vida: la diversidad. No hay que quedarse en ese binomio de la heterosexualidad que la sociedad nos impone, es un universo de gustos, tendencias, orientaciones”.

Existía temor en un principio, pues como todo lo desconocido, esto se pude catalogar por muchas personas como una enfermedad. “La gente iba a pensar que soy un enfermo, como en determinado momento se consideró a la homosexualidad, pero al final eso no importó”.

Y en esta búsqueda de explicaciones, Ann encontró una entrevista a la colombiana Brigitte Baptiste, “quien dijo que se trata de transgredir los géneros” de ir más allá de lo comúnmente aceptado y conocido.

–Eso quiero, eso soy. Fue como una revelación para mí.

Ann no busca cambiar de nombre ni de cuerpo. Tal vez algún día se reduzca los senos “pues son muy grandes”.

 “Yo soy Ana Tapia y así me conoce la gente, al final se trata solo de la connotación que las personas le hemos dado al nombre, nadie dijo que era de mujer. Tampoco busco cambiar mi cuerpo, tomar hormonas o algo por el estilo, pues sé disfrutar con mi cuerpo de mujer y nunca he deseado tener genitales masculinos. Soy Ana, pero el nombre no me define, no me etiquetarán por ello”.

Y es que la gente siempre la ha visto como hombre. Cuando entra a los baños las chicas se espantan pues “dicen cómo un hombre va a ingresar al baño de mujeres”.

Hace dos años y medio pasó a formar parte de una banda local de rock alternativo llamada Diascepan. Es vocalista y junto a cuatro compañeros tocan en diversos lugares y festivales de música de la región.

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He de confesar que Ann me fue presentada vía Facebook por una amiga que la vio cantar. Algo le llamó la atención: “Es una chica muy guapa, bueno chico, pero también es muy guapo”.

Y en efecto, el ‘Güero’ como algunos le llaman, a simple vista pasa como tal, como un varón que canta y escribe canciones “Las chicas piden que les presenten al Güero, no saben que soy mujer, pero la verdad es que solo es el cuerpo, la esencia es otra”.

No ha sido difícil estar en un grupo de cuatro hombres y un chico transgénero. “Mis compañeros me respetan, siempre han sido muy abiertos, tal vez lo único que cambiaría es que en ocasiones son muy protectores”. Y es que tal vez aún no terminan de asimilar la orientación de género de Ann: “Me respetan mucho, aunque curiosamente me siguen tratando como mujer, pues cuando quiero cargar un amplificador, siempre me dicen no, espera, yo lo hago, eso me molesta un poco, pero tal vez sea parte del proceso”.

Ann comentó que las personas deberían aprender a respetarse y a gustarse así como son, pues “a veces los cambios que buscamos hacer en uno solo son para encajar en los estándares de otras personas, cuando el único estándar que debería importar es el propio”.

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