Ellas se transforman en hombres por un día

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“La liebre él va y salta,

los ojos de la liebre ella desordenados y confusos están.

Dos liebres corren de lado a lado del campo,

¿cómo pueden decir si él o ella soy yo?”

La Balada de Mulán, anónimo.

Aquí y en China hay un abismo que separa a los hombres de las mujeres en términos de igualdad, abismo en el que las mujeres ocupamos el fondo; así que el argumento del poema anónimo de La Balada de Mulán, en adaptación libre de los estudios Disney para su largometraje animado en el cual una mujer se viste y actúa como hombre con el fin de obtener beneficios previamente negados por razones de sexo ha sido válido antes y lo es ahora alrededor del planeta.

La historia recopila nombres y leyendas de mujeres que en busca de oportunidades de trabajo o de estudio escondieron las faldas y con ellas su identidad para convertirse en señores exitosos, militares respetados: el jazzista estadounidense Billy Tipton era en realidad Dorothy Lucille Tipton; Charlotte, Emily y Anne Brontë utilizaban como seudónimos Currer, Ellis y Acton Bell al publicar poemas en su natal Inglaterra. Deborah Sampson fingió ser Robert Shurtliff para enlistarse en el Ejército estadounidense. Las personas que van al cine recuerdan la vida de Teena Renae Brando o Brandon Teena en “Boys don´t cry”, personaje que le valió a la actriz Hilary Swank el merecimiento de un Óscar.

La lista de nombres podría seguir, seguro. Cambiarían los siglos, los lugares y los nombres de las biografías pero el motivo permanece: este es un mundo de hombres. Los privilegios son de ellos, las decisiones, los mejores salarios, el derecho de maldecir en voz alta, fumar, beber, votar, tener sexo, mandar. Y, como bien pregunta Ana Francis Mor: “¿quién no querría ser rey por un día?”. Por eso el taller “Hombre por un Día”, que la activista y actriz dictó en Monterrey en días pasados. “Es un taller que se inventó por Diana Torr, y hace uso de este juego de palabras de “Rey por un día”, ¿por qué ser hombre por un día? ¿y quién no querría ser rey por un día? Partimos de la premisa de que ser hombre o ser mujer son personajes inventados, desde antes de nacer, entre el azulito y el rosa ya nos vienen diciendo de qué lado del mundo te vas a tener que colocar, entonces el asunto es reflexionar ¿y por qué esta mitad del mundo tiene más privilegios que esta otra y todo basado que si naciste con vagina o con pene fundamentalmente? Entonces el feminismo lo que hace justamente es hablar y demostrar que eso es injustísimo”.

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EL PERSONAJE CON PRIVILEGIOS ES…

“A partir de esta afirmación de que las personas con pene tienen más derechos que las personas con vagina que es básicamente una afirmación con la cual funciona el mundo, es decir, el mundo está construido así. Entonces están construidos dos personajes, el hombre y la mujer; el personaje que tiene los privilegios es el hombre y la que no los tiene es la mujer y eso está como en todos los estratos de poder en todos los lugares entre la gente que tiene dinero, tiene más derechos los hombres que las mujeres, entre las personas indígenas, tienen más derechos los hombres que las mujeres, en la comunidad LGTBI tienen más derechos los hombres que las lesbianas, más dinero, más espacios de poder, más todo“.

La que habla sabe del tema. En México, Ana Francis Mor es referencia de cabaret, del buen cabaret, de ese por el que a veces terminas en la cárcel acusado de incomodar a la autoridad gubernamental por la crítica social siempre necesaria y ahorita obligatoria. Pero Ana Francis Mor no sólo es actriz, directora, creadora. Se ha especializado en torno a los derechos sexuales y estudios de género. Ha sido diplomada en Liderazgo y Derechos Sexuales por el Instituto Simone de Beauvoir y por la Internacional Lesbian Gay Human Rights en Fundamentalismos Religiosos.

Desde el 2007 escribe en la revista mexicana Emmequis la columna “El Manual de la Buena Lesbiana”. Con este expertise explica el taller de tres días que vino a impartir desde sus cuarteles del Teatro Bar “El Vicio” en la Ciudad de México.

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“De pronto surge como a partir de una cosa accidental, Diane Torr, la creadora de este taller vive unas horas como hombre sin que nadie se de cuenta de que es una mujer, porque en el travestismo o en el drag king hay un público que se sienta y que sabe que quien está ahí es una mujer vestida de hombre, es una convención que asumimos y entramos a ese juego, pero en este caso no, la gente no sabe, la gente está allá afuera, en ese sentido, a partir de una experiencia así Diane Torr tiene la oportunidad de estar varias horas como hombre, la gente no sabe que no es un hombre y entonces empieza como a vivir toda una serie de experiencias que tienen que ver con el privilegio. De entrada, caminas y la gente se quita, te puedes sentar tranquilamente a beberte una cerveza en un bar y no hay un señor que inmediatamente le urge que estés acompañada, etcétera, etcétera, etcétera…”.

Una decena de chicas dedicaron horas a crear sus personajes, a ensayarlos y desempeñarlos. Se ayudaron de la ropa masculina, algunas barba, otras bigote, ademanes y sobre todo, actitud. Porque eso es lo que se queda, se rescata, asegura Ana Francis Mor. “Al final de ese  día, queda conciencia… y una tristeza infinita”, comenta entre risas francas.

“No, no es cierto. Hay una parte que sí, es como si toda tu vida vivieras con un brazo amarrado, como de bebé te lo amarraron, no necesariamente te das cuenta, hay una cierta incomodidad, pero no necesariamente te das cuenta, te sigues por la vida con un bracito amarrado y de repente un día descubres que tu brazo puede estar suelto y no sólo puede estar suelto si no que con dos brazos la vida es más fácil, que todo es más fácil, que tienes muchas más cosas, que además se siente chingón, que además ya no te duele, en fin, entonces dices, ¿a ver qué es esto? Ganas un montón de cosas, te das cuenta de toda la serie de espacios que no ocupas por creer que no es tu lugar.”

Gabriela Mejía, quien construyó al personaje de Gabriel Mata, lo explica de esta manera: “Me sirvió bastante, con respecto a mi espacio personal, el sentirme dueña de mi espacio personal, el no tener que estar agradando a las demás personas, asentir todo el rato, tener que buscar la aprobación o tener miedo de que te estén observando porque en esta experiencia noté que como hombre todo el mundo te deja caminar libremente, no te están viendo, eres dueño del espacio que tienes, te apoderas de ese espacio a diferencia de cuando eres mujer, actúas prácticamente como que todo muy cerrado, hasta tus mismos pasos”.

Se quitan el bigote, pero se quedan con la conciencia. “Digamos que desde la persona que eres, ser mujer es un invento, es muy fuerte darte cuenta que ser mujer es un invento, porque te das cuenta que eres un invento, yo soy yo, yo me he construido a mí misma, digamos desde ese lugar de la teoría en efecto no se nace mujer se deviene mujer, pero desde el lugar de la teoría queer se dice que la violencia de género no existe, que el género en sí ya es una violencia, el dividirnos en dos géneros ya es violento. El darte cuenta de que ocupas un lado de ese género significa que estás violentando el otro lado, ocultando, cercenando, toda esa serie de capacidades que tienes, de ocupar tu espacio, de alzar la voz, de dejar las cosas claras, de dejar de pedir perdón en el mundo, de dejar de pedir perdón por existir, en fin una serie de cosas que las mujeres hacemos cotidianamente, ¿qué pasa? Pues por lo menos te das cuenta de que tienes la opción de dejar de hacerlas, o de darte cuenta de qué eliges y que no eliges y eso es como bastante tremendo.”, argumenta Ana Francis Mor.

“Una de las cosas que me han conmovido mucho más es que, por ejemplo, hay una cosa con el espacio físico que hacen los hombres, si tú ves una mesa de gente comiendo, de hombres comiendo vas a ver que cada quien tiene su espacio, una cosa como de amplitud en el espacio y de pronto las mujeres podemos estar ocho en una mesita así chiquita, echando el chisme y no tenemos tanta bronca con la cercanía y con el espacio. Tenemos digamos, otra relación con el espacio. Pero entonces cuando encarnas el yo masculino, cuando encarnas el personaje masculino inmediatamente viene esta cosa de ocupar el espacio, entonces del primer día al segundo día el cómo ocuparon el espacio de una mesa, cambió radicalmente, ganaron medio metro cada quien, y ese medio metro es un chingo. Y eso es literal, pues.”

María Aurora Mota, participante del taller que dio vida a Don Mauricio, captó bien esta idea: “Me di cuenta que los hombres no nada más es la vestimenta, sino que tiene que ver con cómo se mueve el cuerpo pero desde la mirada, como se mira, desde la velocidad con la que se camine, el hecho de que los hombres no se miren cuando están platicando, el hecho de que los hombres no se tocan, el hecho de que dos hombres hablan poco el uno con el otro, los hombres no sonríen y eso para mí se me hizo muy pesado, estoy acostumbrada a otras cosas”.

El asunto es, justo, la ocupación del espacio. Aidé García, quien hizo a Emiliano Flores, lo refiere de esta forma: “No te tienes que estar cuidando del acoso, no te voltean a ver tanto o no sientes ese acoso de las miradas, puedes ir por el espacio, puedes ir por la calle pues prácticamente sin ningún cuidado de que te vaya a suceder algo, o de que te vayan a agredir verbalmente”.

 

Ana Francis

Bueno, ¿y la tarea de los hombres? ¿Dónde queda? ¿Cómo sensibilizarles con una experiencia similar si para ellos no es tan fácil hacerse pasar como una mujer? “Los hombres tienen que reflexionar su propia masculinidad. Tengo buenos amigos muy clavados en el género con los que platico un montón. Para una mujer es relativamente fácil  caracterizarse de hombre y pasar por el mundo, con que la gente te vea pelito en la cara automáticamente piensa que eres hombre, pero que un hombre pase en el mundo es difícil que se lo trate como mujer, lo van a tratar como travesti, como mujer trans, no como mujer. Me parece que de las experiencias que tendría que vivir un hombre en general sería cuidar a alguien, limpiar su casa, echarse pa atrás, no sé cómo explicarlo pero cuando tú cuidas a alguien desarrollas capacidades como la solidaridad, la compasión, la complicidad, la empatía.

“Las mujeres cuidamos gente desde que nacemos, muñecas, hermanitos, hermanitas, mamás, papás, somos las personas que cuidamos a las personas en el mundo entonces pues desarrollamos esas herramientas, no nos es difícil ser empáticas, ser solidarias, a los hombres les cuesta mucho trabajo porque no aprendieron a cuidar a nadie, porque no cuidan a nadie en la vida, entonces ahí hay como una deficiencia tremenda, lo que tiene que ver con expresar sus sentimientos. A un hombre de 40 años le preguntas ¿qué sientes? y se te queda viendo con una cara de “¿de qué chingados me estás hablando?”. El tipo no te contesta no por mala onda, de veras no sabe qué siente, de veras no sabe cómo expresarlo y de veras no tiene la más puta idea de cómo buscarlo”.

“Por ejemplo, a mi amigo Andrés y a otros amigos les dije, heterosexuales y gays y todos, a ver, háganme un favor, ahora que cojan, no penetren y cuéntenme qué les pasa, cómo les va. No usen el pene y no penetren, no usen el pene y cuéntenme cómo les va. Todo el mundo hizo la carita así, pero mis amigos son buena onda, “órale, va” y entonces les pasaron cosas bien interesantes. Descubrieron un chingo de cosas, claro, sin su centro de poder que es un poder simbólico muy fuerte el del pene que le hemos dado culturalmente. Creo que para los hombres un gran ejercicio justamente es la pérdida de poder, repartir el poder en esos momentos, en este país donde estamos tan sacudidos por las cosas que están pasando, qué va ocurrir, y de los movimientos que están surgiendo muy fuerte tiene que ver con las colectividades, cualquier gente con dos dedos de sentido común comprende que el poder está demasiado concentrado en demasiadas pocas personas. El poder hay que repartirlo, entonces lo mismo pasa con la masculinidad, el poder debía de repartirse, y el poder es muy pesado, cargar más poder del que te toca es muy pesado, y los hombres cargan más poder del que les toca, claro, tienen muchos privilegios pero es más pesado”.

Su frase final al respecto es contundente: “Para que un hombre sepa lo que se siente ser una mujer tendría que caminar desnudo, sin erección por una avenida transitada, y entonces podemos hablar”.

Ana Francis insiste, como buena feminista, en que hay esperanza. Mediante talleres, mediante sensibilización, mediante educación. Cofundadora de la compañía Las Reinas Chulas ha creado Ediciones Chulas, su trinchera editorial. Hace dos años cofundó la asociación civil La Cabaretiza, para denunciar la misoginia en la publicidad. Insiste en que el cambio está en marcha. “Hay que apostar que las mujeres tomemos el lugar que nos toca ocupar, el cómo ese es el intríngulis, y si, me parece que tiene que ver con la educación, cambios culturales, montón de cosas, luego pensamos que las revoluciones como en el libro de la primaria dice que la Revolución fue el 20 de noviembre y pensamos que las cosas son así, digo, a lo mejor estamos viviendo una revolución y no lo sabemos, yo pienso que sí, que estamos en el principio de una revolución, una serie de luchas, algunas armadas, la mayoría pacíficas, que buscan una transformación en este país y llevan varios años ocurriendo y me parece que una de las fuerzas que no ha dejado de moverse es el cuestionamiento feminista, pues y no tiene que ver solamente con México. Que Emma Watson estuviera en la ONU es algo fuertísimo, porque además de ser la muchachita de Harry Potter es una mujercita blanca, güerita, delgadita, finita, cualquier niñita del mundo diría “yo sí quiero ser como ella”, como el estereotipo de la belleza, entonces fue muy atinado que alguien como ella lo hiciera, no es lo mismo que lo hiciera hecho una niñita negra o una niñita indígena, lo hizo la privilegiada, ella justamente representa a las mujeres privilegiadas, si ella no está conforme es que estamos de la chingada”, insiste, a la vez que informa que a nivel mundial sólo el 2% de la tierra está escriturada a nombre de mujeres. El 98% de la tierra en el planeta es de los hombres. Eso da un panorama brutal de la cuestión.

Cross-dressing

“Creo que cada vez son más las personas conscientes, a las mujeres nos tocan más porque somos las que tenemos la bota en la cabeza… les da mucho miedo, la transformación da mucho miedo, porque además el patriarcado está muy bien construido, muy bien estructurado pues, es perfecto, tiene respuestas para todo, ¿Cómo para qué querría yo ser una mujer independiente, autónoma, que no necesita una pareja masculina etcétera etcétera etcétera si lo que te dice el sistema es que si tú optas por otras cosas y otras maneras de vivir te vas a quedar sola, amargada y eso está sostenido por todas las narrativas culturales, eso nos dice las telenovelas, las revistas, en la calle, la publicidades, si tú no eres una mujer de esta manera te espera una vida infeliz, entonces claro, eventualmente te das cuenta de que de todos modos te espera una vida infeliz pero pues ojalá te des cuenta más pronto pero pues la banda se da cuenta, pues… Me acuerdo mucho de un taller en el que estuve en el que estaban mujeres viviendo con VIH y una decía “es que yo me porté bien, me biencasé, llegué virgen al matrimonio, me casé con este señor, tuve sus hijos y no sé qué, pero pues él me transmitió el VIH y yo lo descubrí un día que me embaracé y fui al doctor a atenderme y ¡zas! me di cuenta que tenía VIH y porque me lo dijo el doctor y ahora mi hijo va a nacer con VIH y yo me porté bien.”

“Entonces le hicieron de chivo los tamales. Ser mujer le costó tener una infección que no debía tener, porque si se hubiera portado tantito mal en la vida digamos, tantito mal entre comillas, pues a lo mejor hubiera exigido el condón, etcétera a lo mejor no hubiera llegado a esto, en fin qué se yo”.

“Para las mujeres no es buen negocio portarnos bien, nos va realmente mal cuando nos portamos bien, lo único que nos espera es una vida llena de amargura, de frustración, sin sexo, sin placer y es tremendamente frustrante, este es justamente el lado del no privilegio. Además hay toda una religión que lo sostiene, por eso te digo, está muy bien armado, si entre la tele, la Iglesia, tu familia, el Estado y la calle te dice que ese es el camino, como de dónde te agarras para pensar que no…”.

Ana Francis Mor dirigió el programa de teatro en los Talleres de empoderamiento de la mujer indígena y campesina para el programa IMSS Oportunidades, y las actividades de Teatro Callejero y escolar de Las Reinas Chulas, que entre otras cosas, da funciones en temas relacionados a la defensa de los derechos sexuales, violencia de género, derechos humanos y no discriminación. Las historias de abuso son tristemente comunes. Ella mantiene la cordura haciendo yoga, box y subiéndose al escenario. Se sube tanto y tan bien que recibió el pasado 11 de diciembre, junto con el resto de Las Reinas Chulas, la Medalla al Mérito Artístico que otorga la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y, como era de esperarse de artistas de cabaret, el performance recipiendario resultó contestatario y digno de verse.

CUESTA Y CUESTA MUCHO SER MUJER 

“En un cálculo así digamos, pinchito, si una mujer se tarda 30 minutos más que un hombre en arreglarse todos los días, si tú sumas 30 minutos por 7 días a la semana por 52 semanas al año mas o menos así malhechita mi cuenta es como 150 horas al año, lo cual es un diplomado, me parece que la medición oficial de un diplomado tiene que ser 140 horas es como el mínimo que te exige la Secretaría de Educación Pública o la Universidad Nacional Autónoma de México eso quiere decir que si tú ocuparas el mismo tiempo que ocupa u hombre en arreglarse entonces podrías tomar un diplomado al año y cada tres años podrías tomar una maestría, que podrías aprender a tocar un instrumento. Además del dinero, el dinero que cuesta todo eso porque los maquillajes no son baratos, además las cremas no son baratas, los champús, toda la bola de aceites, afeites que te tienes que embarrar no son baratos, el espacio físico que ocupan en tu baño, si sumas todo eso, pues es un grillete, un grillete y una esclavitud. Nada más que es un chingo de tiempo y cuando tienes tiempo para ti, cuando ganas tiempo te sientes muy bien, sientes que puedes hacer lo que quieras”.

Ante todo esto, ¿las mujeres para ser felices tenemos que trasgredir? Ana Francis Mor corrige: “Las personas para ser felices tenemos que trasgredir”. Seguramente no será sólo por un día, pero vale la pena. Siempre vale la pena. Quizá un día se tengan los mismos privilegios y ni siquiera sea necesario identificar la liebre él de la liebre ella, simplemente ser liebres.

Fotos y video elaborados por la autora de la nota 

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