Uno de los casos más chocantes del año pasado fue sin duda el asesinato de Giniveth Soto y el abandono en el que quedó Midgelis Miranda, su pareja. Ellas habían contraído matrimonio en junio de 2012 en Argentina, sin embargo el estado venezolano no reconoció dicho matrimonio.

Venezuela, al igual que la mayoría de países de la región, no contempla el matrimonio igualitario en su regulación legal. Es un dato crudo, pero real: si a algún LGBT lo asesinan, su pareja queda abandonada. No podrá acceder a una pensión y tampoco a los bienes si es que estos se encontraban a nombre de la fallecida o fallecido. Si la familia lo dispone, incluso, la pareja no podría siquiera seguir viviendo en la casa que ambos adquirieron.

He escrito esto para no olvidar que aún hay una lucha pendiente. Ante el sistema, la invisibilidad continúa. En Perú, las leyes no reconocen a los LGBT, su situación no está regulada, la vida en pareja que forman, el hogar que pudieran construir o los bienes que adquieren son invisibles, como si jamás hubieran existido. Si la casa que adquirieron ambos fue inscrita a nombre de quien falleció, el que sobrevive no tendrá ningún derecho sobre esta. Tampoco podrá solicitar judicialmente residir en ella, pues las leyes no lo permiten. Incluso, si los herederos del fallecido lo deciden, podrían iniciar un proceso de desalojo y dejar en la calle a la otra persona que aportó para la compra del inmueble. ¿Y cómo saber cuál de los dos vivirá más tiempo? ¿Cómo determinamos quién no sufrirá un accidente mañana o quien no se enfermará gravemente en los próximos meses? Exacto, es imposible.

Una solución parcial es un régimen de copropiedad sobre la vivienda (lo mismo para vehículos o cualquier otro bien inscribible), es decir que uno de los dos compre el 50% y el otro, el otro 50%. Es una solución, sí, pero aun con ese 50% no se estará seguro. Los herederos del fallecido aún tendrán el 50% del inmueble y sin la firma de la pareja que sobreviva no podrá vender o arrendar el inmueble.

Esto mismo no sucede con el dinero que podría tener la pareja en una cuenta bancaria a su nombre o acciones en una empresa. Solo le pertenecerán a los herederos, no a la pareja.

En materia hereditaria, la situación puede variar dependiendo de si la pareja hizo o no testamento. Sé que muchos han oído que en el Perú una novia o novio LGBT solo podría heredar hasta un tercio del patrimonio de su pareja. Esa situación solo se da si quien fallece tuviera un testamento. De no haber redactado uno, el 100% de los bienes pasarán únicamente a los herederos forzosos: padres, hijos, abuelos… no la pareja.

A pesar de esto, la solución que mencioné para el caso de inmuebles, la que pueda surgir de redactar un testamento, así como cualquier otra que se pueda plantear, son solo una soluciones parciales, forzadas, que lo único que buscan es aprovechar otras figuras legales para cubrir la invisibilidad legal que cubre a esta población. Estas situaciones se dan siempre y cuando se hayan previsto con anticipación, pero acaso la mayoría de personas está preparada constantemente para la muerte

¿Por qué tener que buscar soluciones escondidas en el sistema valiéndonos de otras figuras cuando bien sabemos que la unión de estas dos personas debiera dar origen a un régimen equivalente al matrimonio? ¿Por qué tendría alguien que ir donde un abogado a alterar la propiedad de sus bienes, hacer trámites o incluso redactar un testamento para apenas dejar un tercio de su patrimonio a la persona que ama?

EL MOMENTO DEL ADIÓS

Y hasta el momento solo he mencionado algunas de las consecuencias en cuanto a los bienes, pero ¿qué sucede con la entrega del cuerpo y la disposición de este para su entierro o velorio? Solamente pueden decidir los familiares de la fallecida o fallecido y, como bien sabemos, las parejas LGBT no son reconocidas como tales. Lo mismo para las pensiones de sobrevivencia o cualquier otro beneficio que otra pareja heterosexual sí tiene.

Un nuevo año ha empezado, pero la situación no varía. Sé que es desalentador leer esto, pero resulta necesario recordar que aún hay derechos sin reconocer, hay personas invisibles para el sistema y muertes que no podemos prever, mientras los legisladores siguen alargando el debate de una ley indispensable para tantos que no saben si mañana podrían ser las próximas víctimas del olvido.

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