Por Paco Bardales (*)

10.35 p.m. Vamos por la ruta 5, en la autopista más ordenada que he visto en mucho tiempo. Hace mucho frío, las ventanillas van cerradas y algo de nieve se puede divisar. Imagino, imagino mucho. Mi voz tiene un tono ríspido, aspero. He hablado poco últimamente, es cierto.

Estoy en Seattle, al fin. Acé, lejos, donde no es una obligación estar feliz ni contento.

Elisabeth, long time no see you, compañera de antaño y de ahora (todavía), conduce dentro de los límites que este país permite. De vez en cuando, me regala una mirada, entre maternal y risueña. La recuerdo hace veinte años, en el high school, alta y esbelta, de larga cabellera dorada, exactamente igual que ahora. En el reproductor de música, suena la tonada inicial que guía esta noche:

Do you remember I searched you out

How I climbed your city’s walls?

Do you remember me as devout

How I prayed for your calls?

No sé cuántas veces he escuchado I was a fool estos días. Pasé veinte horas tomando tres aviones para llegar hasta acá, el 25 de diciembre, Navidad. En medio de las largas caminatas, buscando desesperadamente un punto de red, en el aeropuerto de Newark, mientras esperaba la conexión, volvió a sonar, mientras veía cómo caía la nieve. Volteé y miré alrededor. Pasajeros con rostro cansado y enormes paquetes, esperando de una vez la llamada a su destino.

Estos días, en que he sentido silencio, frío y soledad, idas y venidas en moteles de carretera, desencuentros con el internet y problemas con la tarjeta de crédito. Quien ha estado conmigo ha sido el Heartthrob, el más reciente disco de Tegan & Sara, dúo de hermanas gemelas canadienses (siete álbumes en su haber, este último con casi dos años de vigencia). Pop indie llaman a su estilo, y se han convertido en famosas a nivel internacional luego de que lanzaran el primer sencillo de este trabajo, Closer .

So let’s make things physical.

I won’t treat you like you’re oh so typical

–Esa canción debería estar en una playlist que se llame Crush Nostalgia–me dice Elisabeth, tamborilleando los dedos en el timón del auto.

Tegan and Sara Quin nacieron en una zona tranquila de la región de Alberta, territorio canadiense, tan tranquila como conservadora. Crecieron en los noventas, donde era mucho más complicado todo para quienes, como ellas, decidieran afirmar su identidad. En aquel momento no habían personajes que salían del closet con normalidad, no existía Internet. Tuvieron, eso sí, una madre muy decidida y comprensiva, que les inculcó su lucha por la identidad y el orgullo respectivo. En 1995 formaron la agrupación y en 1999 sacaron su primer disco, Under Feet Like Ours. Ahora, ambas son consideradas una de las artistas canadienses más populares, pero al mismo tiempo un ícono LGTBIQ.

Estos días han sido de conmoción en el grupo de Facebook que sigo, me cuenta Elisabeth, con cierta desazón. Joshua Alcorn, un chiquillo de dieciséis de contagiante sonrisa, decidió suicidarse lanzándose a una autopista atestada en Ohio. Un camión lo embistió. El caso ha conmovido Norteamérica por el transfondo de la historia.

Joshua se sentía, desde muy niño, una chica. Había ido afirmando una identidad, de la que se sentía plenamente convencido. Joshua dejó de llamarse así desde los catorce años, aproximadamente, y había adoptado un nombre que lo emocionaba: Leelah.

Veo las fotos de Leelah (el rostro delicado y suave de un jovencito con las prendas y el perfil de una señorita). Trato de imaginar sus sueños y su tortura. Todo eso, mientras leo una suerte de carta de despedida dejada en su Tumblr, explicando motivos y diciendo algunas de las verdades que muchos se niegan a escuchar. La verdad, estas palabras muerden, escupen y golpean:

“Cuando a los 14 años supe que significa ser transgénero, lloré de emoción. Luego de 10 años de confusión, finalmente entendí quién era”

Leelah realiza, en esta carta, básicamente, un alegato contra sus padres (que le habían negado que se hiciera una operación de cambio de sexo). Es una testimonio de cómo la ignorancia, el miedo y los prejuicios religiosos/morales pueden destruir a las personas. Es, además, una ardiente proclama contra una sociedad cerrada e incapaz de entender a los demás:

“Mi muerte tiene que ser contada en los números de casos de personas trans que se suicidaron este año.”

Leelah nos cuenta, con detalles en algunos casos espeluznantes, la forma cómo su familia le había negado cualquier tipo de vida e intercambio con sus amigos. Parece un novela de acoso terrórifico (con las obvias distancias del caso, parecido a Carrie de Stephen King). Maltratada verbalmente sus propios padres, sometida contra su voluntad a terapias para que cambiara su “comportamiento desviado”, forzada a recibir “la gracia de Dios” para volver a ser “normal”.

“Nunca serás una chica real”

“¿Qué vas a hacer? ¿Fornicar con chicos?”

“El Señor te va a envíar al Infierno”.

El tormento de Leelah era en verdad, un verdadero descenso a las tinieblas:

“Me corté por lo menos una vez cada dos días.

“Pensaba constantemente en suicidarme.”

“A pesar de que la reacción de mis amigos fue mayoritariamente favorable, mis padres estaban muy enojados. Me sacaron del colegio, me quitaron mi celular y no me dejaban entrar a redes sociales. Estuve así por 5 meses, completa y absolutamente sola. No se me permitía hablar con nadie fuera de la iglesia”.

“Lloraba después de cada sesión con los terapeutas heterosexuales. Parecía que no existiera esperanza. No había forma de que algún día pudiese ser una mujer”.

Su último mensaje en Reddit, dos meses atrás, avecinaba el trágico desenlace:

“Por favor, ayúdenme, no sé qué debo hacer y no puedo resistir mucho más de esto. Estoy atrapada.”

El mensaje de Tumblr, el día que se lanzó a la carretera, es brutal:

“Si estas leyendo esto, padres, por favor no le digan esto a sus hijos. Incluso si son cristianos o están en contra de las personas trans, nunca le digan eso a alguien, especialmente si son sus hijos”.

Arreglen, esto, por favor.

En el reproductor empieza a sonar, irónicamente, Everything is awesome, de la película Lego, por la que Tegan & Sara fueron nominadas al Grammy.

Everything is awesome

Everything is cool when you’re part of a team

Everything is awesome when we’re living our dream.

¿Habrá escuchando esta canción Leelah? ¿Habrá visto la película? (dudo, por sus padres, seguro, pero hubiera querido saber si hubiese ido al cine a verla, con sus amigos, y reído y llorado, como una niña común)

Tegan & Sara se han pasado estos últimos tiempos acompañando su carrera artística con un constante activismo a favor de los derechos LGTBIQ. Recientemente han ejercido presión para que se suspenda, en su provincia natal, un proyecto de ley, llamado Proyecto 10, que permitiría a directores y juntas escolares la posibilidad de denegar la petición de un estudiante para formar una Alianza Gay-Heterosexual (GSA) en su escuela.

“Queremos que la próxima versión de este proyecto de ley cumple realmente el objetivo de prohibir la discriminación basada en la orientación sexual. En un país donde se logró sobre la igualdad del matrimonio hace una década, es absurdo y vergonzoso que se politice un tema que afecta a nuestra juventud LGBTIQ”, han señalado en su web oficial.

El suicidio es la segunda causa de muerte en Canadá entre la población de 10 a 24 años. La baja autoestima, falta de vivienda y la alienación son todos problemas que enfrentan los jóvenes LGBTIQ. Una alianza secundaria gay-straight puede ser, en algunos casos, un espacio seguro para salvar vidas, pero también para compartir, identificarse, educarse y afirmarse.

¿Habría sido todo distinto para Leelah si hubiese un grupo así que la apoyara?

“El Proyecto 10 en su estado actual sometería a los estudiantes a un mayor potencial prejuicio, discriminación y lucha innecesaria. Calgary siempre será nuestro hogar, y porque nos preocupamos por los jóvenes que están creciendo allí, tenemos que educar a aquellos que tienen la capacidad de influir en esta legislación; personas de todas las edades que viven en Alberta o que tienen amigos o familiares allí”.

Medianoche. Debemos estar en -1° C. Ha llovido hace unos días. La lluvia en Seattle, sobre todo en esta temporada, tiene un tono nostálgico, triste. Te hace pensar muchas cosas. Te hace recordar alguna en especial. Sara canta Now i’m all messed up :

Why did you take me down this road if you don’t want to walk with me?

Why do you exist all alone, when you could just talk to me?”

Elisabeth me recuerda que el dúo estuvo hace algunas semanas en la ciudad. Tocaron en el famoso Paramount Theater e hicieron un recital en el Hard Rock Cafe. Incluso fue con algunos amigo de la radio The End, 107.7 de la F.M.

–Deberíamos ir a buscarlas en algún lado, en donde estén, seguirlas como groupies– me dice, mientras me deja en el motel donde me he alojado por hoy. Le guiño un ojo y le digo que es una locura y deberíamos hacerlo realidad. Nos despedimos.

Seattle te seduce con su geografía, sus penínsulas, sus montañas y lagos. Te emociona con su movida cultural y el recuerdo de toda la onda grunge. Te motiva a querer visitar Aberdeen, cuna de los Nirvana. Te anima a querer tomar un ferry e irte, de ser posible, hasta Alaska, no muy lejos de allí. Te da el valor para subirte a la Space-Needle, brillando azul, como un símbolo indeleble.

Pero Seattle también huele a soledad. Y me hace recordar, hoy, a Leelah Alcorn.

He caminado bajo un puente metálico, antiguo, y, de la nada, me he acurrucado una noche y he dormido una siesta.

He visto edificios apiñados, cines abandonados, sitios arrasados por el moho y el olvido.

He tomado el trabajo de todo hispano sin esperanza y he aprendido a servir el café bien cargado por un par de noches, casi tan bien como el whiskey barato.

Por primera vez en varios días miro el internet. Busco algo de Tegan & Sara. Leo:

“That’s the thing about success and happiness. Every time I fall in love I become absolutely, pathologically obsessed. The moment that you have what you want, and you’re not totally ready for it, you become obsessed with the idea that you don’t deserve it.”

Y ahora esta de Sara, que me parece tan simbólica:

“Me being in love with a girl and wanting her to be with me, doing what I need to do to make her stay with me; it affects no one, yet it’s terrifying to people and they think you’re a monster.”

A Leelah, sin duda, sus padres la hicieron sentir un monstruo, un ser despreciable que no tenía otra alternativa sino su propia muerte, su propio martirio.

¿Hubiese sido posible otro destino para él/ella?

“Nunca voy a ser feliz por la forma en que me veo. Nunca voy a tener suficiente amor, nunca voy a encontrar un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz”, escribió alguna vez, seguro en medio de lágrimas de dolor e importancia.

¿Y qué si era verdad la infelicidad? ¿Importaba realmente?

Quizás Tegan le hubiese dicho: “Tú no eres una mala persona porque eres gay. Tú eres tú, porque tú eres tú y que estaba destinado a ser que por lo que sea con orgullo “.

Es la noche después del Año Nuevo. Yo no puedo dormir. No he podido dormir casi en este viaje. Aunque suene a cliché, recuerdo Slepless in Seattle, la película con Tom Hanks y Meg Ryan.

Quizás debería hacerle caso a Elisabeth y acompañarla en gira groupie para encontrar a las gemelas canadienses.

Quizás debería pensar en volver.

Quizás debería ensayar todos los perdones. All apologies.

Quizás debería quedarme, sin espacio de vuelta.

Suena I’m not your hero:

I’m not their hero, but that doesn’t mean that I wasn’t brave.

I never walked the party line, but that doesn’t mean that I was never afraid.

I’m not your hero, but that doesn’t mean we’re not one and the same.

–No sabía que alguien pudiese llorar tanto. Pensaba que las lágrimas podían parar. Resulta que no – escribió alguna vez Sara.

Desenchufo mi playlist. Apago la luz. Afuera, empieza a nevar.

*Escritor, periodista y productor audiovisuales. Ha colaborado con los más diversos medios de prensa escrita y digital. Administra el blog Diario de IQT, sobre cultura y Amazonía. Ha sido editor de la plataforma digital La Mula, miembro fundador de la Red Peruana de Periodistas Culturales y director de cultura de Loreto. Su último libro se llama POP. Es productor general de AV Films de Perú.

 

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