La historia de Coy, la niña trans que venció los prejuicios de su escuela

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Coy Mathis, originaria de Colorado, Estados Unidos, es alegre, inquieta y muy sonriente. Ella tiene hoy ocho años pero sabe exactamente lo que es y lo que no quiere ser: una niña sí, un niño no. Le ha preguntado a sus padres desde muy temprana edad por qué su cuerpo no encaja con lo que siente y con lo que es, o por qué no tiene las partes que debería tener, las “partes de niña”.

Ella aún no logra entender exactamente qué pasa, pero sus padres sí. Ellos saben desde hace cuatro años que Coy es una niña trans. Pero ahí no está el problema. No con ella o con sus padres. El problema está con su escuela.

En diciembre del 2012, el distrito encargado de la administración del colegio de Coy le prohibió de manera explícita utilizar los sanitarios de niñas argumentado que sería un gran problema a futuro cuando ella creciera y fuera desarrollando sus genitales.

Es un argumento de tipo prevención del “bullying” al que sus padres respondieron explicando que la mejor forma de atacar este tipo de problemática (el bullying) era justo poniendo el ejemplo en la no discriminación.

Y con el apoyo de la Transgender Legal Defens & Education Fund (TLDEF) interpusieron una queja ante la corte reguladora del estado, ya que la acción resultaba ser una medida contraria a la ley en Colorado que desde 2008 prohíbe la discriminación a las personas trans. Además, ni los profesores, alumnos o administrativos habían tenido inconveniente alguno anteriormente con el hecho de que Coy utilizara el baño de niñas y lo siguiera haciendo.

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Por ello (afortunadamente), la corte falló a favor de Coy avalando por completo su derecho a utilizar el baño que ella decida, específicamente el baño de niñas. Al que ella sabe y la comunidad escolar saben que pertenece.

Actualmente Cory debe disfrutar de forma plena el fallo de la corte, derecho que sentó un precedente y al que no habría tenido acceso sin el apoyo de la ley y sobre todo de sus padres. Pues, si bien fue un proceso para ellos, lo han hecho de la mejor forma: aceptándola cómo un padre debería aceptar a un hijx, sin prejuicios. Y las autoridades actuaron como se debe defender a la población, por el simple hecho de ser personas.

Es fácil creer que no hay esperanza, que la sociedad está imposibilitada para aceptar, entender y respetar a todo lo que no es heterosexual o perteneciente al género binario ente hechos recientes como el suicidio Leelah y de Eylul, que no pudieron más con la presión social, con el rechazo. O el asesinato de Dilán.

Pero, casos como el de Coy Mathis arrojan una gran luz de que hay grandes avances sociales y legislativos, que esto puede cambiar y está cambiando. No debemos olvidar estos ejemplos. Son precedentes. No olvidemos que se están moviendo cosas. Que no es fácil pero que no es imposible.

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