Esta es la historia de una mujer trans que aprendió a ser feliz en el Perú

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Cierra los ojos. Eres un hombre de veinte o de treinta años. Imagina que los últimos 15 años o más te han obligado a vivir como mujer. Cierra los ojos. Y responde: ¿Te sentirías bien? ¿Habrías vivido feliz toda esa vida de mentira?

Leyla Huerta Castillo hace la pregunta de manera directa. La historia de esta peruana transexual está marcada por los retos, la paciencia, el coraje y la fuerza. A los 36 años se siente una mujer exitosa, con oportunidades que pocos tienen. ¿Eres feliz? “Claro que sí. Tengo una familia maravillosa, soy una profesional, doy cariño y comodidades a mi gente, y trabajo para que otras personas como yo tengan las facilidades para realizarse y estar bien”, dice, mientras en la cocina dos de sus amigos de “toda la vida” alistan el almuerzo. Es un domingo de enero. Su madre Amanda está en otro ambiente, pronto la volveré a ver. Ella fue la que me dijo en noviembre para un reportaje sobre madres LGTBIQ que estaba orgullosa de su “hijita”. Y ahora estoy delante de esa fantástica mujer que es Leyla.

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Cierra los ojos. Hay dos opciones para marcar. ¿Gay o lesbiana? ¿Qué eres tú?  

Dice Leyla que a los cuatro años ella se sintió niña. Eso es lo que recuerda. En la escuela no faltó el bullying, pero cree que no la marcó. La princesa Leyla estaba por encima de esos comentarios a veces crueles que no faltan en los salones de clase. Su niñez transcurrió sin dolor y algunos miedos que pudo manejar

Cuando estaba en los primeros grados de la secundaria soñó que le había llegado la regla y se puso feliz. “¿Feliz?”, pregunto a modo de protesta. Y Leyla dice que fue increíble. En su mente de adolescente era como estar cerca del camino. Ella no se sentía gay. Ella se sentía niña, mujercita. Pero no sabía bien cómo expresarlo. Por eso, cuando ingresó a la universidad para estudiar agronomía optó por la ropa andrógina, esa cubierta que no te define de ninguna manera, que alimenta el misterio y te coloca en un punto intermedio (algo cómodo) para lidiar con la censura social.

Ella tenía (tiene) un amigo gay y no se sentía igual a él. No era gay. En esos años, pocos hablaban de transexualidad. Leyla no estaba desorientada. Lo correcto sería decir que tenía una ‘expectativa’ grande. Mientras estudiaba, se preguntaba lo que vendría a futuro. Su mamá sabía su verdad (se lo comentó a los 17 años aproximadamente) y le había dicho bien claro que primero se dedicara a la carrera. Leyla no se desesperó. Pero Amanda me confió que ella quería que Leyla estudiara sin descanso y se fuera del Perú porque temía que el país-su país-nuestro país la hiciera infeliz. Resulta que la señorita Leyla cambió el orden de las cosas. Se quedó en Perú. Si bien es cierto que las leyes ignoran a la comunidad LGBTIQ, hay una mirada optimista que nadie se la quita. Tiene confianza. Y sonríe a la vida.

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Ahora cierra los ojos tú y dime lo que más te incomoda. No todo puede ser tan perfecto. 

Pasa, me dice Leyla, que uno está feliz rumbo al trabajo y te llama, por ejemplo, alguien del banco para recordarte tu nombre legal, el nombre de hombre que nunca sentiste tuyo, que nunca te identificó.

Lleva cinco años en una batalla legal por el cambio de nombre. Le molesta muchísimo escucharlo, sin embargo, también reconoce que ha pasado de la molestia a la indiferencia. Evita las cosas que le hacen daño. “Desde mi posición de ingeniera, con comodidades, con un trabajo bueno y una familia adorable, yo te puedo decir que estoy muy feliz en Perú y que este asunto del cambio de nombre se resolverá cuando menos lo espere. Pero hay que ver las cosas de manera amplia y reconocer que esta sociedad es aún muy conservadora y las personas transexuales no la pasan bien“.

Cruza las piernas, se acomoda el cabello: “Somos las más vulnerables porque somos las más visibles. Nos tienen encasilladas. Cuando algo enerva la heterosexualidad de la gente, lo que sigue es el ataque a lo más visible y esta sociedad conservadora, como dicen, perdona el pecado pero no el escándalo. Les salta la ira. Relacionan transexual con prostitución y yo a veces me digo que es muy fácil decirles putas, sí, lo son y qué. Son putas porque mandaron su currículo y nadie las llamó, porque les cerraron las puertas, porque la familia las abandonó, porque no encontraron un espacio de desarrollo. Es muy fácil decirle puta a una transexual, pero hay que preguntar qué opciones dimos a esa persona”. El tono de su voz no cambia. Ella es una mujer serena. Leyla Huerta Castillo  también mandó su hoja de vida a algunos trabajos. Nunca la llamaron. No se podría hablar de discriminación porque las empresas nunca respondieron, pero Leyla sabe que cuando vieron su excelente currículo, su foto de mujer y su nombre de hombre decidieron que no era la apropiada. Así de sutil es la discriminación laboral contra las personas trans en este país llamado Perú.

Leyla trabaja en la organización de investigaciones de salud Impacta y ahora pasará a una institución dedicada a las personas trans de manera exclusiva. Es un escalón más en su carrera. Está contenta. Orgullosa, muy orgullosa aunque no haya podido ejercer como ingeniera agrónoma.

Y muchos se preguntan si se operó, qué se hizo, cómo se transformó en la espléndida mujer que ahora mira tímidamente a la cámara del fotógrafo.

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A Leyla no le vas a sacar la respuesta de si se operó o no. Considera que es un tema privado y que hay una fijación con el asunto.

–Es parte de la intimidad de cada una. Un pene o una vagina no te pueden definir. Me parece increíble que para cambiarte de nombre y te entreguen tu DNI con el nombre que quieras tengas que mutilarte. ¿Cómo el Estado te puede pedir que te quites algo para darte un derecho? Y si no es así, igual pasas por un psiquiatra que te dice que tienes disforia de género, o sea, estás un poco loca y por eso pides el cambio. Todo bien, pero luego para hacer otras cosas, te amarran por aquí y por allá. A pesar de estas circunstancias, yo creo que va a salir, vamos a encontrar la coyuntura y entrar en la agenda.

Hay un momento que sí comparte. Cuando se colocó las primeras hormonas y empezaron a nacer sus senos: “Fue emocionante, fue un momento que no olvido”. Ocurrió casi al acabar la universidad: “Ver la construcción de tu cuerpo femenino es una experiencia maravillosa”. La universidad fue ese pasaporte a la libertad que ella estaba buscando. “Cumples con la familia, acabas la tesis y le dices a tu familia ‘ahora me toca vivir a mí'”.

La ruta de la princesa Leyla estaba bien clara. Comenzó la construcción de Leyla, eligió su nombre que significa ‘mujer de la noche’ y se dispuso a vivir como ella quería.

Hay chicos y chicas que a los 16 años ya no pueden con su vida y se matan. Pienso en Leelah, la adolescente que se quitó la vida en los Estados Unidos. Pienso en el infierno de los y las trans: datos, historias, cifras.

–La familia te da mucha fortaleza. Es fundamental. Yo le diría a un chico o a una chica de 16 años que se serene porque no está equivocado, no está equivocada. Lo que siente es su verdad, y tiene que vivir para ser feliz con lo que quiere ser. Yo le diría que siga en el camino, que no se rinda, que varias hemos salido adelante. La que está equivocada es la sociedad que cree que solo hay blanco y negro, y la diversidad es parte de la evolución.

Leyla Huerta Castillo sonríe. Ella no tuvo la urgencia de hacer su transición a los 15 o a los 16 quizás porque su familia era muy tradicional, y ella muy paciente. Lo hizo a los 26 años. Con el apoyo de sus amigos y de su familia, la construcción de Leyla fue culminando.

“La felicidad es aprovechar lo que tienes ahora”, dice. Y su felicidad la concentra en su familia: su madre, la gran Amanda; sus sobrinos, sus primos, tíos y tías, su abuela. ¿El amor?  “Yo aprendí a vivir al máximo y no me arrepiento de nada. Estoy lista para lo que venga, incluyendo el amor”, responde, mientras doña Amanda llega a la sala y la abraza fuertemente.

Fotos: Midchel Meza 

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  1. Hola transexuales “La mujer”
    Soy Sonja McDonell, 24, Swiss Airlines azafata. Uno de mi antiguo compañero de clase es ahora de 23 años y ella está casada con un transexual bien equipado en Río de Janeiro. Tienen niño (niña) juntos y ella está embarazada otra vez. También quiero estar embarazada de la mujer transexual. También está disponible Mi culo.
    saludos
    Sonja (Traducido del alemán. Me hablan alemán y Angol)
    sonjamcdonell@yahoo.com

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