“¡ME VOY A CASAR. ME VOY A CASAR!”, me dijo Francisco hace un mes. Creo que nunca en mi vida había leído un mensaje tan entusiasta de alguien que había decidido pasar su vida junto a otra persona, pero él lo estaba. Pero, ¿quién te va a casar? En el Perú, lamentablemente, todavía no se aprueba el proyecto de ley de la Unión Civil que incluye a parejas gay. El matrimonio para personas del mismo sexo no existe y ya se sabe lo que la Iglesia Católica piensa.

La organización religiosa El Camino, una iglesia para “todos y todas” abrió sus puertas a Francisco y Gerard.

Todo estaba listo. Francisco se casaría con Gerard el 31 de enero. Después de lo que han vivido juntos por fin sellarían su pacto de amor, fidelidad y compromiso.

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Francisco y Gerard en el día de su boda. (Foto: Sin Etiquetas)

 

Se suele decir que las parejas “pasan por mucho”, pero ellos realmente hacen creer que el amor verdadero sí existe y no solo se trata de imitar alguna boba película de Hollywood. Gerard apenas cumplió 20 y Francisco tiene 25.

El tiempo lo ha comprobado y la paciencia estoica que han tenido el uno con el otro también: se conocieron a inicios del 2013 cuando Francisco viajó a Barcelona como parte de un programa de intercambio de la universidad. Gerard era un adolescente catalán que disfrutaba de la buena paga que le daba su trabajo, de las fiestas, amigos y amantes ocasionales. No quería comprometerse. ¿Para qué? ¿Quién se compromete a esa edad? Hasta que todo cambió.

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Los novios en compañía de los padres de Francisco. Se bendicen los anillos. (Foto: Sin Etiquetas)

 

 

Se escribieron por chat, se citaron y parece que lo supieron desde el principio: se quedarían juntos. “Con él puedo ser yo mismo, me siento libre. Estoy enamorado”, contaba Francisco por una webcam. No podía creerlo. ¿Hablas en serio? Pero, ¿qué harás? Tienes que regresar a Perú igual.

“No lo sé, no lo sé. Supongo que esto es solo temporal, que tendremos que terminar cuando yo deba regresarme”. ‘Terminar’, dijeron, pero no lo hicieron.

Francisco, de hecho, sí regresó a Perú, aunque Gerard le dijo que no lo haga, que se quede con él, que se casarían en España, que vivirían en el remolque de sus padres, que por ellos todo bien, que son muy liberales (lo cual es cierto). Una vez juntos, él podría tener la ciudadanía y quedarse viviendo con él.

“No, no. No puedo hacer las cosas tan mal. Tengo que regresar”, decía Francisco cuya familia aún no terminaba por aceptar que era gay. Era un tema que se sabía, pero no se hablaba, como ignorar al elefante grande de la habitación.

Tras casi un año separados, tiempo en el cual Francisco salió por completo del clóset con su familia, se mantuvieron unidos Las llamadas, mensajes, fotos, sesiones de web cam y demás abundaban. Las discusiones también, pero no importaba: solo querían estar juntos.

Y EL MOMENTO LLEGÓ
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El cura leyéndoles sus compromisos. (Foto: Sin Etiquetas)

 

 

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Los novios y testigos firmando el acta de matrimonio. (Foto: Sin Etiquetas)

 

 

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Juan, Gerard, Lucero y Francisco. Los novios ya están casados. (Foto: Sin Etiquetas)

 

Se reunieron, en enero de 2014, en República Dominicana, donde supuestamente vivirían un tiempo, aunque solo fue por un corto mes. “Quiero regresar a Perú, la comida aquí es horrible”, decía Francisco. ¿Salían? ¿Se iban de fiesta? No había mucho más por hacer, pero ¿qué importaba? Se podían ver la cara todos los días y ya eso nada más le pedían a la vida, qué importaban los frijoles de mal sabor.

Cuando volvieron a Perú, comenzaron su vida juntos. Pude conocer a Gerard y creo que me enamoré de él desde el primer momento. “ES MI HOMBRE”, me decía Francisco.

JESÚS NO DISCRIMINÓ

Mientras reconstruyo la historia, la boda comienza. En San Martín de Porres, un distrito al norte de Lima, el amor se hace realidad para Francisco y Gerard. El padre Guillermo Horna explica que esta no es una “boda simbólica”, como muchas que se han realizado en Perú. Es “boda sacramental” porque efectivamente allí se encontraba el sacramento de la Eucaristía. “¿Quién tiene autoridad para decir que en esta unión no está Dios? Donde hay amor siempre estará Dios y nadie puede decir donde se siente amor o no porque eso lo sabe cada uno en su corazón?”. (La mejor misa del mundo).

Ellos estaban nerviosos, más Francisco porque toda su familia se reunió en la ceremonia. La de Gerard se quedó en España, sin embargo, comparte su felicidad.  (¿Quién no se pone nervioso en el día de su boda?). Esta fue una boda real.

Si Jesús nunca discriminó a nadie – como dice el padre–¿quién tiene derecho a hacerlo? “Si la persona más pura que ha existido en la historia siempre le abrió los brazos a todos y amó a cada uno de sus hermanos, ¿quién puede oponerse a que dos personas del mismo sexo sientan algo hermoso entre sí?”, preguntó Horna, miembro de “la iglesia inclusiva” que puede convertir en realidad el sueño de muchas parejas del mismo sexo que creen en Dios y que no comparten el mensaje de exclusión que la Iglesia Católica y sus representantes mantienen.

Finalmente, el momento que esperaban.

Están casados, Gerard y Francisco. Un sueño cumplido y esto es solo el comienzo.

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El beso de Francisco y Gerard que selló el compromiso. (Foto: Sin Etiquetas)

 

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