Fotos: Midchel Meza

Cuando fue separado del seminario de la Comisión de los Comuneros de ‘Sagrado Corazón de Jesús’ a los 20 años por su orientación sexual, se apartó unos años de los estudios religiosos. Sin embargo, las cosas volvieron a cambiar cuando un día de esos: unos chicos evangelistas lo llamaron para leer la Biblia y empezó un gran proyecto de inclusión.

Así nació en el 2009 lo que se conoce como ‘El Camino’, la comunidad en la que el obispo Guillermo Horna promueve ideas progresistas de fe católica, entre las que se incluyen aceptar el amor entre personas del mismo sexo y valorizar el rol de las mujeres en la sociedad. “Jesús nunca discriminó”, asegura él firmemente sentado en el despacho del recinto en donde realiza sus reuniones.

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Mientras se disipa la bulla en los exteriores de la pequeña habitación, el obispo se toma su tiempo para explicar lo que muchas personas se deben estar preguntando. ¿Cómo es que un obispo casa a dos gays en un matrimonio sacramental? La Iglesia católica no lo permite. (Ya conocemos la opinión de nuestro cardenal Juan Luis Cipriani y sus amigos del Opus Dei). ¿Es un cura autoproclamado?

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Nada de eso. Guillermo explica que él es un católico con todas las de la ley. Pertenece a la Iglesia católica antigua o veterocatólica, que actualmente tiene alrededor de 2 300 000 miembros en todo el mundo. Se trata de un grupo de iglesias cristianas que se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XIX porque sus integrantes rechazaron la doctrina de la infalibilidad papal proclamada en el Concilio Vaticano I.

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En Latinoamérica, explica el obispo, el 90% de miembros veterocatólicos son seguidores de Monseñor Carlos Duarte Costa, quien en los años 50 fue excomulgado de Roma por decir que los curas deberían casarse. Además, dijo que los casados y divorciados debían recibir la comunión. Tras ello, fundó la Iglesia Apostólica Brasileña, madre de las iglesias nacionales en América Latina.

Duarte Costa, a su vez, fue ordenado obispo en 1924 por el Arzobispo Sebastiao Leme Da Silveira Cintra, un cardenal brasileño la Iglesia Católica Romana.

“Nosotros somos católicos primero porque mantenemos sucesión apostólica. Segundo, mantenemos la doctrina católica de los primeros concilios dados antes del cisma del siglo XI. Pero no estamos sujetos al obispo de Roma (el papa), tampoco estamos sujetos al derecho canónico porque eso es un ley jurisdiccional dentro de la Iglesia Romana y no rige para nadie más”, explica Horna.

 SU VUELTA A LA RELIGIÓN

Aunque sus planes de volverse sacerdote se vieron frustrados por saberse a sí mismo ‘diferente’ y por lo tanto, marginado por los dogmas conservadores de la iglesia católica romana, una nueva oportunidad llegó para Guillermo.

“Yo hablé con mi formador”, cuenta él sobre sus años de seminarista. “Yo le dije que tenía una orientación sexual diferente y él se lavó las manos y dijo que hablaría con el supervisor regional y él dijo ‘no, tiene que irse’. Es decir, no importaba cómo me conocían, portaba, quién era. No importó nada. Solo me dijeron que tenía que irme. Mi historia es la de muchos que se atrevieron a hablar con honestidad”, aprecia Guillermo, quien fue expulsado cuando estaba a la mitad de su carrera.

el caminoSin embargo, esos momentos quedaron atrás. El grupo de chicos evangelistas con los que se había reunido al principio fue creciendo cada vez más. Provenían, al fin, de diferentes religiones.

«Fuimos a un retiro y decidimos qué hacer. Fue ahí cuando se formo ‘El Camino’ y como finalmente, las personas que la integrábamos somos de distintas tradiciones, decidimos que seríamos una comunidad ecuménica y que sea inclusiva porque veníamos de una experiencia de discriminación y no podíamos caer en lo mismo».

Quien se percató del trabajo que hacía Guillermo Horna en la comunidad fue el Arzobispo Miguel Ángel Paredes, proveniente también de la rama de veterocatólicos. Hablaban seguido por Facebook sobre la experiencia con los chicos, a la vez que le contaba que había vuelto a los estudios teológicos.

“Él se ofreció a ordenarme como sacerdote. Yo lo consulté con la comunidad y ellos aceptaron. Viajó hasta aquí y se realizó mi ceremonia en una Iglesia Luterana. Posteriormente, me pidió que vaya a Argentina y me ordenó como obispo para impulsar la iglesia vetertocatólica en el Perú”.

Así Guillermo Horna se convirtió en obispo. Cree en Dios y en la Biblia. ¿Qué piensa de toda esa homofobia que algunos sostienen que se encuentra en las sagradas escrituras?

“A veces la gente no analiza. No vemos más allá de lo que la palabra misma nos dice. Y la palabra está ahí, está clarísima. Jesús nunca negó un abrazo ni acercamiento a nadie. Pero las personas no contextualizan la Biblia”, asegura.

Su vida la comparte con Willie, su amor desde hace 22 años. Él no es religioso, pero le ha dicho “a dónde vas, yo te sigo”. Y él agradece a Dios que lo haya puesto en su camino.

“Dios tiene un plan para mí. Para todos. Tuvo un plan al hacerme homosexual. Yo tengo que seguir el camino que se me ha trazado. Porque si no fuera así como soy, no ayudaría a muchos chicos que tienen las mismas dudas y frustraciones”, dice Guillermo, quien celebra bodas con amor, un amor infinito que lo hace un hombre feliz.

«Dios tuvo un plan al hacerme homosexual», repite este hombre de 46 años, desde su iglesia, pequeña y humilde de Jesús María.

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