Por Juliana Palomino (*)

Después de dos largas semanas que pasamos en vela pidiéndole a las fuerzas superiores del universo que iluminaran al conjuez José Roberto Herrera para que votara a favor de la adopción de parejas homosexuales, se llegó al día y se negó.

Estalló la polémica después de que dos mujeres en Medellín, Colombia (Ana Leiderman y su compañera, Verónica Botero) pidieran que la segunda de ellas pudiera adoptar legalmente a la hija de Ana. Este proceso de petición al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) duró dos años, hasta que en el 2011 fue impuesta una acción de tutela por parte de las mujeres.

Es ilógico que se deba pedir permiso para que el cónyuge pueda adoptar a la hija biológica, eso no cabe en ninguna cabeza, pues por derecho se debe respetar la decisión de la madre.

Acá no se trata de “una enfermedad” como lo indicó la Universidad de la Sabana. Se trata de un retroceso que tiene dominado el pensamiento de las personas de la Corte Constitucional y del cual difícilmente van a salir, pues el problema en las distintas sociedades no son los niños que “contagiarán” ese mal de mamá y mamí o papá y papi de ser homosexuales, sino el de las personas que no han podido abrir la mente al cambio y al progreso.

Si tanto se trata de aferrarse a la Biblia, antes los negros debían ser esclavos por la maldición pronunciada sobre Canaán; las mujeres éramos unas inútiles que debíamos estar con escoba y recogedor en mano y las personas con discapacidades no podían entrar al reino de Dios, hoy me pregunto: ¿no se ha avanzado?, ¿la iglesia ha acertado en las diferentes cuestiones de la vida?, pues no, han fallado y por eso no cabe dentro de este debate una opinión católica.

Ahora salió a luz que 13 colombianos están dando la guerra frente a ese NO de la corte, existe otra demanda de constitucionalidad contra el Código de Infancia y Adolescencia, la cual está pendiente de fallo.

Es que es cierto: ¡LAS PAREJAS DEL MISMO SEXO SOMOS FAMILIA! No pueden vulnerar el derecho de los niños a recibir amor, pues si fue abandonado por un padre o madre heterosexual, ¿por qué una pareja homoparental no puede brindarle amor y el apoyo económico necesario?, ¿en verdad se está pensando en los niños o en seguir con las tradiciones? Respuestas que solo nos llevan a casi una era cavernícola donde lo único que falta es volver a escribir en las piedras, pero de cierta forma lo hacemos, pues ese corazón que tienen muchas personas parece ser aún más duro que una roca, imposible de conmover y claramente, escribir conceptos avanzados de lo que significa “familia” hoy.

Solo nos queda esperar otros cuatro años para que una nueva respuesta se de y por fin logremos la igualdad que tanto se ha dificultado conceptuar, pues la mayoría de países desarrollados aceptan no solo la adopción, sino el matrimonio de parejas del mismo sexo… con razón somos subdesarrollados.

(*) Soy una Comunicadora Social y periodista en formación, además una persona creativa y dispersa. Tengo mi mente en la realidad pero también en la fantasía. Me encanta escribir y si se trata de amor las liras salen aún más lindas.

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