Vamos a hacer un viaje en el tiempo. Quitémonos los pantalones, las faldas y las camisetas, pongámonos unas túnicas o unos taparrabos, da igual. Los invito a retroceder hasta el inicio de las grandes culturas que hoy conforman nuestras naciones.

Si nos atrevemos a ir muy pero muy atrás en el tiempo redescubriremos  una de las grandes verdades que hoy podría ser uno de los argumentos más válidos para dejar de satanizar la homosexualidad. Y es que la orientación sexual nunca fue un pecado y por lo contrario, en algunas culturas era entendida como un don de divinidad.

Grecia

Vamos a ubicarnos en la antigua Grecia en donde grandes guerreros como Aquiles y Patroclo tenían como compañeros de vida a otros hombres, con los que luchaban codo a codo por sus pueblos y ganaban guerras por la afinidad y el “compañerismo” que se lograba con estas relaciones durante las batallas.

Plutarco por ejemplo, cita la opinión de Pamenedes de Tebas en su obra Pelópidas y explica que la valía de los soldados tebanos era incitada en gran medida al poner a luchar a los amantes con sus amados.

“Un grupo cimentado en la amistad basada en el amor nunca será separado pues, temiendo la afrenta, los amantes por los amados, y éstos por aquellos, perseveran en los peligros los unos por los otros”.

En Atenas, existían protocolos sociales con los que se respaldaba la unión de un hombre adulto y un joven adolescente como parte de un sistema educacional y social en el que se denominaba erástes al adulto encargado de proteger, educar y amar a su joven erómeno quién le retribuía con su juventud, belleza y compromiso.

Un joven desnudo toca el aulos para el comensal de un banquete. Copa roja ática, pintor de Eveón, 460-450 a. C.
Un jóven erómeno tocando el aulo para su erástes.

 

Podemos remitirnos también a la mitología y citar el Mito del Andrógino descrito por Platón en El Banquete. En este se cuenta que en el inicio de los tiempos los seres se distinguían en tres sexos, el femenino, el masculino y andrógino que era la conformación de un hombre y una mujer unidos por el vientre, teniendo dos pares de extremidades dos caras en la cabeza y dos sexos. El mito cuenta que Zeus separó a los seres por su arrogancia hacia los dioses y los dispersó en la tierra condenados a buscar su otra mitad. Así se explicaría en la mitología el amor heterosexual (andróginos) y homosexual (masculino y femenino).

Pese a que se tienen pocas referencias sobre el lesbianismo en Grecia, se sabe que a las mujeres que lo practicaban se les conocía como “tribada” del griego tríbō que significa frotar y que hacía referencia a las mujeres que “no se preocupaban por los hombres pero tenían contacto con otras mujeres” dice Platón en El Banquete.

Una de estas mujeres sería la poetisa Safo de la isla de Lesbos, quién dedicó más de 12 mil líneas de poemas a sus amantes  y se convirtió –hasta hoy– en un símbolo del amor entre mujeres pese a saberse por sus escritos que era bisexual.

Mesopotamia

Si nos trasladamos hasta el suroeste asiático en la antigua Mesopotamia conquistada por los asirios podemos encontrar también referencias al lesbianismo en el código de Hammurabi en el que se les denominaba salzikrum o hijas-varón  y se les daba la facultad de tomar una o varias esposas, además tenían derechos de herencia y propiedad semejantes a los hombres.

Al norte mesopotámico, en Babilonia también se documenta la homosexualidad como algo normal. Además se hacen algunas referencias a la religión donde queda constancia que existían sacerdotes de Ishtar gays que participaban de los rituales bailando travestidos y se practicaba la prostitución masculina en algunos templos.

En China y Egipto también existen grandes referencias al homosexualismo.

En China, los emperadores de la dinastía Han acostumbraban tener parejas masculinas, una expresión de la dinastía “la pasión de la manga cortada” explica que el emperador Ai Di se cortó la manga de su traje de seda para no despertar a su amante que yacía sobre ésta.  En la literatura clásica de China también encontramos El sueño de la alcoba roja o Historia de la piedra en donde se expresa la homosexualidad con naturalidad y sin recato.

Pese a lo permisible que podían ser los chinos con las licencias extramaritales y las costumbres sexuales, el confucianismo exigía que las prácticas no pusieran en “desorden” o fueran una amenaza para la institución familiar, pues debía perpetuarse el linaje y el culto a los antepasados, por lo que era una obligación casarse y tener hijos.

En Egipto también existieron grandes emperadores que tuvieron como parejas a otros hombres y que incluso fueron momificados en posiciones reservadas para las mujeres de las dinastías, este es el caso de Akenatón esposo de Nefertiti, quién es representado en todas las esculturas y pinturas como un hombre de rasgos andróginos e incluso se le vincula con su corregente Semenkare con el que se le representa abrazados o besándose.

De igual manera, en la mitología egipcia se hace referencia a  los dioses Set  y Horus en acoplamientos homoeróticos que según los estudiosos representaban la unificación del alto y bajo Egipto.

Mientras tanto, ¿qué pasaba en la América precolombina?

Antes de la llegada de los conquistadores a nuestro continente, las culturas precolombinas también tenían grandes manifestaciones de índole homosexual asociadas al travestismo y a la libre elección de la identidad sexual.

En el imperio Azteca, la tribu de los Mojaves tenían la libertad de escoger su identidad sexual a través de un rito sagrado en el que los jóvenes tomaban un objeto femenino o masculino según les apeteciera y de acuerdo a esto manejaban sus roles en la comunidad.

Entre los Zapotecas de Oxaca también podemos encontrar hasta hoy en día a los Muxes que eran varones travestidos considerados como parte de un tercer sexo y estaban encargados de iniciar a los jóvenes en su vida sexual ya que las mujeres debían conservar su virginidad hasta el matrimonio.

En el imperio inca a los homosexuales masculinos se les conocía como hualmishcu, y a la lesbiana se le llamaba holjoshta, ambos eran naturalmente aceptados en la costa norte y central mas no eran bien vistos en los andes.

Un poco más al norte, en el territorio ecuatoriano, diversos estudios antropológicos  dan a conocer que los nativos creían que para ser chaman este debía ser homosexual, pues se consideraba el homosexualismo como una conexión divina que les daba sabiduría. Así mismo, las divinidades como Dios Sol, Dios Luna, Madre Tierra, Madre Naturaleza, Padre Volcán representaban dualidades bisexuales.

Como recopila Félix Esteves en su blog Los Mínimos y los Máximos, los escritos de exploradores como López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo y Alvar Núñez Cabeza de Vaca sobre la Florida también se relatan las pasiones de nuestros antepasados.

“Entre ellos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro, y estos son unos hombres amarinados”… “y andan tapados como mujeres y hacen oficio de mujeres, y tiran arco y llevan una gran carga, y entre ellos vimos muchos de ellos así amarionados”…  “como digo, y son más membrudos  que los otros hombres, y más altos; sufren muy grandes carga”, relata Alvar Nuñez tras haber convivido seis años con los nativos norteamericanos.

Hasta nuestros tiempos podemos apreciar gran variedad de huacos y cerámicas en donde se ven ampliamente representados actos de sodomía entre los guerreros. En el museo de Oro de Bogotá, Colombia así como en el Rufino Tamayo de Oaxaca y en el museo de arte precolombino de Chile existen numerosas piezas de estas.

Comments

comments

Dejar respuesta