Por Susana Mendoza (*)

Hace más de dos semanas fui a cubrir la presentación del estudio Estado de Violencia: Diagnóstico de la Situación de Personas LGBTIQ que elaboró el Colectivo No tengo Miedo, una joven organización que mi memoria no reconoció, porque crecí y trabajé muchas campañas con agrupaciones como el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) y el Grupo Autónomo de Lesbianas Feministas (GALF) que ese día, me enteré, dejó de existir hace algunos años atrás.

Entonces militaba en el Movimiento Feminista e integraba el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, y doy fe de los esfuerzos que desplegaron gays y lesbianas por colocar en la agenda feminista su propia problemática, como lo hicieron luego, con el mismo vigor, para incluirlo en la agenda nacional. Han transcurrido más de tres décadas. Cómo ha pasado el tiempo.

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Y si aquel día de la presentación del informe me sorprendieron los resultados, más acaparó mi atención que el acto público ocurriera en las instalaciones del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) con la presencia de la ministra Carmen Omonte, que en ese momento ocupaba el cargo, la viceministra de la Mujer, Ana María Mendieta y las encargadas de diferentes direcciones relacionadas con los derechos de la población LGBTIQ.

VER: Perú: La nueva ministra y los retos para la comunidad LGBTIQ

Esa reunión fue un hito histórico. Por primera vez el Estado se sentó en la misma mesa con representantes de las antiguas y nuevas organizaciones que defienden diversas identidades sexuales. Por primera vez se expuso una situación a la que siguió otra exposición pero de compromisos que asumirá una gestión de gobierno para evitar la discriminación feroz contra las personas que quieren ser de una manera diferente.

Ese 10 de febrero tuve la revelación de que si no hubiera sido por el trabajo persistente y tenaz de la sociedad civil y los aliados que encontró dentro del Estado, esta reunión no se hubiera realizado. Los intereses, expectativas y dudas que se expresaron ese día selló una manera de reivindicar derechos, porque a partir de ahora las personas LGBTIQ participarán en el diseño de políticas públicas para lograr una inclusión plena.

Manolo Forno y Gissy Cedamanos, compañeros de ruta, amigos de los intensos años 80′ y 90′ siguen en la lucha. Ellos estuvieron presentes en la reunión. A ellos mi reconocimiento y respeto porque continuaron con sus utopías. Elegimos caminos diferentes para ser felices, pero las lealtades a principios y valores nos juntaron ese día, después de muchos años. Por esa mismas razones, sin duda, nos volveremos a encontrar.

*Nací en la década prodigiosa, y mi vida se caracterizó por ir siempre contra la corriente hasta que me cansé. Hoy, prefiero disfrutar del sentido del río y su cauce, jugar con mis dos perras, Gala y Bianca, y leer crónicas periodísticas. Soy periodista de una agencia de noticias, hija de Pedro y Eva, dos seres esenciales en mi vida y tengo un blog: La peor de todas.

 

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