Q’antu Madueño asegura que fue feminista desde que estaba en el colegio, cuando le parecía injusto que a los chicos le den preferencia en el recreo o en otras labores cotidianas escolares. Ahora tiene 33 años. Hoy, que se desempeña como abogada en el Centro de la Mujer Flora Tristán, dice que no puede estar más contenta de pertenecer a esa institución que le permite continuar con su lucha desde siempre: reivindicar los derechos de las mujeres. Q’antu Madueño es una luchadora.

Pero, ¿qué es el feminismo? ¿es lo contrario al machismo? Q’antu dice que ese es un error común en el que se suele caer. Ser feminista, en sus palabras, significa: “reconocer los derechos de la mujer con una bandera de igualdad, nunca de superioridad”.

“Es un estilo y forma de vida, que te libera”, remarca.

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Foto: Midchel Meza

 

Como mujer y además, como hombre: hay hombres feministas que reivindican su masculinidad y sienten que tazan perfectamente en la biología feminista.

Fue un proceso llegar hasta donde está. La autorrealización de que era feminista no llegó de inmediato. Ni aún cuando se aceptó como lesbiana y se inició como activista sabía que lo era.

LA DESILUSIÓN Y EL ACTIVISMO

Todo empezó cuando estaba cursando la carrera de abogacía en la Universidad de San Martín de Porres 2002 y se dio cuenta de lo patriarcales y machistas que eran las normas  legales y en general todo el aparato político legal: «Me enfrenté a una cátedra, una carrera, absolutamente machista, violenta y discriminadora. Me sentí bastante decepcionada en mis primeros años de mis estudios por los comentarios de juristas que yo admiraba”.

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Foto: Midchel Meza

 

La posibilidad de intervenir en las clases para dar una opinión distinta a la del docente era mínima, explica Q’antu. Se corría el riesgo de recibir una amonestación. ¿Cómo cambiar algo ya establecido intrincadamente en la sociedad?

Por problemas económicos y además, por la disyuntiva de no saber si continuar o no con una carrera que iba en contra de lo que ella creía, Q’antu se alejó de la universidad en el 2003 durante un par de años. A lo largo de ese tiempo se dedicó a formarse en el activismo y feminismo.

–Es recién cuando yo me encuentro con otras compañeras feministas que me hablan acerca de la historia de la lucha del feminismo es cuando yo me doy cuenta y me identifico con esa ideología. Fui a una conferencia de Beatriz Jimenez y ahí me encontré por primera vez con el activismo… Tuve la valentía de visibilizarme como lesbiana.

Q’antu – aunque parezca irreal – descubrió su sexualidad a los 21 años, cuando besó a un chica y tuvo su primera relación con ella. “Fue como si estuviera ciega…y se hizo la luz”, relata sobre esa experiencia.

DE VUELTA AL RUEDO

¿Quedarse relegada o continuar con convicción? Una activista nunca puede ser pesimista. Al contrario, solo tiene que mirar para delante y eso es algo que ella tiene clarísimo.

Así que en el 2007 regresó a estudiar derecho y ahora con una importante razón: “Si tengo que volver a la universidad con una cátedra machista, misógina y discriminadora que no me gusta, pues hay que dar la contra».

Con esa convicción, formó su agrupación activista LGTB en la USMP llamada Diversitas. Cuenta que se dio en una época muy importante ya que se estaban formando muchas agrupaciones, activistas de jóvenes universitarios que abogaban por los derechos de personas con orientación sexual diferente a la heterosexual: «Íbamos salón por salón, hacíamos manifestaciones afuera de la universidad, diciendo que éramos lesbianas, gays, y reclamábamos nuestros derechos”.

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Foto: Renzo Salazar

 

No quedó ahí, con otros jóvenes de diferentes universidades, formaron el Bloque Estudiantil LGTBI Perú con el que hicieron activismo potente, del cual destaca su participación en ‘Besos Contra la Homofobia’, el cual les confirmó a todos ellos, la importancia de no dejar de luchar.

“Nos dimos cuenta que ni siquiera nuestros besos eran permitidos en lugares públicos. Pero los seguimos visibilizando para dar la contra a un sistema de opresión. Cuando me preguntan, ¿por qué provocar? Yo pongo el ejemplo de Rosa Park, quien se negó a darle el asiento a un hombre blanco en el bus y pasó varios días en la cárcel por eso. ¿Acaso no estamos haciendo lo mismo?”, reflexiona.

Desde su punto de vista, el activismo ‘provocador’ es el mismo que generará que aparezcan los verdaderos cambios.

LOS DERECHOS NO SE NEGOCIAN

Tras ocho años de trabajo en Flora Tristán, Q’antu actualmente integra el programa de ‘Derechos sexuales y Ciudadanía y Salud’, programa que tiene como finalidad combatir las causas estructurales que restringen la ciudadanía de las mujeres, especialmente el ejercicio del derecho a la salud, con énfasis en la salud sexual y reproductiva, uno de los proyectos del programa fue por ejemplo fortalecer a las promotoras de salud de San Juan de Lurigancho.

–Es bonito porque practican el activismo de los jóvenes LGTB. Nosotras las hemos fortalecido especialmente en salud sexual y reproductiva. Hemos incluido temas de identidad de género para que ellas sepan en qué panorama están.

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Foto: Midchel Meza

Además es coordinadora de la campaña por la convención de los Derechos Sexuales y Reproductivos que busca hacer incidencia en precisamente: lograr una convención a nivel internacional que proteja mencionados derechos que hasta el momento han sido ignorados.

Otro de sus proyectos en Las insumisas de Lilith, un colectivo de chicos feministas de diversa orientación sexual, es la de luchar por la visibilidad y los derechos de la comunidad LTGB.

Sobre su visión del futuro, ella piensa que el panorama ahora se presenta bastante progresista, especialmente por el lado de los jóvenes.

“Los jóvenes ya decidieron ser los protagonistas políticos. Ellos quieren ser los líderes y el Estado tiene que comprender que los derechos humanos son inalienables, irrenunciables y se tienen que acatar sí o sí”.

¿Ser tan radical la hace una ‘feminazi’? –un término bastante sonado por estos tiempos–.

–Piensan que estamos anteponiendo nuestros derechos y que queremos dominar el mundo, pero esa es una tergiversación–, dice claro.

–La lucha de las feministas tiene que ser tajante, dura. No podemos retroceder y aceptar que nos digan ‘por el momento solamente estos derechos, después te damos más’. Nos tenemos que enfrentar a capa y espada. Nos dirán ‘brujas’, ‘terroristas’, ‘asesinas’ y ahora ‘feminazi’, pero debemos seguir porque todavía hay un proceso de reivindicación. No negociamos nuestros derechos. Los queremos ya.

La lucha de Q’antu Madueño y de otras, de muchas mujeres peruanas, está muy clara.

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