No tengo quien inspire mis deseos más profundos, escribo al ritmo de una canción que no suena fingiendo saber lo que estoy haciendo.
Amor abstracto, besos de mentira, esto no es amor, es una ironía.

En cada centímetro de su cuerpo encuentro las respuestas a preguntas que alguna vez hice en noches como esta.
En sus labios el pasaje a otro mundo, exiliado a dolores que ahora siento, soy el fugitivo de títulos que encarcelan.

Prisionero de noches de sudor, soy amante de sus malas costumbres, amante del sexo sin amor.

Promesas eternas no pasan la puerta de su alcoba, él ya tiene dueña.

Afuera es el actor de un guión mal escrito, adentro soy capaz de intentar transcribirlo.
Pero luego del momento en que descendemos unidos de pasión , no existen mis ganas de retenerlo, yo no soy actor.
Se quita su anillo mintiendo libertad, mientras lo que duran sus ganas de no procrear.
Recorre con su lengua el camino hacia mi mundo y yo tenía ganas de no dejarlo entrar, rodea la manzana antes de cruzar la maldita puerta.
Uno, dos, tres intentos antes de que ingrese suavemente como bien sabe hacerlo, como sabe que yo espero.
Una vez adentro se queda quieto creyendo que me gusta, sabiendo que me gusta.
Y me veo pidiéndole que se vaya, rogando que se quede, absurda dicotomía que nadie entiende.

Y ahora arriba de su mundo, teniendo el control, soy yo el que manda, pero también su peón.
Apoyo mis manos sobre su pecho y bailo al ritmo de una canción que no suena, de pronto es blues, a veces parece jazz y suena a rock antes del final.
Y en cada centímetro de mi cuerpo están las respuestas a sus preguntas, y cada centímetro de mi cuerpo esta manchado de su culpa.

Y reté a mi imaginación a duelo, ninguno de los dos salió victorioso.

13 de febrero de 2012

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