María Belén Ochoa, de 44 años, es una mujer transexual, dueña de una despensa en su pueblo, Santa Catalina Holmberg que está cercano a Río Cuarto en Argentina. En el 2010 logró la guarda provisoria de dos niños, hijos de sus vecinos, que según el juez de Río Cuarto, “sufrían un maltrato constatado realmente terrible, abandono, desamparo y una desaprensión total de su mamá y su papá…”.  María Belén siente hoy que ganó la batalla, que cumplió un sueño.

Se trata de algo completamente nuevo en el derecho argentino: nunca antes se había otorgado el cuidado de unos niños a una persona transexual, un logro que ha hecho a Ochoa una mujer muy feliz.

El juez sostuvo, cita Telediario que “se le otorgó (la adopción) porque había un vínculo preexistente muy intenso. El prejuzgamiento por el tema íntimo de su sexualidad me parece una aberración, tuvimos en cuenta cómo es como persona” Sin duda, el juez es una persona ejemplar que realmente consideró primero la seguridad y felicidad de los niños antes que dejarse llevar por prejuicios. 

GANÉ, SON MÍOS

Hace unos meses, Ochoa recibió una noticia espectacular por parte de la jueza civil Fernanda Bentancourt, quien fue la que le concedió la adopción plena de los dos hermanitos. Un hecho que la mujer aguarda desde que comenzó a cuidar a los niños en el año 2006, cuando apenas eran unos nenes. 

Ella cuenta que son una familia normal. Es la típica madre que le niega un dulce a su hija porque la comida está por servirse y no quiere que deje de almorzar. Madre que para otros miembros de la escuela jamás fue distinta. 

“El nene empezó el secundario y en toda la primaria nunca hubo una queja. Nunca lo discriminaron, no hubo cargadas, nada. Siempre nos respetaron”, comenta en la entrevista a Telediario.

Fueron diez años llenos de alegría, pero también hubo momentos difíciles, como cuando tuvieron que operar al niño porque cuando era un bebé sus padres le quemaron la mano. Debieron operarlo varias veces. Y estaba el miedo constante de que la familia de los niños cambiara el rumbo de sus vidas y quisieran recuperarlos, lo que alejaría a esta ‘madre sustituta’ de los pequeños que ya adoraba.

Sus vecinos realizaron una petición en el 2010 para que el juez le otorgara la guarda a Ochoa, personas geniales que vieron el valor de la mujer, que la aceptaron como era y que olvidaron los prejuicios que nos imponen desde una temprana edad. Ellos dieron testimonios a su favor y los niños jamás sufrieron ningún tipo de discriminación en su barrio.

Con seguridad, ella dice que los ha preparado por si alguien les dice algún comentario feo sobre su madre. Sin embargo,  ese entrenamiento no fue necesario: para los vecinos y las personas en el colegio ellos son una familia normal.

Una historia que da esperanza para un mañana mejor.

Ella declara llena de orgullo y con la voz quebrada: “Ya son míos, gané, pasó mucho tiempo pero lo pude lograr: son míos”.

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