Perú: Violaciones correctivas a lesbianas, la pesadilla de la que no se habla

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Mary lleva tres años en Argentina. Tres años de dolor, rabia y silencio. Sin amigos y sin familia, esta peruana de 23 años vive en una pensión y trabaja en una tienda de ropa. Se marchó y no piensa volver. Su primo la violó ‘a pedido’ de sus padres. Acudió a denunciar y el policía a cargo empezó a burlarse. “Ah… por machona”, le dijo. Mary regresó a su casa a llorar. Golpeó la pared con sus puños hasta verlos sangrar. “Mi madre me encontró besando a mi pareja y se lanzó a pegarme, me jaló los cabellos y me insultó. Luego mi padre me amenazó, mi hermano me pateó”. Así empezó la pesadilla. No le perdonaron ser lesbiana y querían ‘curarla’.

Una tarde, Mary llegó a su casa de Bellavista. No había nadie. Le pareció extraño. Al rato tocó la puerta su primo Manuel. “Yo le tenía confianza porque muchas veces se quedaba en mi casa. De pronto me empezó a tocar, y a decirme que me iba a enseñar a ser mujer, que me haría mujer”. A las tres de la mañana, golpeada y vejada, Manuel se fue.  Cuando ella le contó a su familia, el padre dijo: “Me alegra que te hayan dado una lección”. Meses después, con ayuda de una tía, Mary se fue a Argentina. Ni se despidió de su pareja por vergüenza. Sus días y sus noches son una pesadilla. No olvida.

Otra fue la historia de Kattia Montenegro, una estudiante arequipeña. Su hermana la amenazó con mandarla a violar para que se haga mujercita. Kattia no se quedó callada. Vivió un infierno, pero denunció el hecho y se salvó de una violación correctiva.

Ver A Kattia la amenazaron con hacerla “mujercita” y esto fue lo que pasó

En el libro “Hey, Soy Gay”, la activista Marxy Condori, del Movimiento Lesbia de Arequipa, denunció que una amiga lesbiana fue violada por su tío “para hacerla mujer”. Esa es la idea casi siempre: ‘transformala’ en mujer, ‘hacerla’ mujer, ‘curarla. “La mamá le decía que no denuncie porque era su tío. Y nosotros le decíamos que si no denunciaba podía volver a pasar, que su familia no podía presionarla”. El caso llegó al centro de emergencia de la mujer del Ministerio de la Mujer. No todas las chicas se atreven a romper el silencio.

LA IMPUNIDAD FRENTE AL HORROR

La violación correctiva (en inglés corrective rape) es un eufemismo para dar cuenta de la violación de lesbianas por parte de hombres para cambiar la orientación sexual de la víctima o “hacerlas mujercitas”.

Si bien en Sudáfrica es una práctica frecuente (que la psicóloga sudafricana Kerry Frizelle considera como crimen de odio debido a que la víctima  es discriminada de forma doble por su sexo y su orientación sexual), en Latinoamérica y específicamente en el Perú ocurren casos que se guardan en silencio.

La socióloga Lucero Cuba explica que estos casos ocurren por el nivel de machismo y lesbofobia “que sitúa a los cuerpos de las mujeres como propiedad de los intereses masculinos, lo cual es evidente desde el hecho que vivimos la violencia sexual cotidianamente cada vez que salimos a la calle (acoso sexual)”.

Y advierte que la invisibilización del problema y la inacción del Estado frente a esto permite que los casos de violaciones correctivas queden en la impunidad.

Si bien la mayoría de casos ocurre en África, lo cierto es que en el Perú muchas lesbianas, sobre todo de zonas rurales, son amenazadas o viven esta pesadilla. ¿Qué información tienes sobre el tema?

–Sobre la situación de las lesbianas en zonas rurales, lamentablemente, hay muy poca información. Las violaciones hacia lesbianas por el hecho de serlo, denominadas violaciones “correctivas” por la intención del violador de convertir a la lesbiana en una “mujer correcta” heterosexual, son crímenes de odio, y el conocimiento que tenemos sobre casos de violaciones sexuales hacia lesbianas los tenemos, muchas veces de manera informal y no sistematizada, a partir de lo que se reporta a través de redes de activismo, de organizaciones que trabajan temas de violencia sexual en diversas regiones del país, o de lo que aparece en medios. Los casos que personalmente conocí fueron de personas que, debido a que habían pasado ya varios años desde el hecho (algunos de hace décadas), no existía ya la menor intención de denunciarlos. Sobre las denuncias por violación sexual que maneja el Estado, no sabemos en cuáles de esos casos se trataría de violaciones correctivas, correspondería realizar la indagación.

Pensamos que no ocurre en Lima, pero en el informe de No tengo Miedo (PDF) se mencionó que ese era un temor de las chicas lesbianas encuestadas. 

–El 3,5% de ella devela, en sus testimonios, haber vivido amenazas de violencia sexual. Considero que, en general, la invisibilización y desatención que hay con respecto a las violaciones sexuales es terrible. Lo que sucede en Lima es que es la región donde más se denuncian los delitos de violación sexual (24 mil de un total de 63 mil nacional, según el estudio Violaciones Sexuales en el Perú 2000-2009), pero esto no significa que el problema sea más o menos agudo, solo significa es que es más probable que un caso de violación sexual sea denunciado. Los casos de los que personalmente he escuchado han sido de Lima, pero sé por compañeras que trabajan temas de violencia sexual en otras regiones que también aparece el tema de las violaciones hacia lesbianas. No podemos saber qué tan recurrente es el problema por áreas geográficas, pero lo que sí sabemos es que, de todos los casos que hemos escuchado por testimonios, prácticamente ninguno terminó en denuncia. Si una mujer lesbiana que ha sido víctima de una violación “correctiva” va a la comisaría a sentar la denuncia, hay altas probabilidades de que a) no explicite que se trató de una violación correctiva pues eso implicaría explicitar su propia orientación sexual, lo que sabemos que aún sigue siendo muy difícil por la lesbofobia, o de que b) aún si hiciera explícito que fue una violación correctiva, los efectivos no tomen en cuenta ese dato y consignen una violación sexual sin el elemento de odio lesbofóbico o, peor aún, que no quieran recibir la denuncia porque, finalmente, “se lo merecía” (aunque parezca increíble, sabemos que sucede).

LAS HISTORIAS INVISIBLES

–La realidad de las mujeres lesbianas en el Perú frente a las violaciones correctivas y, en general, frente a la violencia sexual lesbofóbica es que en nuestro país sigue siendo un tema absolutamente invisibilizado y, mientras eso no cambie, los casos de violaciones correctivas seguirán sin ser denunciados, seguirán pasando desapercibidos, y los violadores continuarán gozando de total impunidad.

¿Se ha determinado de alguna manera quién es el principal agente que amenaza? ¿Ocurre dentro de la misma familia?

–No se ha determinado, debido a la ya señalada falta de información, pero podríamos pensar, a modo de hipótesis, que si las violaciones correctivas comparten características con las violaciones sexuales en general, es probable que el violador sea una persona con una relación con respecto a la víctima que le permite cierta cercanía y lo coloca en una posición de poder suficiente para ejerce coerción sobre la víctima y quedar impune (Violaciones Sexuales en el Perú 2000-2009); muy probablemente un familiar.

–¿Hay alguna investigación o estudio de casos?

–No. De lo que sí hay textos es sobre las violaciones correctivas en Sudáfrica, donde es un problema que se ha hecho visible y donde, al menos desde 1998, se reportan dichos casos como tales (Mieses, 2009). Pero si leemos lo que describen estos estudios encontramos que muy probablemente lo mismo podría estar sucediendo aquí. Por ejemplo, lo siguiente: “Las sobrevivientes de violaciones correctivas en Sudáfrica reportaron en su testimonio que los agresores, antes de la violación sexual, las amenazaban verbalmente con “darles una lección”, con enseñarles a ser “una verdadera mujer” y cómo se siente “probar a un verdadero hombre” (Gender inequality and corrective rape of women who have sex with women. Alexa Mieses, 2009). Se puede pensar, que así como en Perú este es un tema muy poco o nada explorado, aunque sí es un problema social vigente y urgente, podría estar sucediendo en otros países de la región.

NO OLVIDES A EUDY SIMELANE

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Eudy Simelane era una estrella del equipo de fútbol femenino de Sudáfrica. En abril de 2008 su cuerpo fue hallado en un parque. Un grupo de hombres la había violado. Se precisa que 28 puñaladas, en el pecho, la cara y las piernas, acabaron con su vida. Cuando se aborda los terribles casos de violaciones correctivas, la historia de Eudy regresa a la memoria.

Además de ser una de las futbolistas femeninas más conocidas, Simelane era una activista a favor de la igualdad y  una de las primeras mujeres en vivir abiertamente como lesbiana en Kwa Thema. Un informe de la ONG Action Aid, respaldado por la Comisión de Derechos Humanos Sudafricana, condena la cultura de la impunidad en estos casos. En ese año, se reportaban hasta 10 nuevos casos de violación correctiva cada semana. La cifra, increíblemente, no ha cambiado desde esa época, como se indica en este reportaje del año pasado, donde el portavoz de Colegas, Paco Ramírez, refiere que “en África son muy habituales este tipo de correcciones; piensan que así les hacen un favor, las curan”. Terrible panorama.

La historia de la futbolista es dramática, pero no es la única. Un reportaje de Clare Carter para The New York Times pone en la mesa la serie de casos impunes en la tierra de Eudy.

En diciembre de 2009, Zukiswa Gaca fue ultrajada. Foto:  Clare Carter
En diciembre de 2009, Zukiswa Gaca fue ultrajada. Foto: Clare Carter

Es preciso conocer qué pasa en el Perú. ¿Cuántas mujeres como Mary han escapado del terror? ¿Cuántas chicas como Kattia Montenegro lograron salvarse de una ‘violación correctiva’? ¿Cuántas lesbianas son obligadas a no denunciar al tío, primo o familiar que se atrevió a ‘curarlas’?

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