Escrito por el Colectivo Unión Civi ¡Ya! 

No habremos sido más de 15, tal vez hasta 10, los activistas que, una tarde de febrero de 2014, nos juntamos a conversar sobre la que, meses más tarde, se convertiría en la primera Marcha por la Igualdad en Perú. El objetivo era uno: impulsar la campaña de apoyo de la Unión Civil llevando a las calles a la mayor cantidad de personas que pudiéramos llevar; pero no podíamos imaginar que la realidad superaría todas nuestras expectativas.

NUEVOS SUEÑOS

La primera Marcha por la Igualdad fue uno de los primeros puntos de partida para el debate nacional del proyecto de Unión Civil: dinamizó la agenda política nacional y por primera vez las vidas de las parejas del mismo sexo fueron objeto de discusión en las mesas, las casas, las calles y los medios. La segunda Marcha por la Igualdad, aparte de posicionar una vez más los derechos LGTBI en la agenda política y mediática, generó algo más: un nuevo inicio de una lucha renovada y rejuvenecida, protagonizada por una generación nueva, bastante joven y aguerrida. Son nuevas caras, nuevos deseos y nuevos sueños que encontraron su punto de partida cuando muchos creían que con el archivamiento del proyecto de ley de Unión Civil terminaría nuestra lucha.

La campaña por la Unión Civil impulsó el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo, lo cual sirvió de plataforma para hablar de más demandas de la población LGBTI como violencia y discriminación, identidad de género, situación de desprotección y hasta matrimonio y adopción. Hemos visto con emoción el surgimiento y empoderamiento de nuevos colectivos, en Lima y regiones, que impulsan demandas propias con estrategias diversas, todas alrededor de la igualdad para personas LGBTI. Tras el archivamiento del proyecto de ley surgió una nueva idea en torno a la temática de la II Marcha por la Igualdad: ¿qué será lo que impulse la marcha en esta nueva oportunidad? La respuesta fue una sola: igualdad plena, y para lograrla debíamos exigir respeto total a nuestras vidas y la garantía completa de todos nuestros derechos. Así, la II Marcha por la Igualdad no solamente impulsaría un proyecto de ley, sino una demanda integral y propia que sentimos que la población comenzaba a entender: que no existe justificación alguna para la discriminación, y que todas las personas, absolutamente todas, tenemos derecho a llevar vidas dignas, por lo que el trabajo de cualquier congresista, presidente y demás autoridades es el de garantizar nuestros derechos, no quitárnoslos.

 

La marcha #TomaLaCalle, que se llevó a cabo días antes del debate, continuó el impulso mediático que la Vigilia de #130motivos por la Unión Civil inició para el 2015; tras lo cual se organizó el plantón frente al Congreso mientras la Comisión de Justicia y Derechos Humanos debatía, y archivaba, el proyecto de ley. Fue en este plantón que muchas y muchos salieron del clóset en defensa de su libertad y dignidad, haciéndose visibles y negándose a esconderse un minuto más. El pico más alto llegó con la marcha #Indígnate, en respuesta al archivamiento del proyecto de ley de Unión Civil: vimos que había que actuar rápido para canalizar la indignación, y en solo tres días se organizó esta marcha. Todas estas movilizaciones demostraron a la sociedad peruana que cada vez hay más personas dispuestas a salir a las calles a exigir sus derechos, porque realmente cada vez somos más los que comprendemos que el campo de lucha de la protección de nuestras vidas es justamente el campo de la política.

UNA NUEVA GENERACIÓN DE DEFENSORES Y DEFENSORAS

Un número impresionante de voluntarias y voluntarios que donaron su tiempo y sus recursos para pintar pancartas, organizar comisiones de trabajo, vender productos para financiar el evento, ordenar la movilización, difundir la actividad y un largo etcétera. Miles de personas empoderadas en Lima, Cusco, Arequipa, Iquitos y Trujillo, batallando por sus derechos, muchas de las cuales nunca antes habían participado en una movilización LGBTI y tomaron esta oportunidad para hacerse visibles y ser escuchadas. La Plaza San Martín en Lima estuvo repleta de personas gais, lesbianas, bisexuales, trans*, heterosexuales y otras identidades, siendo miles de personas unidas en la demanda por la igualdad.

Se logró, con muchísimo esfuerzo, llevar adelante un Concierto por la Igualdad que contó con la participación de personajes políticos, artistas de la comunidad LGTBI y artistas aliados (quizá no todos lo que quisiéramos, y quizá en un futuro cercano podamos lograr un Festival por la Igualdad de varios días, ¡quién sabe!). No ha sido fácil organizar una movilización y un evento de la envergadura de la II Marcha por la Igualdad, ni con toda la anticipación con la que comenzamos a gestionar permisos, donaciones y la puesta en marcha, sorteando trabas administrativas, dificultades técnicas y deudas logísticas que aún quedan por saldar. La II Marcha por la Igualdad no ha estado exenta de críticas desde el propio movimiento LGBTI, las cuales acogemos con humildad para traducirlas en nuevas y mejores maneras de impulsar la demanda por la igualdad plena desde nuestro colectivo y desde nuestro activismo. Comprendemos que nuestro objetivo final es una sociedad justa e igualitaria, y que debemos luchar para erradicar todo tipo de discriminación y violencia, no solo contra la comunidad LGTBI, y que, para lograrlo, las diferentes organizaciones tenemos que continuar el arduo trabajo que venimos haciendo, entendiendo y respetando nuestras diferencias, pero asegurando espacios de lucha conjunta y diversa.

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Solo queda por resaltar una de las ganancias sociales más importantes de la Marcha por la Igualdad, la cual va más allá del debate nacional, la aparición en medios de prensa nacional e internacional, y la producción del concierto: hemos ganado una nueva generación de defensoras y defensores de la igualdad con cada persona que salió a marchar, que habló de sus derechos, y que se comprometió a no volver a esconderse ni a vivir en el silencio. Ganamos el inicio de una generación visible, empoderada y libre, hambrienta de participación política y de representatividad propia, y orgullosa de luchar y de no rendirse. Nadie nos puede quitar aquello que todas y todos hemos ganado estos últimos años. El sábado 11 de abril de 2015, ustedes y nosotros hicimos historia: disfrutémoslo, inspirémonos y sigamos luchando, aquí, ahora y siempre. Qué viva la igualdad y qué viva el Perú.

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