Por Alejandra M.

Estaba absorta editando unas fotografías mientras tarareaba la canción Cuidarte el Alma de Chayanne. “…Solo si pudiera estar contigo, tú dormida entre mis brazos y mirarte en el silencio / Solo si pudiera dibujarte una escena de mis sueños donde siempre estás presente… con solo tenerte aquí, decirte lo que yo siento…” . Tal sería mi inspiración que mi hija que jugaba con sus muñecas en el piso, mientras yo tecleaba en la computadora, de repente me lanza esta flecha: “Mami, ¿tú estás enamorada? Sería la primera de la batería más importante de preguntas que persona alguna me haya hecho. Esto ocurrió la tarde-noche del primero de abril.

–Sabes que una como mujer necesita del amor, pero, yo te amo mucho.

–Yo también te amo mucho.

–Las personas adultas nos complementamos con el amor de pareja.

–¿Tú quieres un novio?

–Quiero a alguien que me ame y con quién compartir sueños. Así esa persona sea una mujer.
Ups, primer frenazo. Un semáforo intermitente marcaba luz roja y verde, una y otra vez. Avanzo o me quedo.

Di el paso. Me gustaría que fuese mujer.

¿Mamá tú eres gay? Me lo dijo mirándome a los ojos con esa miradita llena de amor que me ha conmovido desde hace 10 años.

Ya no había marcha atrás. El día que sabía que llegaría, llegó. Sin avisar, sin planificarse. Aún sonando  Chayanne de fondo y gracias a la luz que se dibuja en mi rostro cuando pienso en ella. Giré de la silla, seguí sentada para quedar a su tamaño y  le dije: “Sí hija, soy homosexual. Deseo con mucha fuerza coincidir en esta vida con una mujer que me ame y a quién amar”.

MAMI, YO TE AMO MÁS ALlÁ DE LOS PLANETAS

Mi cuerpo temblaba. Ella callada con lágrimas que se asomaban en su rostro. Se abalanzó sobre mí. Me dio un abrazo que aún siento. Pero aún callada. Luego de largos segundos me dijo: “Mami tengo ganas de llorar pero también sé que estoy feliz por ti… Es una sensación extraña”. Nos fundimos en un abrazo y dejamos que nuestros cuerpos drenaran. Se separó de mí y se fue a su habitación. Yo temblando le di el espacio que tácitamente me había pedido. Ella siempre ha sido una niña dócil y de corazón noble. Quienes nos conocen dicen que he hecho un excelente trabajo como madre. La espera ya era angustiante. Y la pregunta ¿habré hecho bien? me golpeaba el cerebro.

Sin sentirla llegó y me abrazó por la espalda, yo aún seguía frente al computador, ya no sonaba Chayanne ni yo veía nada. Mi corazón palpitaba como nunca, solo quería sentir que todo iba a estar bien. Nos pusimos frente a frente y dijo estás palabras que fueron un bálsamo a mi espíritu: “Mami yo te amo más allá de los planetas, lo sabes. No sé cuánto tiempo estemos juntas por eso quiero verte feliz todo el tiempo que estemos juntas. Y si te hace feliz amar a una mujer yo no tengo problema con eso. Por encima de todo te amo y quiero que seas feliz”, reiteró.

Un nuevo abrazo nos hizo una. Ahora el llanto era distinto. Era de liberación y renacimiento. Ya nada importaría. Sí quien más me importa quiere verme feliz, pues ya el camino estaba trazado.

Luego otra serie de preguntas, se nota que es hija de periodista.
Mamá y ¿por qué nací yo? ¿Desde cuándo eres gay? ¿Te has enamorado de alguna mujer? ¿Quiénes lo saben? ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Hay ahorita una persona que te guste? Para todas hubo respuesta. Acá sólo diré lo que siempre le he dicho a ella. Que fue concebida con amor, que eso no cambiaba.

Luego, vino un momento distendido y hasta jocoso hurgando en mis amoríos lésbicos.
Era la hora de cenar. Por iniciativa de ella cocinamos juntas. Era un día especial y había que celebrar. Mientras comíamos resolvió que cuando yo le presente a mi novia ella le hará una serie de preguntas. “Mami debo asegurarme que sea una persona que te ama y que te merece”, ya en tono relajado.
El ambiente también sirvió hasta para que me confesara que le gustaba un niño de su salón.

Cada una volvió a su rutina nocturna en el hogar.

Mi hija ha sido criada en tolerancia y respeto hacia las personas homosexuales y trans, ahí podría estar la base de su reacción, además de que estamos enlazadas por ese hilo imaginario que es el amor.

Ella, a sus 10 años, va en camino de convertirse en activista. Antes de conocer la orientación sexual de su mamá ya había defendido a un compañerito a quién le gritaban pato. Ella se quedó a su lado y él le preguntó ‘por qué estás aquí’. Ella dijo: “Porque eres mi amigo y no te veo cara de pato”. Se abrazaron, rieron y jugaron. Esa es mi hija. Y, ¿qué pasa conmigo? Un momento a la vez. Al que lo pregunte no lo ocultaré y cuando encuentre a esa persona especial me tomaré de la mano en la calle orgullosa de ser lo que soy.

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