El amor de Almendra es más grande que toda tu transfobia

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Fotos: Renzo Salazar

A los nueve años cuando sus padres salieron de su casa fue al cuarto principal, abrió una cómoda y en el cajón de la ropa interior sacó un sostén de su madre, se lo puso y al voltear a verse en el espejo, el reflejo de su propia persona ya no estaba. Había una niña delante de él. Carlos Gomez por un momento se esfumó.

–Ay, esa sensación me agradó pero tanto que ha sido mi sueño. Solamente con un sostén, y ahí empecé a vestirme más y más.

Almendra Pamela Gomezzi es una chica trans. Es artista profesional y empresaria. Por mucho tiempo fue Carlos pero hoy es Almendra. Tiene su novia llamada Laura de la cual se separó por mucho tiempo, pero hoy están juntas de nuevo y con futuros planes de matrimonio.

A veces quería ser una niña pero esto no la mortificaba, seguramente era algo pasajero o cosas de su imaginación. Cada vez que veía a su madre arreglarse, pintarse las uñas, maquillarse, ponerse tacos  de nuevo se encendía ese deseo, no pasaba lo mismo cuando veía a su papá arreglarse.

“Yo veía arreglarse a mi mamá tan bonita y decía: yo quiero ser como ella. No como mi papá, que también era coqueto. Yo decía: ay, algo pasa yo quiero seguir con mi vida. Seguro es un sueño”, recuerda Almendra.

 

A los 6 años inició un curso de música y de inmediato sus profesores vieron su talento. A los 11 años ingresó al conservatorio de música y a los 16 ya estaba en la escuela profesional. ¿Su instrumento? La guitarra.

“También dentro del conservatorio estudié piano complementario, dirección coral, orquestal. Profesionalmente toco solo guitarra clásica y eléctrica pero he hecho grabaciones y bandas con bajo electrónico y teclado. También he tocado la batería en un grupo”.

CHICA-CHICO

En la etapa de la adolescencia, el cuerpo de Almendra empezó a cambiar. “No me gustaba mucho pero entiendo que en ese momento de mi vida no había nada de información, no había Internet, no había grupos o comunidades”. Estaba sola en su búsqueda.

Almendra trató de hacer su vida como chico y “creo que lo logré y me gustó”. Estudió como chico, hizo toda su vida como Carlos, terminó muchos estudios, hizo conciertos, musicalizó obras de teatro, y enseñó en varios colegios. Sus ingresos económicos eran medianamente altos y aún vivía con sus padres.

“No se me ocurrió en ese momento operarme y menos mal que no se me ocurrió operarme. Bueno, voy a vivir mi vida como chico me dije. Me compré un par de motos pisteras, una Honda 2050 y una Kawasaki 400″. Almendra la pasaba bien como chico, le gustaba arreglarse, peinarse bien, comprarse ropa bonita. Era un chico simpático y metrosexual. Igual no podía dejar de ser ella, así que a veces salía con las motos como chico y otras como chica”.

Sus papás no sabían que ella era Almendra. Era bien fácil. Se iba a un hotel en Los Olivos, al norte de la ciudad de Lima, que le costaba como 20 soles. Se arreglaba y emprendía su camino. Cada vez que podía era Almendra, tenía una identidad femenina.

Hoy ya dejó las motos y tiene un auto Acura con el que hace piques: “Me gustan los ilegales, no le encuentro sentido a los piques legales. En los ilegales gana el que tiene más pericia. Corro usualmente cuando regreso de la playa un domingo antes de las 3 de la tarde para que no haya tráfico”.

Almendra no se operó nada. Sus tonificadas piernas, sus pechos y su rostro femenino son producto de ejercicios y de las hormonas. Ni siquiera tiene la operación láser.

“Tengo que afeitarme como cojuda todas las mañanas. No me quita el sueño pero alguna vez quiero hacerme el láser en la cara”, cuenta y menciona que si bien ella se identifica como chica todo el tiempo, a veces le conviene ser un chico.

Cada vez que tiene que darle mantenimiento a su auto se pone un pantalón y una camisa: “Nadie sospecha, no soy amanerado, puedo tener toda la actitud de un hombre”. Si no hace esto le pueden llegar a cobrar el doble o el triple solo por ser mujer.

–Me gusta meter la mano en el motor, me gusta aprender. Como es un auto deportivo piensan que la plata es de mi papá y que yo no se nada”.

EL AMOR

“Deseo cerrar mi vida con ella, quiero que todo me vaya bien y vivir con ella hasta el final de mis días”, cuenta Almendra mientras le brillan los ojos. Laura es aquella chica a la que le pidió matrimonio y por la que decidió en un momento llevar su vida como Carlos. No funcionó.

Hace aproximadamente diez años, Almendra vivía en Barranco. Unos amigos la invitaron a un concierto, pero por la hora no tuvo tiempo de arreglarse y fue como Carlos. “No me sentía tan auténtica. Estaba trabajando porque estaba aburrida”, rememora. Salió al patio para fumar un cigarro y una chica con un estuche de guitarra vacío le llamó la atención. “Hola, ¿también eres músico?”, fue lo primero que le dijo. Laura no era música pero su hermano estaba tocando. Rápidamente Almendra, o en ese momento Carlos, habló con la gente de producción para subir a tocar pese a que no estaba en el programa. Quería impresionarla.

Empezamos una relación amical que duró un mes y luego fuimos enamorados. Cuando estuve en una relación con ella yo me vestía de hombre solamente para verla, regresaba a mi casa y me vestía como chica, nadie nunca se enteró. 

Le encantaba tanto Laura que decidió cometer una locura. Le compró un anillo y le pidió la mano. Ella aceptó. Cuando regresó a su casa se sentó en la cama de su cuarto y enumeró las opciones que tenía: decirle que era Almendra o dejar la vida de mujer y ser Carlos.

–Como yo la amo tanto elegí la segunda opción, regalé toda mi ropa y vendí otras cosas.

Nunca vendió el anillo.

Las cosas no fueron bien. Al vivir juntos no se sentía cómoda, no podía vestirse de mujer como lo hacía antes. Laura se dio cuenta y decidieron darse un tiempo. Almendra perdió las esperanzas de volver con Laura, tomaron caminos distintos y otras personas pasaron por su vida.

OLVIDARTE NUNCA

Después de cinco largos años soñó con Laura y le mandó un mensaje por Facebook. La respondió rápidamente y decidieron encontrarse. No iba a cometer los mismos errores que antes. Sin rodeos le contó la verdad y la reacción fue mejor a la esperada: ¡QUE BIEN TE VES MALDITA!.

Ese día se quedaron largo tiempo conversando y en menos de un mes nuevamente estaban en una relación. El día más importante llegó cuando Laura vería por primera vez a Almendra vestida de mujer. Se encontraron y ella fue a arreglarse, maquillarse y vestirse. Laura seguía amando a Almendra y Almendra también amaba a Laura.

Pero, ¿Laura iba a poder vivir toda su vida con una mujer trans toda su vida? Almendra no estaba segura de eso. Sus dudas fueron respondidas el día de la primera Marcha Por la Igualdad. Delante de 15 mil personas, Laura le pidió matrimonio, ya no le importaba nada.

“Yo soy una chica trans femenina y tengo una relación con una mujer biológica. Eso me hace ser lesbiana y quiero cerrar mi vida con ella. Si la gente lo entiende o no, honestamente, me llega al pincho”. Así explica Almendra la diferencia entra identidad de género y orientación sexual.

En este año se van a casar. Almendra en su DNI figura como Carlos Gómez y le sacará provecho. Se casará con Laura civilmente vestida de mujer: “Quiero meterle el dedo al poto a todos los conservadores, por eso me voy a casar”.

Almendra quiere darse a conocer porque hay otras historias como esta que aún no se conocen. “Las chicas trans podemos aportar miles de cosas muy positivas a la sociedad”.

Le gustaría enseñarle que las personas trans son fieles y pueden sostener un compromiso. “No somos ni mejores ni peores, somos diferentes. Pero tenemos dones”. Almendra es una mujer trans pero nada de eso tiene que ver con su profesión. “Yo no hago música con mi chala. Yo hago música con el alma, ni siquiera con mis dedos”.

Su vida no ha sido fácil y sin todo el esfuerzo y empeño que ha tenido no hubiera logrado nada. Es música profesional y vive de eso en un país del tercer mundo. “Las cosas son posibles cuando tu las deseas con el corazón”, dice.

EL DOCUMENTAL 

Almendra se involucró en el proyecto de su propio documental. Dirigido por Jorge Baldeón, la pieza audiovisual retrata de una forma muy humana su vida. La producción es totalmente impecable y son 21 minutos completamente bien invertidos.

“Mientras más diversidad de cuerpos, galaxias y planetas existan, el universo será más rico y complejo. En un universo infinito todo lo que puede ser imaginado podría existir”. Así empieza el video. Esa es la vida de Almendra, y de otras mujeres que seguro están en la sombra.

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