“En una noche tan linda como esta cualquiera de nosotras podría triunfar, ser coronada Miss Venezuela, en una noche tan linda como esta…”.  Como muchas niñas venezolanas, la pequeña Zaid Valentina también soñaba a sus 9 años con ser coronada Miss Venezuela. Era un sueño bello, que la transportaba, que la hacía sentir como realmente quería ser.

Corría el año 1996 y Alicia Machado conquistaba para el país la cuarta corona de Miss Universo, luego de su salida apoteósica en el desfile de traje de baño y tras una década de sequía de triunfos en este evento internacional.

Ahí estaba Zaid Valentina Díaz frente a la pantalla del televisor en su casa. Se imaginaba desfilando en los escenarios. Se imaginaba miss. Esa persona que soñaba con ser miss se sentía tan niña como sus compañeritas de colegio y de juegos, a pesar de que las demás personas la llamaran por un nombre con el que ella no se sentía cómoda.

“La primera vez que participé en un concurso de belleza y colocaron el himno del Miss Venezuela, porque lo hacen tal cual, a mí se me salieron las lágrimas, porque yo sentía que estaba viendo un sueño. Siempre soñé ser modelo, quería ser Miss, desde pequeña cuando veía los concursos quería estar ahí. Cuando salgo a la pasarela me siento realizada, feliz, me siento yo. Es un momento indescriptible que abarca muchas cosas, emoción, felicidad, alegría y satisfacción”, nos comenta esta joven margariteña, nacida en el pueblo de El Tirano, tierra de pescadores.

ÉPOCA DIFÍCIL

Zaid Valentina

Pero no todo en su vida ha sido flash, luces, trajes de gala, escenarios y aplausos.

Aunque hoy se siente una mujer realizada que puede caminar por la calle con la frente en alto, orgullosa de quien es, su infancia, y especialmente, la adolescencia no le traen tan buenos recuerdos.

“Mi infancia fue feliz pero como todo, tiene su parte turbia. Mi papá es pescador, mi familia paterna tiene muy arraigada la cultura machista, hasta las mujeres son machistas. Mi papá siempre se encargó de inculcarme – no de buenas maneras– que si yo nací varón tenía que hacer cosas de varones. Eso fue duro porque crecí haciendo cosas de niños, como cualquier niño, pero siempre sintiéndome niña”, cuenta.

La imaginación juega parte fundamental en la vida de las trans.

–Nos sentimos mujeres pero nacimos hombres. Crecí haciendo cosas de varón, me iba de campaña a pescar con mi papá, le colaboraba en sus cosas. Siempre me sentí una niña fuerte, una niña que podía hacer lo mismo que un hombre, que podía estar a la par. Una tía que fue mi admiración, era una mujer decidida, la que nos defendía, la que decía que la mujer nunca debía depender de un hombre.

Miss  Venezuela

“Para mí ella encajaba en como yo me sentía. Podía ser mujer, pero eso no significaba que debía ser débil, sino luchadora. Que igual podía arreglar un bombillo y eso no significaba que dejaba de ser mujer”, relata en una conversación amena y franca en una panadería de la isla de Margarita.

Hoy esta hermosa morena atesora  ocho coronas regionales y nacionales en diversos concursos de belleza LGBTI en los que ha participado: “Mi fuerte es mi pasarela y mi actitud es: yo salgo a comerme el mundo”.

 HOY ES LA NIÑA DE LOS OJOS DE PAPÁ

Dice comprender el comportamiento de su papá. Los días de maltratos y de forjar a la fuerza algo que era imposible cambiar quedaron atrás.

“La sociedad lo enloquecía”, señala.

–Mi papá es un hombre que no tiene ni buenas ni bonitas maneras para decir las cosas, es tosco, ordinario. Sin embargo, hoy en día soy su niña consentida, él está muy pendiente de mí, y no da un paso sin primero consultarlo conmigo, soy su orgullo.

Zaid actualmente es una destacada estilista que se siente agradecida por el cariño de la gente: “Si yo decidiera ser concejal en mi municipio, gano, por la cantidad de gente que conozco y que me quiere”.

LA TRANSFORMACIÓN

Miss Venezuela

Era 31 de diciembre de 2012. Aún no tenía lo que los venezolanos llamamos los estrenos para recibir el nuevo año. “Bueno, sí tenía ropa nueva, pero todo era de mujer. No me había comprado nada de hombre”. Hasta ese momento, solo los fines de semana lucía como en realidad se sentía.

Así que decidió recibir el 2013 vestida de mujer y si lo hacía, ya no volvería a ser hombre: “Cuando mi mamá entró a mi cuarto y me vio, ella solo pensaba que yo era gay y me aceptaba tal cual era, lo que no sabía es que me sentía mujer. Ella me preguntó y para ¿dónde vas? A celebrar con ustedes, le dije. Mi mamá me respondió: “Te apoyo”. Y dijo: ‘Vive tu vida porque tú eres una hermosa mujer'”.

Emocionada, dice: “Le doy gracias a Dios por la mamá que tuve, soy lo que soy gracias a mi mamá, porque el día que yo le dije a mi mamá ‘sí, yo soy homosexua’, ella lo que me dijo siempre lo supe, solo esperaba que tú me lo dijeras, sin cuestionarme”.

–Luego cuando le confesé que en realidad me sentía mujer. Ella me dijo si tú quieres ser gay, mujer, hombre, lo que desees ser, solo te pido que tengas valores y que siempre te valores a ti misma que no esperes que alguien te valore. Que cuando tú pases por la calle la gente diga ¡wow! mira a aquella mujer que va caminando y no el marico ese, no puedes permitir que nadie te pisotee.

Esas fueron las palabras de esta noble mujer que, próximamente, tendremos en Sin Etiquetas, ejemplo de cómo el amor puede romper barreras y estigmas sociales.

LO DIFÍCIL ERA MI VIDA ANTERIOR

–Antes cuando yo iba por la calle y veía a un grupito de gente cruzaba la acera porque no me gustaba que me vieran, pero ahora luciendo completamente como mujer y no me da pena nada, camino libremente, soy yo. Lo difícil era mi vida anterior. En los trabajos me aceptaban como gay, pero cuando quería ir como mujer me decían que no, esa fue una parte difícil.

Cursó hasta el bachillerato, sin embargo, no quiso ir a la universidad, no por temor a ser rechazada sino “porque no quería hacerle gastar dinero a mi familia. No me llamaba la atención ninguna carrera, yo quería modelar y luego ser estilista, en eso me formé. Fui a Caracas e hice varios cursos. Hoy esa es mi profesión. 

Como persona trans tiene tres años: “Aunque siempre fui una niñita, usaba ropa de hombre ajustadita”. Al preguntarle sobre lo más difícil de la transformación. Esta fue su respuesta: “De la transformación nada ha sido difícil porque lo difícil era vestirme de hombre. Cuando me tocaba comprarme ropa, nada me gustaba, o caminar por la calle, me sentía muy incómoda. Vivía fingiendo. El día que decidí vestirme de mujer, no solo los fines de semana y entre amigos, sino lucir en todo momento como mujer, me sentí yo, liberada”.

Actualmente está concentrada en lo que más desea para ella: “mis lolas”. Ha dado un paso al costado con respecto a los concurso de belleza. “En Venezuela no hay certámenes para transexuales, sino solo concursos que llaman el arte de la transformación”.

LAS MÁS ATROPELLADAS

Hoy, 17 de mayo, cuando el mundo alza su voz contra la homofobia y la transfobia, Zaid Valentina sostiene que aún falta mucho camino por recorrer en el país. Aunque, a su juicio, no toda la responsabilidad es del Estado o de los gobernantes, que sí tienen una deuda gigante con la población trans al no garantizarles como mínimo el derecho a tener una identidad. Para ella también es importante que las personas trans se hagan respetar en los espacios donde se desenvuelven.

–Las personas trans somos las más atropelladas por la sociedad. No solamente somos excluidas de la sociedad hetero sino por los mismos homosexuales que le tienen fobia a las transexuales y ellos mismos se encargan de discriminar, sin saber que a la larga somos una misma sociedad.

Esta mujer  no necesita hacerse una reasignación de género para sentirme fémina.

Aunque respeta a quienes deciden tomar la vía de la prostitución, ella cree que “sí podemos abrirnos caminos y desempeñarnos en otras actividades. No digo que todas, pero muchas trans no sienten respeto por ellas mismas, entonces, cómo pueden ser aceptadas así por la sociedad. Se visten como mujer pero no representan la esencia de ser mujer, esa que se da su puesto, que se valora que exige respeto. Hay muchas trans que andan por la calle siendo sinónimo de burlas, por eso nos engloban a todas y nos señalan”.

Zaid Valentina, que hoy se considera afortunada porque está viviendo lo que siempre deseó, tiene al lado a un hombre que ama y la ama.

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