Quito LGBTI : Cuando el sol se pone y llega la farra

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Por Christian Flores (*)

Durante la semana nos encontramos con los típicos problemas de oficina o estudio y, por lo general, nos causa mucho estrés y esperamos con demasiadas ansias que llegue el fin de semana para poder tener un momento de relax con amigos, compañeros de oficina y en algunos casos con nuestra pareja. Para la comunidad LGBTI de Quito las opciones son muy variadas en precios y sitios, pero siempre se tiene un espacio para la diversión y el entretenimiento.

Disco Radar

 

RADAR

Era viernes, un día común y cualquiera, sobre la zona rosa capitalina corría un frío viento y de poco a poco estaban llegando las personas a este sitio de diversión donde se encuentran más de 200 bares entre heteros y gays. Ya eran alrededor de las 6 de la tarde y ya se veía gente ‘enternada’ o con uniformes, señal de que salían de sus trabajos e iban a quitarse el estrés de la semana. Los promotores de las discos se acercaban a cada grupo para llevarlos a su bar mientras seguían llegando las personas, esta vez se trataba de estudiantes seguramente de las universidades aledañas a este sitio. Caminando para la Diego de Almagro y Mariscal Foch me encuentro con el primer bar gay, era mi primera parada. Este bar tiene el nombre de Radar y por afuera tiene una fachada de casa verde con la bandera LGBTI en un punto alto de la casa, ya se encuentra una pequeña fila de personas que quieren entrar y mientras esperan los grupos van llegando y van saludando. Una vez adentro del bar se puede escoger lo que uno quiere hacer, este sitio cuenta con dos pisos y un patio posterior. En el piso superior se encuentran dos salas de karaoke, una sala para conversar y una sala en donde se encuentra una pequeña mesa de futbolín. En la parte baja se encuentran dos pistas de bailes, además de salas para poder tener un dialogo ameno y el patio posterior para los fumadores en donde también hay mesas.

Eran alrededor de las 8 del viernes, salgo a la puerta para encontrarme con un amigo y veo que las puertas ya se encuentran cerradas. El sitio estaba a reventar y tenían que esperar a que salga un grupo de personas para que entre otro. Los precios en este lugar son muy accesibles y el rango de edades de las personas que acuden son desde los 18 hasta los 27. Llegaron las 10 de la noche y fue hora de partir, la noche apenas iniciaba y mi siguiente parada era la Disco Bitch. A mi lado salieron un gran número de personas que se iban a diferentes discotecas alternativas. En Quito este tipo de discos abren a las 10 de la noche.

Disco Bitch

La Disco Bitch

Bajamos una cuadra hasta la avenida 6 de diciembre, algunos se sentían un poco mareados pero aseguramos que fue por el frío, típico de una noche de viernes en la ciudad de Quito. Hicimos parar un taxi, un joven de 28 años era el conductor. Le preguntamos cuánto nos cobra hasta la 6 de diciembre y la Av. República y nos dijo $2 dólares. Sin dudar, nos embarcamos en él y le empezamos a hacer la conversa. Él nos preguntó si íbamos a alguna discoteca de la zona a lo cual lo afirmamos y concluyó diciendo que la farra en esa zona también es muy buena. En el trayecto veíamos como un grupos de chicos y chicas iban caminando hasta la Bitch. No es muy larga la distancia entre la Plaza Foch y la disco, unas 5 cuadras aproximadamente.

Ya estábamos cerca y le pedimos al conductor que nos deje en la parada de la ecovía La Paz. Una vez que entramos a la disco, vimos cómo ya se estaba formando una fila de ingreso. $7.50 tenía que pagar cada uno pero a cambio se disfruta de barra libre de ron y vodka hasta la medianoche. Además, este sitio es el favorito de una gran parte que visitaba la desaparecida discoteca Blackout, seguramente es por los DJs que se han ganado un gran amor y aprecio.

Diego Molina y Djanabelle (Anabelle Trujillo) son los encargados de poner la música. Tal como lo dicen, en la Bitch se vive una de las mejores farras de Quito. Ya en la discoteca, saludo a algunos amigos míos y me encuentro con Djanabelle, quien saluda muy amistosamente y al pedirle una entrevista accede con mucho gusto y en el dialogo que tuvimos nos cuenta que lleva unos 13 años dando música a la comunidad GLBTI. Lo que más le ha gustado de este ambiente ha sido la gente “Realmente a la gente no la distingo por sexo, si es hombre o si es mujer, yo amo a la gente que es sincera, a la gente que se divierte y yo en este mundo he encontrado a tantas amistades que son tan lindas que yo me he compaginado totalmente con ellos {…} yo me siento como, grupo humano, más parte de ellos que sin serlo, yo soy una gay de corazón” , dice.

Anabelle Trujillo también ha sido parte de las marchas del orgullo LGBTI durante tres años. Es una figura muy querida que toca en la Disco Bitch: “Cuando tu sales a una farra, ¿qué es lo que quieres escuchar? La música que a te gusta {…} yo te veo a ti y ya sé que canciones te gustan a ti y como darte gusto”, comenta. Más adelante me encuentro con Diego Molina y saluda como si fuéramos amigos de años, alrededor de las 11 de la noche el sitio se encuentra lleno en su totalidad. La gente sigue haciendo fila en la entrada para poder acceder a este local de ambiente.

La barra se encuentra llena, tragos vienen y tragos van, todos en la discoteca se encuentran con su vaso y bailando en la pista o en la tarima. Un grupo pequeño baila alrededor del tubo, mientras que en la parte de afuera se encuentran algunos fumando, bebiendo y conversando en los sillones del área de fumadores. Me voy un momento a las gradas para hablar por celular mientras tanto veo que la gente sigue subiendo al segundo piso para una noche de farra.

Me encuentro con una de las propietarias de la discoteca. Es Helena Muñoz, me acerco a ella y me saluda amistosamente. Cuenta que abrió la Disco Bitch porque vio la necesidad de que jóvenes tengas un espacio para su diversión, tengan una casa, puesto que en días anteriores había cerrado el Blackout. Helena se siente una madre para todos, dice que todos son sus hijos: “Desde el primer día lloramos, reímos juntos, nos abrazamos, desde el primer día abrí mis ojos para ellos, entonces fue amor a primera vista”. Entre risas nos cuenta que el nombre de Bitch nació con la idea de los DJ, recordando que uno de los DJ preguntó qué nombre se va a poner para las bitches (como dice de cariño) y quedó la Bitch y no se ha cambiado de nombre porque este nombre ha tomado fuerza. Una de las cosas interesantes de este sitio es que la Disco Bitch es un negocio familiar, siendo Helena la que administra.

Aquí también se puede encontrar un ambiente lleno de amor y de preocupación: cuando los chicos o chicas se encuentran mal saben estar pendientes –tanto Helena como Anabelle– para que no les pase nada.

2:30 de la mañana. Ya se va quedando la discoteca sin gente. Algunos se van a seguir la fiesta a otro lado.

Tercer Milenio “Hueco”

El sábado también es para una farra de ambiente, pero esta vez toca irse a otros sitios. Estamos en la discoteca Tercer Milenio o más conocida como “Hueco”. Esta es la discoteca de ambiente más antigua de la capital, tiene más de una década en funcionamiento y por ella han pasado la gran mayoría de LGBTI al menos una vez en sus vidas.

El día sábado Quito amaneció un poco frío, frío que duró hasta la noche, pero eso no era impedimento para continuar la farra, esta vez no hubo previa.

Son las 9 y 30. Tomé las llaves de mi auto y me dirigí hacia el “Hueco” en donde había quedado con algunos amigos. Mi emoción por entrar a los tiempos a esta discoteca era notable por la velocidad que iba en el auto y por cómo me había arreglado. Una vez en la zona rosa, me dirigí por toda calle Reina Victoria hasta llegar a la calle Baquedano, en donde enseguida me puse a buscar un estacionamiento y gran suerte la mía me encontré con un puesto justo en la puerta del local. Me prestaba a pagar al vigilante $2 dólares, pero tenía la garantía de que no le iba a pasar nada al auto.

Enseguida entré al local, me revisaron y pidieron mi cédula de identidad y pague los $6 dólares que cuesta la entrada, enseguida me dieron los dos tickets de canje para alcohol. Una vez adentro me encontré con mis amigos que ya estaban bailando, sonaba una canción de reguetón en ese momento. No me lo uní, preferí buscar un vaso de vodka y ponerme cómodo. El movimiento iba en aumento y cada vez había más gente que ingresaba a este local, las edades eran variadas – desde los 18 años hasta los 30.

“A quién le importa” en la voz de “Thalía” empezó a sonar y todos coreaban y bailaban esta canción, como el himno gay que es. El tiempo pasa rápido y no se siente, tanta música y en tan buen ambiente. Cuando saco mi celular para ver la hora me doy cuenta que ya son las 24h30 y que el local se encuentra lleno. Algunos ya conocen al dj y al dueño, son clientes frecuentes y han sido fieles a este sitio de diversión. Así mismo, Tercer Milenio ha participado de las marchas del orgullo GLBTI de años anteriores.

Ya es la madrugada y el bar se presta para cerrar, pero no sin antes poner música de los 90, canciones como Macarena, El Meneíto, entre otros,  forman una coreografía como si todos perteneciéramos a un grupo de baile. Esas canciones llevan a momentos nostálgicos a algunos, mientras que para otros son sus preferidas para terminar una buena fiesta.

El Hueco también cuenta con un nuevo local que se ubica en la calle Ignacio de Veintimilla y 12 de Octubre, el sitio es más grande y tiene capacidad para unas 500 personas aproximadamente, este local abren una vez al mes o cada que hay un evento grande.

Ki Lounge

En otro punto de la ciudad y a la misma hora, el Ki Lounge abre sus puertas. Son las 10 de la noche. Esta discoteca se ubica en la calle Toledo y Lérida y el costo es de $7.50 con derecho a un coctel.

Sábado por la noche, todo listo para ir a Ki Lounge y como de costumbre me presté a conducir. Fui con mi mejor amigo. En el camino íbamos hablando de cómo será la noche. En diez minutos llegamos a Ki Lounge, estacioné mi auto y pagué $3 dólares. Cruzamos la calle para entrar al antro, la fachada externa es llamativa, todo de negro y con unas pequeñas letras en la parte superior derecha. En la puerta se encuentra el personal de seguridad, un hombre corpulento y atractivo que nos revisa y verifica que no llevemos armas ni algún otro objeto corto punzante o sustancias prohibidas. Nos pide la cédula e ingresamos. Al entrar encontramos una pequeña fila de 5 personas pagando su entrada, nuestro turno llegó y una vez pagada la entrada nos ponen un sello de tinta para entrar y salir las veces que queramos.

Entramos y fue como si hubiéramos ingresado a Babylon (los que han visto Queer as Folk me entenderán). La música electrónica sonaba en ese instante y las pantallas de Led se ubicaban en las paredes y en ellas se proyectaban imágenes psicodélicas. Nos encontramos con otros amigos y la farra empezó. Nos pusimos a bailar y para ese entonces el dj ya había cambiado a reguetón, pero el clásico de años atrás, “Danza Kaduro” sonó. Nuestros cuerpos bailaban al ritmo de Don Omar y las luces que provenían del piso ponían su toque para una noche inolvidable.

Ya eran las 11 y 30 y veíamos gente en el segundo piso, se trataba de la zona VIP. Dos grupos se encontraban allí mirando a la pista de baile seguramente buscando amigos, nuevas amistades o con quien bailar esa noche. La música seguía y por el calor pedimos un mojito, uno de los mejores que he probado. Gente atractiva se encontraba en el lugar, parejas heteros también.

Cada grupo disfrutaba más que otros, ya era la medianoche y para ese momento se encontraba el sitio a reventar, y en la entrada se encontraban unas 10 personas tratando de entrar. Salgo a fumar y me encuentro con otros amigos que en ese momento llegaban, y como si fueran estrellas de TV llamaron la atención, su auto Mercedes Benz era el único que sobresalía entre los otros a pesar de que también había autos lujosos. En la calle los vehículos ya ocupaban un carril en cada sentido.

Una vez que terminé de fumar, vuelvo a ingresar para continuar con la farra. Veo a varias personas de 30 años y profesionales que se divierten en una noche llena de música, buen ambiente, excelente atención y una buena seguridad, seguramente estos factores han llevado a que Ki Lounge sea la discoteca gay más exclusiva de la ciudad de Quito.

Definitivamente fue un fin de semana espectacular y Quito tiene otros sitios de diversión nocturna para los LGBTI.

(*) Periodista y productor. Actualmente es productor y presentador del noticiero de Medusa Radio, se desempeña también como reportero para el mismo medio de comunicación. En Radio Municipal es  productor y presentador de “Libérate, sé tú mismo”, un programa de diversidad y pr derechos.

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