No sabes si es chico o chica. No importa. Tampoco deberías estar preguntándote si sus hermosos pechos son de verdad o fantasía porque lo que para ti es fantasía para ella es verdad. ¿Está claro? Tampoco pienses que son fáciles. A la dominicana, como al dominicano, hay que seducirlos, y si es bailando mejor. “¿Y si no sé bailar?”. Bueno, entonces sonríe. “¿Y si no tengo la mejor sonrisa?”. Entonces sé un galán así seas mujercita, me dice David. Las noches en Santo Domingo tienen arcoíris. Porque la realidad es la que tú te inventas, y al cruzar el umbral de la puerta de la discoteca Fogoo, hombres y mujeres son lo que más les provoca.

Es una noche especial en Fogoo Discotec. Estamos allí para bailar, tomar unas cervezas y apoyar a la realización de la marcha del orgullo gay en la República Dominicana, la cual se realizará el 5 de julio.

Una bandera gay te recibe en la puerta. Chicos musculosos, tatuados y con boxers dan la bienvenida. Mira, pero no toques.

barmans

Es una noche en la que las drag queen y la presentadora llamarán la atención sobre la importancia de tener autoridades LGBT en este país donde se pregona respeto a la diversidad, pero la homofobia –sobre todo de sectores conservadores ligados a la Iglesia y a grupos evangélicos–no disminuye.

“Queremos maricones, abiertamente maricones, en el poder”, vocifera la animadora. Dos jóvenes son esos orgullosos maricones: Álex Mundaray y Deivis Ventura

Álex quiere que la  sociedad deje de discriminar y espera contribuir a la creación de políticas públicas, mientras Deivis alerta que La población LGBT de la República Dominicana sufre en carne viva la discriminación fruto del machismo imperante. Esta discriminación, dijo días atrás a Sin Etiquetas, se expresa en la cotidianidad: en expulsiones de las escuelas, maltrato en los centros de salud, despidos de los centros de trabajo, crímenes de odio e indiferencia de las autoridades ante los reclamos de esta población. 

Los dos están en la fiesta. Los chicos y las mujeres trans los miran con orgullo.

Candidatos a regidores
Álex Mundaray y Deivis Ventura

“Porque salir a postular como una persona abiertamente gay es un acto de valentía. Es exponerse a la homofobia y a la intolerancia. Por eso, estos chicos merecen nuestro apoyo”, dice una mujer trans perfecta de los tacones a la cabeza. Ella es la perfectita, la regia, dice la animadora. ¿Te podrias enamorar de ella?”, me pregunta el chico del tatuaje en el pecho que me trae la cerveza Presidente. “Ella es bien mujer”, acota, mientras me entrega el vuelto. Con la oscuridad casi es imposible adivinar su mirada. “Es perfecta, y no te cuestiones si tiene o no tiene algo entre las piernas. Yo no soy gay, por si acaso”, se va murmurando. Sí, es perfecta. Y es mujer porque así lo siente y lo quiere .

La noche permite mostrar el talento de las drag queen. Sobre el escenario, las artistas –de tacones que me parecen trampas para equilibristas y maquillaje estridente–, hacen cantar a todos. De la puerta para adentro, la diversidad se celebra, tod@s somos orgullosamente visibles, todos sentimos que la fiesta es hoy y mañana ya nos dolerá la cabeza, pero no importa.

En esta discoteca la mayoría es trans o gay. Las lesbianas son invisibles, en verdad no están por aquí. Hay que ir al Click Bar o dar más vueltas por la zona colonial, comenta uno de los esculturales barman.

Fiesta gay Santo Domingo

Cerveza Presidente y ron con Coca Cola se sirven sin parar, mientras en el escenario, las drag lucen sus encantos y talentos. En la exageración está la ironía de ser diferentes, y en la exageración también se muestran desafiantes ante una sociedad que les ha dado la espalda.

Muchos piensan que las discotecas gays son islas y que si realmente buscamos un mundo igualitario deberíamos estar en todas partes, pero aquí en Santo Domingo –con sus más de cuatro millones de habitantes–como en Lima –y sus casi 10 millones de personas– las muestras de afecto son censuradas y a veces motivo de agresión. La policía tiene mala fama. Nadie quiere ser víctima.

Piernas

En Fogoo Discotec como en otros centros de juerga gay, dominicanos y dominicanas viven la noche al máximo. Se abrazan, se besan, se frotan, se lamen la oreja, se tocan, se felicitan, se cuentan sus penas en medio de la música que suena al máximo de volumen que te puedes imaginar. Nadie se preocupa de marcharse. La noche tiene arcoíris y la vida es solo esto. “Mañana ni tú ni yo estamos seguras de estar vivas”, dice la animadora. Y tiene razón.

 

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