Amni Arismendi: Orgullosamente mujer, lesbiana y activista

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El detonante fue una serie de regalos muy sugerentes como un ramo de rosas, chocolates y ropa íntima, que llegaron a su casa el Día de San Valentín hace unos 6 años. Enviados por una “chica mala”, “una amiga que no conviene”, así la catalogaba su mamá.

Al entrar a su casa fue sentada en el banquillo de los acusados por la familia en pleno: madre, abuela, tíos y demás.

Ella, tranquila, recibió todos los dardos que lanzaban. Hubo llanto, desesperación y sentimientos de culpa por parte de quienes no entendían. De su lado jamás hubo duda ni conflicto con respecto a su homosexualidad. Nada la haría cambiar ni desistir. Amaba a esa mujer y había estado con ellas desde hacía ya dos años.Amni Arismendi 1

Solo se dirigió a su mamá, para confirmarle personalmente, lo que ya todos intuían.

-¿Tú quieres saber la verdad?-, le dije.

-La tomé del brazo y fui hacia donde pudiésemos hablar sin interrupciones, le dije mamá yo estoy enamorada de ella. Me gustan las mujeres, soy lesbiana. Al yo confirmarle que me gustan las mujeres me dijo. Yo odio a las lesbianas y Dios me castigó con esto, ¿qué hice para merecer esto? Alguna cosa tuve que hacer mal para que tú seas así. Solo le respondí: Es algo con lo que yo estoy bien, me siento tranquila, me siento viva. Lloré mucho ese día, me fui de la casa, pero en la noche regresé.

Es la historia de la salida abrupta del clóset de Amni Arismendi, joven venezolana, presidenta y creadora Radar Comunidad, organización dedicada a ayudar a mujeres lesbianas a traspasar el umbral del anonimato y vivir con plenitud su sexualidad, en definitiva, su vida.

La institución está ubicada en Maracaibo, segunda ciudad por su importancia económica de Venezuela. Atiende básicamente mujeres, y se dedica, además, a romper tabúes con respecto a la homosexualidad a través de actividades de formación educativas y culturales.

“Esta situación con mi familia sucedió cuando yo tenía 19 años. Ese instante no fue fácil, me llené de mucha fuerza. Soy una mujer que piensa que nadie puede robarte tu felicidad. Nadie puede contra eso, ni puede cambiarlo. Siempre fui firme en ese sentimiento, luché por lo que sentía para que ellos sintiesen que no era un juego, no era algo de momento, sino que era mi vida, en fin, mi forma de vivir”.

Y es así como ese episodio familiar termina convirtiéndose en un sueño de vida, ya que tras haber transitado por ese momento de tanto desespero y soledad decide hacer algo por las mujeres lesbianas. De esta forma nace Radar Comunitario, organismo que busca integrar, sacar al colectivo lésbico de la invisibilidad, hacer visible más que sus caras, sus historias. Y ayudar a aquellas que ya han dado el paso hacia la luz pero están pasando por alguna injusticia en el ámbito personal, laboral o social.

“A partir de ese instante, de las reacciones de mi familia, tuve la iniciativa de crear un grupo. Porque las mujeres y, los homosexuales, en general, siempre están solo en ese momento de la apertura. Radar es un proyecto que amo. En esto estamos un grupo interdisciplinario de personas con el mismo objetivo de ayudar a quien lo necesite”, afirma. Aunque asegura que en la actualidad el organismo está siendo sometido a cambios, ya que ella se encuentra fuera de Venezuela, vive en la ciudad de Manaos, Brasil, y hay ciertos ajustes que hacer, más no se perderá la misión de atender al grupo más vulnerable de la comunidad LGBTI. 

RELACIÓN SÓLIDA

La mamá de Amni no pierde las esperanzas de que ella se encamine, de que se olvide de las mujeres y se case con un hombre. “Sí, hasta los 18 tuve novios que hasta llevé a casa, pero eran novios de besitos, nunca he estado en la intimidad con un hombre, soy eso que llaman una lesbiana de oro”, comenta.

Hoy tengo una relación muy sólida con mi familia, en especial con mi mamá: “Doy gracias porque esto sucedió como pasó, porque somos mucho más incondicionales que antes. Con mi mamá tengo una relación más estrecha y cercana que la que tenía antes de hablarle de mi orientación sexual. Además, les he dicho: siempre voy a ser su hija, nieta, sobrina, hermana. Mi esencia como mujer y como parte de esta familia no va a cambiar por el hecho de ser homosexual”.

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LA CRUDA REALIDAD

Amni no solo le habló a su familia de su homosexualidad, sino que se hizo activista. Expone el tema con gran vehemencia en cuanto foro, marcha o medio de comunicación es invitada. Situación que en casa, hasta hace muy poco, no terminaba de calar. Un día enfrentó de nuevo a su mamá con el siguiente argumento.

“¿Por qué los padres y, el público en general, cuando uno dice que es homosexual siempre se imaginan a la mujer o al hombre con otra persona del mismo sexo en la cama? Eso no les importa a ustedes con quien se acueste uno, solo deben preocuparse por la esencia de lo que uno es. Porque a mí no me importa ni me estoy imaginando con quien te acuestas tú, mamá. No es mi problema. Puede sonar crudo, pero así fue que lo entendió”.

Amni sueña con ser madre de dos hijos. Quiero vivir la maternidad, quiero hacerlo con una compañera de vida y que nuestros hijos tengan el amor de sus dos mamás, dos mujeres que se aman y se respetan, nos dice en esta entrevista que se fue dando a lo largo del día a través de mensajes de whatsapp que iban y venían en la ruta Margarita-Manaos.

MENSAJE

No tengo miedo de decir que soy homosexual. Para mí es maravilloso ser una mujer lesbiana y activista, un ser humano como cualquier otro pero con el plus que da la bendición de amar a otra mujer. Atrás debe quedar ese pensamiento que señala al homosexual como una persona loca, que nunca vamos a tener una relación seria o un trabajo estable. También somos formadores de familias sólidas con valores y personas que aportan a la sociedad.

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