Sí, cada mamá es diferente, y cada realidad es un mundo, un mundo raro, como canta Chavela Vargas. No todas tienen la suerte que tuve yo, pero tampoco fue tan sencillo. Hubo una estrategia que apliqué siguiendo mi intuición, porque a los 18 o 17 y pico uno no sabe tanto de la vida como para planificar grandes batallas, pero algo hice y esto fue.

  • No disimulé mi amor por la ‘amiga’ que era mi novia. Salíamos a todas partes juntas, dormía en mi cuarto, desayunaba en mi casa, yo me quedaba a pasar la noche en su depa familiar, jugábamos delante de mamá y de todos los presentes, planificábamos los fines de semana, y hablábamos por teléfono sin pausa.

 

Marcha amor

  • No me inventé un enamorado-novio. Recién había roto una relación heterosexual y ante el mundo estaba sola, y muy feliz. Así me la pasé hasta un año y medio después o quizás algo menos cuando mamá se enteró.

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  • No lo negué. Cuando mi madre espió por la puerta casi abierta de mi habitación y me encontró abrazada a mi novia, y luego me llamó para conversar opté por respirar hondo y decirle: “Sí, ¿y cuál es el problema”. Mi mamá lloró y casi podría jurar que quiso darme una bofetada. Yo me adelanté: “Pegándome no arreglarás nada, las cosas son así”. Mi mamá insistió en que ‘eso’ no era normal, que yo estaba confundida, que quizás había sido un error haberse opuesto a mi noviazgo con P, mi enamorado desde que era una adolescente. Repliqué a mamá: “No, mamá… A P. ya no lo quiero, ya no me gusta, ya no me interesa. ¿Por qué te cuesta comprender? Además, creo que tenías razón… P no era para mí”.

 

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  • No cambié de actitud. Mi novia siguió en casa. Creo que miraba diferente a mi mamá o creo que mi mamá la evitaba. En esas estábamos cuando de casualidad llegó a mis manos unos volantes sobre la homosexualidad, donde decía que ser gay, lesbiana o transexual no era una enfermedad. Me aprendí el discurso. Porque yo era lo que era, pero no tenía más información. Ni siquiera sabía que habían movimientos que luchaban por nuestros derechos. Y además ignoraba que fuéramos tantos.

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  • Eduqué a mamá. Llegué a casa un día con esos volantes y los dejé en su habitación y desaparecí. Al día siguiente, mi mamá preguntó: “¿De dónde has sacado esas porquerías?”. Le conté que me los habían repartido en el bus. Y le entregué otro. Mamá me miró extrañada y me pidió que no dejara de estudiar, también sugirió que abandonara el trabajo (en el canal donde practicaba conocí a mi novia), pero yo le dije que no iba a abandonar ni los estudios ni el canal. “¿Y perderás la beca?”, preguntó. Yo le juré que no. Y así fue. No perdí la beca, dejé algunos ciclos y regresé, y me volví a ir de la universidad, pero a mi mamá no le costó un sol mi educación. Yo seguía en los primeros puestos, muy feliz además. En todo ese tiempo, mientras regresaba de clases y me iba al canal, y abrazaba a mi novia, seguía llegando a casa con más y más volantes. Mamá los leía y los rompía o los escondía. Un día mi abuelo me increpó lo “rara” que me había vuelto. Y me dijo casi a gritos que yo era una enferma porque la homosexualidad es una enfermedad. Cuando pretendía defenderme mi mamá apareció y le aclaró a mi abuelo que yo no estaba ni enferma ni nada, y que me dejara en paz. Luego busqué a mi madre para agradecerle y ella me regaló una sonrisa, me abrazó y me dijo que no se iba a meter, pero “no exageres y si puedes luce más femenina”. Me pinté la boca y me puse unos aretes. Mamá me regaló otra sonrisa.

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  • Le confesé mis problemas de pareja. Al cabo de unos años cuando mi mamá todavía no se acostumbraba tanto al asunto, y en plena crisis con mi primera pareja, mamá me encontró llorando. Le dije la verdad: “He sido infiel, y K. no me perdonará”. Mi mamá sospechaba la identidad de la ‘otra’, y me dijo: “Encima, tenías que ser como tu padre. No te conformas con una y buscas otra”. Yo seguía llorando. Y mi madre me soltó esto: “Esa chica (la otra) no me parece buena para ti. Te hará mal. Pide perdón a K, y pórtate bien. No seas como tu padre con la mujer que te quiere”. No le hice caso a mi madre: Me fui con la chica que me haría mal, y me porté como mi padre, pero mamá estaba a mi lado, y a pesar de nuestras diferencias, varias veces la encontré planeando mi retorno con K.

Es posible que mi mamá sea una especie rara, capaz de comprender o de leerse un volante sin vomitar o amarrarme en el cuarto. No sé bien qué pasó por la cabeza de mi mamá, y tampoco podría definir de qué madera está hecha, pero puedo asegurar que salir del clóset ante ella fue una buena idea.

Publicado originalmente en Sex o no Sex (El Lado Les) – 2009

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Mi primer blog fue verde y era sobre ser lesbiana en Lima. Varios años después regreso a una temática que pensaba cerrada con el objetivo de hacer realidad un sueño: un medio LGTBIQ. Soy periodista desde los 17 años y ya cumplí 42. Soy profesora universitaria, adicta al café, mamá de gatos y perros, lectora desesperada e insomne. Soy la directora de ClasesdePeriodismo.com, consultora en social media, estudiante crónica y amenazo -para no perder la costumbre- que ya voy a dejar el periodismo para fundar un bar. Amo Chorrillos, y tengo la suerte de haber regresado al barrio para mirar el mar cada mañana.

1 Comentario

  1. no soy lesbiana, soy heterosexual, pero tengo amigas que son lesbianas y bisexuales y las adoro por toda la pachorra y empeño que tienen! son lo mejor, me encantó! porque aunque no sea lesbiana mi madre también me impidió esas amistades hasta que comprendio! me encantó! Buen post!.

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