Necesidad y relevancia de una marcha LGBT

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Por Jayme Arnao (*)

Son cada vez más las ciudades en el mundo que celebran una Gay Pride Parade, o Marcha del Orgullo LGBT. La duración y la longitud dependen de la cantidad de participantes, la cual a su vez depende de los datos demográficos del lugar; de la tolerancia por parte de las autoridades; de la antigüedad; etc. Pero todos tienen el común denominador de ser manifestaciones alegres, pacíficas, coloridas y que ponen en relieve la presencia homosexual en cualquier sociedad. Sin embargo, las Gay Pride tienen muchos detractores, y entre ellos, muchos son homosexuales.

EXHIBICIÓN Y EXUBERANCIA

El primer argumento de quienes se oponen a estas marchas es que las consideran contraproducentes a los verdaderos propósitos de sus organizadores. Señalan que la exhibición de travestis y transexuales, infaltable en estos eventos, refuerza los prejuicios existentes, nutre la retórica homofóbica y alienta la estigmatización de impudor contra la comunidad gay. Incluso algunos que viven su homosexualidad de manera discreta aseguran sentirse no identificados con estas manifestaciones.

Travestis antes de la Gay Pride de Bruselas, abril 2013
Lima, Perú, junio 2015 (Cortesía de Perú21)

Sin embargo, todo no deja de ser una clásica percepción generalizante que se tiene de cualquier grupo minoritario, la cual parte del más completo desconocimiento. La gente suele definir a un grupo a partir de lo más llamativo, lo más mediático o lo más impactante. En una marcha del Orgullo, la presencia de travestis y transexuales es apenas de un 5 o 10%, y sin embargo son el primer pretexto para elaborar un prejuicio sobre los homosexuales. Y esto ocurre con todos los grupos humanos.

Además, quienes participan en las marchas LGBT son por lo general asociaciones organizadas y reconocidas por el Estado (dependiendo del país), algunos partidos políticos (por lo general de izquierda o ecologistas), algunas autoridades locales (que suelen encabezar el evento) y empresas privadas, además del apoyo de miles de heterosexuales que consideran la causa homosexual como justa. Esta unión da peso y legitimidad a estas manifestaciones.

Autoridades y asociaciones encabezan la Pride de Lille, Francia, junio 2015
Participación de la policía neerlandesa en la Pride de Amsterdam, Países Bajos, agosto 2013

Ahora bien, la identificación o no con estas marchas es una cuestión personal. La exhibición de la homosexualidad, o mejor dicho, la visibilidad, es una decisión respetable. Esa exhuberancia que a muchos molesta no es otra cosa que una faceta de la cultura LGBT, el folclor propio de una minoría que merece existir y manifestarse.

ACTO DE RESISTENCIA

Esta extravagancia lamentablemente juega en contra de los intereses de la comunidad homosexual cuando la marcha se produce en países con grupos de poder muy conservadores. En Europa, la extrema derecha acusa a estas manifestaciones de representar lo que ellos llaman « deformación de la humanidad » y de ser una demostración de libertinaje y perversión. Las clases conservadoras prefieren confinar a ciertas minorías incómodas en el más completo silencio o en la total inexistencia. Para estos grupos retardantes, una marcha del orgullo es demasiado visible.

Lille, Francia, junio 2015

Precisamente, ese es el propósito de una manifestación gay ruidosa y vistosa. En el año 2010, Louis-Georges Tin, profesor de la Universidad de Orleans, en Francia, y fundador del Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia, calificó a las marchas LGBT como « actos de resistencia ». Y agregó que en países donde los homosexuales están condenados a la marginalidad y a la estigmatización « este jolgorio público es un acto político ».

Los sectores conservadores en América Latina y Estados Unidos están muy ligados a la tradición cristiana y a la imperante presencia de la Iglesia Católica, mezcla que ha alentado no sólo la homofobia, sino también el machismo y el racismo. La resistencia en estos casos ha sido más contestataria y con buenos resultados. El caso más resaltante es Lima, cuya marcha LGBT aumenta en número de participantes cada año, tantos homosexuales como heterosexuales, pese a una clase política conservadora y a la constante injerencia del clero católico.

Lima, Perú, junio 2015 (Cortesía de Perú21)

Con exhibicionismo o no, estas marchas han puesto en jaque a las iglesias y su relación con los gobiernos. Un pleito que muchas autoridades se han ganado por la presión de las asociaciones homosexuales y que ha restado poder a las entidades religiosas. En Occidente, el laicismo reaparece para denunciar la intromisión de las religiones en la vida de los ciudadanos.

DEFORMACIÓN DE LAS GAY PRIDE

La primera Marcha del Orgullo Gay tuvo lugar en junio de 1970 en Nueva York, un año después de los incidentes de Stonewall. En aquel momento, el propósito de la manifestación no fue dar una imagen positiva o negativa de los homosexuales, sino de mostrar que ellos no eran una pequeña minoría y que podían organizarse para reclamar sus derechos. Tras las primeras marchas, la sociedad estadounidense comenzó a cambiar su concepto sobre los homosexuales y la evolución de esta relación continuó mejorando.

Sin embargo, para muchos este propósito inicial se fue deformando con los años para pasar de una manifestación de reclamo legítimo a un espectáculo que no representa a la mayoría de homosexuales. Además, muchos acusan el carácter comercial del evento y de provocar incomodidad a quienes se oponen a la homosexualidad.

Bruselas, Bélgica, abril 2013

En sí, el objetivo no ha variado desde 1970. Durante las marchas LGBT, los homosexuales continúan mostrándose como un grupo que adquiere mayor fuerza y que reúne cada vez a más personas que reclaman igualdad. Los logros obtenidos en distintas partes del mundo dan fe de su efecto positivo. En cuanto a la provocación, es solo la percepción de quienes se oponen a determinado cambio, pero no es el propósito de estas manifestaciones, distintas a actos aislados que sí han causado el repudio de la misma comunidad gay como los besos públicos.

Cada marcha enarbola siempre un eslogan distinto dependiendo de la realidad de la comunidad homosexual en cada país. En los países donde los LGBT alcanzaron el reconocimiento de sus derechos tras años de lucha, las Gay Pride actúan como la voz solidaria que denuncia el maltrato sufrido por los homosexuales en regiones menos amistosas. Antes de dar inicio a la marcha, como ocurre en Bruselas, Bélgica, se realiza un minuto de silencio por las víctimas de la homofobia en el mundo.

Manifestantes musulmanes en la Pride de Amsterdam, Países Bajos, agosto 2013

En conclusión, en estas manifestaciones se marcha por los que no pueden, por los que sufren represión por su orientación sexual en cualquier parte del mundo. Una marcha del Orgullo LGBT muestra que el mundo homosexual es tan heterogéneo como el mundo heterosexual, y lo que se busca no es ser idénticos, sino iguales dentro de nuestras diferencias. Si estas manifestaciones atizaran el rechazo a los homosexuales, el mundo sería mil veces más homofóbico desde 1970, y ha ocurrido todo lo contrario.

Bruselas, Bélgica, abril 2013

(*) Periodista y fotógrafo. 

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