Bianka y su lucha por sobrevivir como mujer trans

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A sus 22 años, Bianka Rodríguez es una mujer transgénero activista de derechos humanos que forma parte de la Asociación Comunicando y Capacitando a Mujeres Trans, donde además es la directora de comunicaciones de la organización.

Aunque es una mujer alegre y proactiva, la mirada en sus ojos refleja tristeza y deseo de lucha por un mejor futuro. Es la primera vez que conversamos pero se muestra abierta a contar su vida, con el objetivo de dar aliento a personas que estén pasando situaciones similares.

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Desde los 6 años de edad estoy consciente de mi identidad de género. Fue muy difícil para mí vivir con mi familia, tenía que fingir lo que no era, actuar acorde como ellos quería o de lo contrario sufría maltrato verbal, físico y psicológico.

Y es que Bianka relata como desde el kínder sus actitudes eran las de una niña, todo lo relacionado a un niño no le llamaba la atención. Este comportamiento no era del agrado de su madre quien con violencia trataba permanentemente de “corregir su desviación”, según ella.

A simple vista usted me ve bien, feliz, pero si le mostrara mi cuerpo podría ver todas las marcas que tengo. Me castigaban con cadenas y constantemente me exigían que cambiara mis ademanes.

Al hacer este comentario, Bianka hace una pausa y sus ojos se tornan brillosos, evita llorar al recordar ese cruel episodio de infancia. A pesar de la opresión familiar, a los 15 años inició su proceso de transición.

A los 15 años llamaron a mi mamá del colegio. Querían hablar con ella sobre mi identidad sexual, saber si ella me apoyaba o si tenía problemas para aceptarme. Ante los profesores dijo que no tenía problemas, que me apoyaba y aceptaba, pero al llegar a la casa, me dijo que jamás aceptaría que yo fuera así, que era una aberración a la creación de Dios, porque ella tuvo un hombre no una mujer.

Este hecho impactó en Bianka, quien decidió salir de su casa, a pesar que no tenía quién le apoyara.

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–Salí de mi casa, porque la agresión contra mí ya no la podía soportar… pero al salir no hubo nadie que me diera una mano. Estaba sola y aterrada. Terminé viviendo en un lugar asediado por las pandillas. Tuve que dejar la escuela por dos años.

Conseguir un trabajo no fue fácil para Bianka, en ningún lugar le daban la oportunidad, pues su apariencia femenina todavía sin alcanzar su expresión femenina provocaba el rechazo por no cumplir la hetero normativa social.

Mi primer trabajo fue en una panadería aunque al principio no me pagaban pues era aprendiz. En este tiempo me daban los tres tiempos de comida. Cuando me comenzaron a pagar, me pidieron que me fuera a vivir al local, pues la jornada era de 4 am a 9 pm. Acepté, pero al llegar con las pocas cosas que tenía, ellos (los patrones) regalaron mis cosas y yo me quedé sin nada.

Los dueños de la panadería eran religiosos y aunque no discriminaron a Bianka, le trataron de forma inhumana.

Me obligaban a dormir en los sacos de harina para pan o en los de azúcar, con el tiempo eso cambió y ya mi cama era una tarima de hierro donde se ponían los sacos. Yo me sentía exhausta no sabía qué hacer, de repente me obligaban a trabajar más de la cuenta, mi jornada terminaba a las 11 o 12 de la noche.

Bianka toma un respiro y recuerda como en esa circunstancia se preguntó a sí misma si esa era la vida que quería. Y al responderse que no, tomó la decisión de retomar sus estudios para lograr mejor oportunidad de vida.

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–Pasé año y medio trabajando en la panadería, pero cuando logré cumplir 18 años, logré matricularme yo misma en el colegio y fue así como inicié el bachillerato. Pero también al salir inicie de lleno mi proceso de transición para lograr mi expresión de género.

Retomar sus estudios era un reto, sin trabajo ni dinero, pero fue hasta cumplir la mayoría de edad que se enteró que su padre al fallecer le dejo como beneficiaria de una pensión equivalente a 50 dólares. Beneficio del cual su madre se apoderó hasta que ella peleó por su derecho.

–Cuando yo me enteré de esta pensión le pedí que me la entregara pero me dijo que no, entonces tuve que pelear por mi derecho, porque realmente necesitaba ese dinero para mi subsistencia y estudios.

La abuela de Bianka se enteró de su esfuerzo y al conocer su desamparo le ofreció apoyo, la cercanía permitió a sus familiares conocer sus virtudes y esencia.

–Mi madre al darse cuenta que mi abuela y mis tíos me apoyaban, le pidió a la familia negarme todo apoyo y quitarme la ayuda brindada. A pesar que he demostrado que soy una mujer de bien, los ataques de mi madre no paran-

Bianka se graduó con honores del bachillerato en la especialidad de informática empresarial. Cursó tres años de una universidad del país donde estudió ingeniería agroindustrial, pero por la misma discriminación y problemas económicos tuvo que dejar la carrera. Su voluntariado en la Alcaldía de Cuscatancingo le permitió despertar su capacidad de liderazgo y vocación por el bienestar social. La activista de derechos humanos estaba por nacer.

Conocí el trabajo de COMCAVIS TRANS y me acerqué para ofrecer mi aporte como voluntaria, es así como nace Bianka la activista gracias al apoyo de Karla Avelar, quien me ha capacitado en diversas temáticas. Sin duda le agradezco por permitirme aportar en la lucha por nuestros derechos como población vulnerable en esta sociedad que nos discrimina.

ENFRENTAR LOS RETOS

Fue en este 2015 que Bianka adoptó su nombre femenino ya que según ella este representa la fuerza de una mujer luchadora que se sabe enfrentar a los retos que la vida le presenta. Su labor en COMCAVIS TRANS fue reconocida y es así como de voluntaria pasó a ser directora de comunicaciones.

La pasión por la comunicación nació en mi durante el bachillerato gracias a los conocimientos adquiridos de informática empresarial. Como Directora de Comunicaciones de COMCAVIS TRANS mi meta es dar a conocer no solamente el trabajo de nuestra institución, sino también el que hacen las otras organizaciones.

Bianka es consciente de sus retos. Desea seguir desarrollándose como activista, superando cualquier tropiezo y superando sus debilidades. Quiere terminar sus estudios.

Le pido al Estado la creación de leyes que nos protejan (a la población LGBTI) y garanticen el derecho a la vida. Leyes a favor de la educación y el trabajo libre de estigma y discriminación. Que aplique sanciones a los actos de discriminación social que como población LGBTI sufrimos.

Sin duda, todas las pruebas que ha tenido que vivir, han hecho de Bianka una mujer fuerte que le sonríe a la vida y que aspira ante todo ser una gran defensora de derechos humanos.

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