Otra forma de violencia a la comunidad LGBT: las terapias de reorientación sexual

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En abril de 2015, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió que se prohíban las terapias de conversión en los menores de edad, manifestando lo siguiente: “esta noche, en algún lugar de los Estados Unidos, una persona joven intenta quedarse dormidx mientras lucha a solas con un secreto que guarda desde hace mucho tiempo”.

La prohibición propuesta se conoce como la ley de Leelah, y lleva el nombre de una adolescente transgénero, Leelah Alcorn, quien se suicidó en diciembre de 2014 porque sus padres decidieron enviarlo a terapia de conversión, con la que buscaban que se aleje de sus intenciones de reasignar su sexo biológico.

Casos como este han puesto sobre la mesa la necesidad del Estado gringo de pronunciarse sobre las nefastas terapias de conversión. Valerie Jarrett, asesora principal del presidente expresó en un comunicado: “La abrumadora evidencia científica demuestra que la terapia de conversión, especialmente la que se practica en jóvenes, no es ni médica ni éticamente apropiada y puede causar un daño sustancial”.

¿Hay evidencia científica para las intervenciones que intentan cambiar la orientación o identidad de las personas LGTB?

La Asociación Americana de Psicología (APA) dice que no. En 2009, un equipo de la APA revisó todos los estudios realizados en la década de 1960 a 2007, encontrando que el cambio en la orientación sexual era bastante infrecuente.

Aunque la mayoría de las intervenciones actuales se centran en “quitar lo gay mediante la terapia psicológica”, algunos psicólogos todavía utilizan técnicas aversivas, donde a los homosexuales y trans se les aplica descargas eléctricas mientras observan porno homosexual. Algunos estudios han encontrado que luego de usar esta técnica algunas personas redujeron su respuesta sexual a la pornografía del mismo sexo, pero no afectaba su orientación sexual.

“Por desgracia, gran parte de la investigación en el área de cambio de orientación sexual tienen defectos serios en su metodología” explica la psicóloga Judith Glassgold, que presidió el grupo de investigación de la APA. “Pocos estudios se podrían considerar metodológicamente sólidos y ninguno evaluó sistemáticamente los daños potenciales”. El informe también encontró que algunas terapias de conversión podrían tener consecuencias negativas, incluyendo ansiedad, depresión y sentimientos suicidas.

Robert Spitzer, psiquiatra estadounidense de la Universidad Columbia, fue un científico bastante respetado en su época, pero una de las investigaciones que realizó, la más controversial, afirmaba que era posible dejar de ser homosexual y convertirse en heterosexual. Luego, en el 2012 se retractó luego de que la OMS publicara un reporte en donde afirmaba que “los supuestos servicios de ‘curación’ de personas con orientación sexual no heterosexual carecen de justificación médica y representan una grave amenaza para la salud y el bienestar de las personas afectadas”.

Además, el reporte insiste en que “no existe ningún estudio científico riguroso que demuestre la eficacia de los esfuerzos de cambio de orientación sexual (…) hay muchos testimonios sobre los daños graves a la salud mental y física que estos servicios pueden causar. La represión de la orientación sexual ha sido asociada con sentimientos de culpa y vergüenza, depresión, ansiedad e ,inclusive, suicidio”.

Incluso, en el Reino Unido, el 2014 el Consejo de Psicoterapia emitió uninforme donde se manifiesta en contra de estas terapias ya que “no hay evidencias de que estas prácticas sean efectivas y creemos que tienen potencial dañino para las personas. Estas están comúnmente influenciadas por interpretaciones religiosas sobre la sexualidad en vez de tener base en estudios e información adecuada sobre la orientación e identidad sexual”.

Algunas otras formas de desbaratar artículos “científicos” de poca credibilidad sobre la comunidad LGTB, en este artículo de Gabriela Zavaleta para LaMula.pe.

La ciencia del futuro ¿podría convertir en heterosexual a un homosexual?

La tecnología y la ciencia deben ser usadas respetando los derechos humanos internacionales. Sin embargo, hay motivos para creer que las futuras intervenciones de conversión podrían ser más eficaces, y estas puedan ser usadas en personas LGB o trans. “Con base en la investigación científica actual, no es improbable que los investigadores médicos, en un futuro no muy lejano, sepan lo suficiente sobre genética, epigenética, neuroquímica y otros factores a nivel del cerebro que están implicados en la formación de la orientación sexual, y que puedan aprender a modificarlas con el fin de revertir la conducta homosexual”, escriben el neurofilósofo Brian Earp de la Universidad de Oxford y el experto en ética científica Andrew Vierra, de la Universidad Estatal de Georgia, para The Conversation.

Earp y Vierra apuntan a una serie de posibilidades: las biotecnologías “anti-amor” podrían reducir, en lugar de reorientar, el amor entre personas del mismo sexo, al interferir con la forma en que el cerebro procesa la lujuria, la atracción y el apego. En efecto, podrían generar fármacos que eliminen la libido y que puedan producir embotamiento afectivo al sentir deseo por personas del mismo género.

Hay también la posibilidad científica de encontrar una manera de afectar directamente la orientación. “Todo comportamiento animal, incluyendo el comportamiento humano, se puede reducir a procesos cerebrales”, escriben los especialistas. “Entonces se convierte en una cuestión de averiguar qué manipulaciones hacer en el cerebro y hacer que la conducta cambie”.

Por más horrible que esto suene, en un futuro podríamos enfrentarnos a nuevos intentos de “convertir” en heterosexuales cisgénero a la población LGTB. La realidad es que las personas LGBT, al menos los que viven en paz con su orientación y su sexualidad, no tienen intenciones de cambiar o convertirse en heterosexuales, así se les ofrezca esta opción.

Sin palabras.

La iglesia al “rescate” de los homosexuales

Las iglesias y los fundamentalistas afirman que la homosexualidad se puede “curar” con fe y oración.

Un caso muy conocido de un “ex–gay”, Alan Chambers, resonó en las redes sociales en el 2013, al finalmente aceptar que las terapias de conversión causan mucho daño a las personas: “Lamento haber evangelizado de la manera incorrecta y haberme equivocado diciendo que las personas LGBTIQ podrían y deberían hacer algo para ser más ‘aceptables’ ante Dios. Hacerlo causó mucho daño y fue perjudicial para muchos que nunca han experimentado este tipo de cambio que creíamos posible. Me arrepiento profundamente”.

En su momento, Chambers fue presidente de Exodus International, un movimiento que promovía la rehabilitación de la homosexualidad mediante la abstinencia y la disminución de las tentaciones homosexuales.

Además, en su rectificación, Chambers explicó que los 17 años de casado que tiene con su esposa corresponden un caso particular, pero que no debe ser usado como ejemplo para otras personas. Ahora apoya la iniciativa del Presidente Obama de prohibir las terapias de conversión en menores.

Video posteado en la página ww.esposibleelcambio.com, donde afirman que mediante la fe se puede revertir la homosexualidad (confieso que no pude ver más que un par de minutos).

En el Perú, el Colegio de Psicólogos no se ha pronunciado oficialmente acerca de este tipo de terapias. Sin embargo, existen investigaciones desde el campo médico que afirman lo ya expuesto hace años por la APA:

“Los tratamientos de reconversión de la orientación sexual no tienen ningún fundamento científico y sí una gran base de prejuicio y discriminación causantes de grave daño emocional. Actualmente, son considerados procedimientos no éticos por la OMS, pues parten de la presunción de [que la homosexualidad es] una enfermedad por tratarse, pero no son efectivos en cambiar la orientación sexual, y suelen generar sufrimiento en las personas que se someten a ellas”, explican Carlos Cáceres, Víctor Talavera y Rafael Mazón Reynoso (2013) en un artículo publicado en la Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública.

Sin embargo, y pese a esto, en Latinoamérica (aquí y aquí, solo como algunos ejemplos) y en el Perú existen muchas iglesias que afirman tener la forma de rehabilitar homosexuales. Por ejemplo, el Centro de Restauración de Homosexuales del Perú (CREHO), donde afirman:

Demás está decir que esto es completamente FALSO. Ya hemos mencionado todos los estudios de entidades internacionales que afirman lo contrario. Lugares como estos están desinformando, incrementando la violencia hacia las personas LGBT, poniéndolas en riesgo de querer ser “rehabilitados” a la fuerza por familiares.

PD: Si sabes de algún psicólogo, colega mío, que haga “rehabilitación” de homosexuales, me interesa saber quién es. ¡Escríbeme!

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