Salir del clóset binario de la sociedad

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Me ves. Piensas “es una chica”.

Me veo como una mujer: tengo el pelo largo, uso ropa típicamente femenina en una combinación a veces extraña de colores y, a veces, simplemente negro. Me ves y tú, hombre cisgénero criado a la antigua me cedes el asiento. Te digo “no, gracias”.

Llego a la casa de mi abuela para almorzar. Me ven, me veo como una chica, mis tíos me dicen algo que resumo en un “ojalá pronto conozcas a un chico guapo y tengas una relación seria”, (ya tengo 27 años y aparentemente, estoy en edad casamentera).

Me veo como una chica y no es gratis: nací y fui asignada al sexo femenino (XX, estrógeno, vagina y tetas). Me miraron y no me preguntaron quién soy. Me pusieron un nombre que termina en A, típico de nombres femeninos, y me pusieron ropa de mujer. Ahora ve con dios, sé una mujer hecha y derecha, sé siempre linda para que un hombre se quiera casar contigo. Ten hijos, cuida a tu hombre y cuida tu hogar.

Digamos que siempre me sentí incómoda con ser mujer, pero nunca me he sentido un chico. Digamos que en muchos momentos de mi vida deseaba haber nacido hombre. Digamos que ahora diría que ya no quiero ser un chico, que me gusta el cuerpo XX que me dio el azar evolutivo. Digamos que no me siento heterosexual y que me atraen las personas sin importar su género. Si no me importa el mío, ¿por qué habría de limitar mi atracción hacia un solo género, o hacia dos, cuando hay tantas expresiones de género como personas en este planeta?

El problema es que reducimos la idea de género a la simplicidad del sexo biológico, que implica que naces con una combinación genética específica que le dicta a tu cerebro segregar ciertas hormonas que fomentan el desarrollo de órganos sexuales que podrían (si uno quiere) ser usados para la reproducción. Además, estas hormonas le dan características sexuales a tu cuerpo y hacen que te veas de cierta manera y entonces “eres mujer o eres hombre, toma tu manual de instrucciones para que sepas cómo comportarte y cómo reproducirte”.

Pensar en dos géneros nos ha hecho mucho daño. Y no tiene nada que ver con que muchos no nos sintamos identificados con nuestro sexo biológico, no tiene nada que ver con ser trans o cis, sino que no nos sentimos cómodos con lo que nuestro cuerpo representa en la sociedad. El cuerpo, en sí, es una herramienta para actuar en el mundo, y tiene ciertos órganos que nos permiten, si queremos, perpetuar la especie (entro otras cosas para las que se les puede dar uso).

En el caso de las orientaciones sexuales, la bisexualidad y, más exclusivamente, la pansexualidad, son aquellas que retan los extremismos hombre-mujer. Incluso, en una reciente investigación en YouGov, encontraron que 1 de cada 2 jóvenes británicos se considera NO HETEROSEXUAL. (Ejem)

En el caso de las identidades de género, algunos nos sentimos invisibles cuando nos llaman “hombre” o “mujer” porque ninguno de estos términos engloba nuestra identidad y da un mensaje equivocado de quienes somos.

Y es que muchos de nosotros no estamos encasillados en el binarismo hombre-mujer, hetero-gay, muchos estamos flotando en el gran espectro que engloba todas las identidades sexuales y todas las orientaciones sexuales. En el caso de la identidad de género, las personas de género fluido, andróginas, sin género, los queer a secas, todos somos no binarios.

Ahora, no todas las personas andróginas caen en el estereotipo Ruby Rose. Y no necesariamente una persona no binaria se ve como una mezcla de hombre/mujer. Muchos nos vemos como se nos antoja vernos, hacemos experimentos con nuestro cuerpo, elegimos cambiar ciertas partes con cirugía o tratamiento hormonal o, simplemente, nos rebelamos contra los estereotipos sociales. Pero lo que nos une es justamente eso, que simplemente no nos sentimos encasillados bajo una etiqueta… y esto va mucho más allá de la ropa.

En mi cerebro no soy hombre ni soy mujer y debes respetar que esa es mi identidad. Pero eso no quiere decir que optaría por transformar mi cuerpo o que voy a cortarme el pelo o vestirme con ropa típicamente masculina. Sigo siendo yo, solo que voy a cuestionar y retar las imposiciones que la sociedad tiene sobre mi cuerpo.

La forma en que nos llamemos puede ser variada. Muchos eligen usar pronombres neutros, otros se sienten cómodos con cualquier pronombre (masculino o femenino) y otros eligen solo uno. Y muchos otros estamos es este camino para encontrar quiénes somos, quitándonos poco a poco la etiqueta social que viene con nuestro nacimiento y que se nos es impuesta por nuestros genitales.

Sé que llegará un momento en que dejemos de tratarnos en términos de femenino y masculino o “más femenino o más masculino” para solo tratarnos como personas.

El ser no binario no tiene escondida una filosofía, no tiene escondido un propósito político, aunque sí tiene una identidad: la libertad. Por eso no encajo en tu idea reducida del mundo en hombre-mujer, hetero-gay, pues. Estoy saliendo del clóset binario de la sociedad: esto soy yo, no me impongas tus estereotipos.

Mayor información sobre psicología queer y de género aquí.

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