No seas tan gay

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Salir del clóset no es tarea fácil para ninguna persona que no encaja en el patrón heterosexual y cisgénero de esta sociedad. Algunos tenemos la suerte de crecer en familias donde solo existe una homofobia encaletada, donde nunca hemos escuchado que se refieran a los homosexuales como enfermos, donde no te dicen nada por llevar amigos gais a tu casa.

Muchos simplemente somos expulsados de nuestros hogares por no ajustarnos a la expectativa. Otros nunca podemos ser quienes somos, porque serlo implicaría dejar de usar nuestro nombre o cambiar algo de nuestro cuerpo porque no refleja nuestra real identidad y eso haría de nuestra vida familiar un caos o, incluso, podría exponernos a la violencia.

Sea como sea el caso, salir del clóset, hablar con tus padres, tu familia, tus amigos, nunca es un proceso sencillo, tampoco es natural. Nadie debería tener que pasar por la ansiedad de revelar lo que por naturaleza somos: diversos.

Es aquí donde las personas que no tienen que pasar por esto no comprenden: no es TU proceso, es MI proceso. Yo soy la persona que salió del clóset, yo soy la que tiene que lidiar con las miradas de decepción de la gente que quiero, yo soy la que tiene miedo de perder el trabajo o que las personas la vean solo como la “bisexual” o “esta chicx que no sabe si le gusta ser chica o prefiere ser chico”.

Cuando por fin rompemos las puertas del clóset y nos comenzamos a sentir cómodos con la idea de ser visibles, nos enfrentamos al cuestionamiento y el escrutinio de nuestras vidas. Todo aquello que permaneció escondido ahora es visible, todo eso que ocultamos ahora se puede ver. Pero ahí estamos, respondiendo a todas las preguntas, y saliendo del clóset las veces que sean necesarias para educar siendo visibles.alexandra

Y entre tantas miradas y cuestionamientos, no falta por ahí quien nos acepta y nos dice que todo bien, pero que le “bajemos el tono” a nuestras marchas, a nuestras protestas, a nuestros posts de Facebook, a nuestras banderas, a nuestras muestras de afecto públicas, a caminar de la mano con nuestra pareja, a nuestra indignación, a nuestra ropa, a nuestro pelo, a nuestra forma de caminar, a nuestra discoteca LGBT, a nuestro orgullo, a nuestra forma de ser.

¿Cuántas veces te han dicho que “no seas tan gay” solo para hacer de su proceso de aceptación más sencillo?

Ninguna persona debería sentirse en obligación de educar a quien lo discrimina, a quien lo quiere diferente, pero muchas veces no nos queda otra opción que ser pacientes y enseñar. ¿Cómo? Pues yendo a las marchas, protestando frente al congreso, publicando en Facebook, reconociendo los 6 colores de nuestra bandera, siendo afectuosos en público, caminando de la mano con nuestra pareja, mostrando indignación ante la violencia homolesbobitransfóbica, usando la ropa que nos dé la gana de usar, cortándonos el pelo o dejándolo crecer, caminando libremente, yendo a divertirnos a nuestra discoteca favorita, celebrando el orgullo… siendo nosotros mismos.

Por eso, a todos esos que nos dicen que nos aceptan pero que por favor no lo hagamos público, a los que dicen que hay temas más importantes en la agenda nacional (ahora que están de moda las agendas), a todos nuestros compañeros LGBT con homofobia internalizada que piensan que no es necesario ser tan visibles, va este mensaje:

No necesito bajarle a mi “homosexualidad” para que tú te sientas más cómodo, tú necesitas respetar mi libertad.

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