¿Gays homofóbicos? Diagnóstico y cura de la homofobia internalizada

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Cuando nos damos cuenta de que somos “diferentes”, que lo que sentimos no encaja con lo que nos enseñan que es normal, y que esto no es solo una etapa, nuestra primera reacción es sentirnos mal y tener miedo.

Aún no sabemos qué somos… pero sabemos qué NO somos: heterosexuales… cisgénero.

Muchas personas en esta etapa están convencidas de que algo malo les sucede y piensan que deben ocultarse y tratar de cambiar.

Lesbianas

Una mezcla de cosas hizo que no me sintiera así, tal vez el haberme dado cuenta de que era bisexual estando en la universidad y no en el colegio, mi ateísmo, el estudiar psicología y el haber crecido en un ambiente donde la homosexualidad no se consideraba una enfermedad, fueron factores que me protegieron de pasar por esa etapa de odio a mí misma.

Los que tenemos suerte de nunca haber sentido que algo anda mal con nosotros centramos nuestro sufrimiento en el rechazo de nuestra familia, el odio que existe en la sociedad y el saber que, por lo menos en tiempos como estos, aún se nos ve como una minoría que no tiene derecho a reclamar igualdad.

El hecho de haber tenido enamorados durante mi adolescencia y vida universitaria escondieron los conflictos que tenía con el sexo que me asignaron al nacer, lo que hizo aún más sencillo sentir que podía ir descubriendo mi expresión de género y mi orientación sexual a salvo de las miradas discriminatorias. Mientras tengas comportamiento heterosexual nadie cuestiona si te cortas el pelo, si te pones de vez en cuando ropa de “chico” o si prefieres usar pronombre masculino. Sí, considero que tuve suerte.

Pero la mayoría de historias que escucho no comienzan así. Muchos pasan por un claro momento de negación de su identidad u orientación sexual, el rechazo a sí mismos y la sensación de que algo anda mal. Es normal sentir así: si crecemos en un ambiente donde es preferible ser heterosexual, donde se premia que uno se comporte según el estereotipo del sexo asignado al nacer, obviamente no encajar nos hace sentir como que somos es un error de la naturaleza y que es mejor tratar de “reformarnos”.

Esta sensación de no querernos y de no aceptarnos y sentir que en el fondo estamos mal es un tipo de homofobia… una que nos hacemos a nosotros mismos. Un momento, ¿gais homofóbicos?

El termino homofobia internalizada se utiliza para describir la internalización de las actitudes homofóbicas de la sociedad en uno mismo. En otras palabras es creer que el heterosexismo y la homofobia existen porque realmente hay algo malo en nosotros que es preferible ocultar.

semáforos gays

Muchas personas con homofobia internalizada son aquellos LGBT que no están de acuerdo con el matrimonio igualitario o con la adopción por parte de padres del mismo género. O aquellas personas que piensan “es nuestra culpa por ser escandalosos”, “debemos respetar a los heterosexuales y no besarnos frente a ellos”, “no necesitamos derechos, basta con vivir como queramos vivir”.

Todas estas expresiones no denotan decisiones personales (vale, si no te quieres casar, tener hijos o besarte frente a alguien, no lo hagas) sino que sacan a relucir formas de pensar que marcan una jerarquía en la que los derechos de las personas heterosexuales y cisgénero están por encima de los de las otras identidades y orientaciones que no los tienen.

En psicología, la homofobia internalizada se explicaría por una suerte de “orientación sexual egodistónica”. Este término se usaba para diagnosticar a una persona homosexual o bisexual que se sentía mal por no ser heterosexual. Muchas veces constituye solo una etapa, otras, dura para siempre.

Este constructo ha sido largamente estudiado, además, por las consecuencias que trae para la salud mental de las personas que la sufren. Por ejemplo, en un estudio publicado en Oxford Journals, encontraron que la homofobia internalizada está relacionada con un mayor consumo de alcohol y drogas, baja autoestima y conductas de riesgo.

Además, otros factores como la afiliación religiosa tienen mucho que ver con la homofobia internalizada. Un estudio realizado en el 2012 y publicado en la American Journal of Orthopsychiatry encontró que las personas que tenían afiliación a una religión que tomaba a la homosexualidad como una enfermedad, puntuaban más alto en homofobia internalizada. En otro estudio publicado en Archives of Sexual Behavior, encontraron que una visión religiosa conservadora predice mayores actitudes de rechazo hacia la homosexualidad.

Seguramente acabas de identificar a muchas personas de tu entorno que tienen en mayor o menor medida homofobia internalizada. Tal vez acabas de darte cuenta que tú la padeces. Calma, tiene cura.

Para superar estar etapa es importante reafirmar la identidad de género o la orientación sexual mediante el contacto con personas como tú e identificarte con la comunidad. No necesariamente implica colgar banderas gay en tu casa o correr a la marcha del orgullo más cercana que tengas o plantarte semidesnudo frente al congreso para reclamar tus derechos. Basta con empezar a cambiar algunas cosas, no permitir la violencia, ir a terapia si es necesario, conversar más con la gente que te rodea.

Además es necesario encontrar la raíz de la homofobia internalizada para reconocer que el rechazo no es real, sino que lo hemos aprendido de nuestras familias, entorno, sociedad, escuelas, etc. Y qué, por lo tanto, el problema está afuera de nosotros y no dentro de nosotros.

 

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