Cuando tu centro de trabajo no es gay friendly

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¿Dejarías de trabajar en un lugar donde está claro que los homosexuales son una peste? Claro que sí, pero no todos pueden hacerlo: hay deudas, hijos, una vida que sostener.

María Elena trabaja en un colegio, en la ciudad de Caracas, donde debe llevar una doble vida. En más de una ocasión, la directora ha dicho que “esa moda de los gays y las lesbianas” solo busca “confundir a los niños”. No sabe que María Elena vive con su pareja, una profesora de otro centro educativo, donde también los homosexuales son unos anormales, como diría el tan de moda papa Francisco.

En Lima, Pilar se ha inventado una vida de mujer soltera y exitosa. De vez en cuando comenta que sale con un  chico, luego dice que terminó y así se ha pasado el tiempo. A los 48 años, Pilar es una profesional de primera, pero está llena de secretos por miedo a ser rechazada. “Si yo digo que soy lesbiana te aseguro que me sacan de aquí por más doctorados que tenga. Mi capacidad no les va a importar, mi currículo lo van a ignorar. Tengo 12 años en esta empresa. Son conservadores. No tengo razones para arriesgarme. El clóset no me molesta”. Y en los tiempos de Facebook, ella tiene dos cuentas: en una de ellas es la mujer lesbiana y completa de edad madura; en el otro es una mujer soltera que todavía espera a su príncipe azul. Dice que el clóset no le molesta, pero cuando ve a sus amigas con sus esposos, ella se pregunta por qué debe ocultar a su pareja. Un escalofrío estremece su cuerpo. No quiere pensar, dice.

Cuando tu centro de trabajo no es gay friendly tenemos algunas alternativas:

  • Renunciar. Parece fácil, pero no lo es. Dejar un trabajo, en Perú como en Venezuela, en Brasil como en Costa Rica, es una decisión compleja. Sin embargo, a veces es lo mejor antes de ser parte de una organización que sabemos bien que no va a cambiar.
  • Evangelizar. No todos tienen la fuerza de intentar cambiar el mundo, pero Diana lo hizo y la financiera donde trabaja cambió su aptitud con los cuatro trabajadores gays y dos lesbianas. Diana vive en Colombia. “No fue sencillo, pero decidí que era bueno tocar el tema y fue bien recibido. Me siento orgullosa de haber logrado sensibilizar. Falta mucho, pero ya nos tratan con respeto. Antes, los chicos, sobre todo, eran constantemente objeto de bromas. Eso acabó”.
  • Denunciar. En la mayoría de países podemos denunciar prácticas discriminatorias. Lamentablemente, muchos no lo hacen por temor a no ser contratados en otro lugar o temen exponerse al ojo público. Pero denunciar es un acto justo y de valentía. Hacerlo es contribuir a edificar una mejor sociedad.

¿Renunciar es como rendirse? Sí y No. A primera vista parece que sí, pero dejar atrás una empresa homofóbica y dar cuenta de ello en diversos espacios, o actuar por convicción, es una conquista.

homofobia

TIEMPO DE CAMBIOS

Si los gays y las lesbianas a veces lo tenemos difícil, las mujeres y hombres trans afrontan duras situaciones, y muchas veces optan por el negocio propio. En el peor de los casos, el trabajo sexual parece la única salida.

Fomentar las buenas prácticas laborales, en el Estado y en la empresa privada debe estar en la agenda LGBTI. Sin embargo, las áreas de recursos humanos o personal parece que todavía no saben cómo enfocar el asunto. En el caso peruano, desde mi experiencia, puedo decir que si bien no hay un maltrato, lo que existe es un manto de invisibilidad. Es decir, NO EXISTES. 

En empresas como IBM, los ejecutivos tienen clarísimo que las personas que son abiertamente gay en sus empleos son más productivas.trabajo-lgbtiq

Workplace Pride Foundation muestra una encuesta de referencia global de las principales empresas alrededor del mundo que desarrollan políticas de inclusión y comunicación entre la comunidad LGBT dentro del lugar de trabajo. IBM, Dow, BNP Paribas, Shell y Cisco Systems figuran entre las primeras empresas a nivel mundial en el ranking.

La investigadora peruana Liuba Kogan sostiene con toda razón que “en el país, en las empresas y en los medios encontramos un silencio cómplice, como si la población LGBT no existiera”. Según sus investigaciones, hay miedo de reconocer a este grupo de personas:  “No se puede nombrar la homosexualidad o transexualidad, y se mantienen ocultas”. Para Kogan, muchas, realmente muchas personas LGBTI, trabajan para esconder lo que son.

No todos tenemos la suerte de ser parte de una empresa que respeta los derechos civiles, y abraza la igualdad. Desde la orilla de la comodidad, tenemos el reto de buscar que la políticas laborales sean más inclusivas, y que renunciar o callar no sean prácticas frecuentes.

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Mi primer blog fue verde y era sobre ser lesbiana en Lima. Varios años después regreso a una temática que pensaba cerrada con el objetivo de hacer realidad un sueño: un medio LGTBIQ. Soy periodista desde los 17 años y ya cumplí 42. Soy profesora universitaria, adicta al café, mamá de gatos y perros, lectora desesperada e insomne. Soy la directora de ClasesdePeriodismo.com, consultora en social media, estudiante crónica y amenazo -para no perder la costumbre- que ya voy a dejar el periodismo para fundar un bar. Amo Chorrillos, y tengo la suerte de haber regresado al barrio para mirar el mar cada mañana.

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