¿Por qué sacarse las etiquetas en un mundo donde aún no saben quiénes somos?

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Nos ha costado muchos años conseguir que nuestra identidad sea valorada, es cierto. Nos ha costado mucho que las palabras “bisexual”, “lesbiana”, “gay” y “transgénero” sean pronunciadas como símbolo de orientaciones e identidades distintas pero que son reales y válidas como formas de ser y formas de existir que no son trastornos ni enfermedades.

Muchas personas ahora se atreven a decir “soy transgénero”, sin miedo, aunque la realidad sigue siendo hostil. En fin, muchos ya no callamos, muchos luchamos, muchos somos orgullosamente visibles por el esfuerzo que nos ha costado dejar de ser esa minoría fastidiosa para la sociedad y volvernos una realidad que exige derechos.

Entonces, ¿por qué sería una buena idea dejar de llamarnos por la etiqueta, si tanto nos cuesta que acepten nuestra identidad?

Cuando empecé a estudiar psicología lo primero que entendí es que las personas nos categorizamos. Funcionamos de esa manera, nuestro cerebro hace eso para ahorrarnos gasto de energía en pensar, así la memoria es más eficiente y podemos sacar conclusiones con más rapidez. Es natural etiquetarlo todo, es la forma en que abstraemos el mundo: observamos ciertas características y decimos “esto es una mesa”, “esto es un ser humano”, “esto es una mujer”, “esto es una persona homosexual”, etc. Así que las etiquetas no son creación de nadie, es la forma natural en que funciona nuestro cerebro, ciencia para dummies.

En el campo social usamos las etiquetas para categorizarnos por sectores, nacionalidades, grupos etarios, géneros, orientaciones, gustos musicales, forma de vestirnos, estereotipos, prejuicios. Todas son etiquetas para describir grupos de personas que se diferencian por un aspecto en particular.

Entonces no, las etiquetas no son malas, no son el cáncer de nuestra sociedad, es solo la forma en que nos comunicamos. Ser lesbiana, gay, bisexual, transgénero es algo bueno y es liberador ser visibles en una sociedad conservadora donde tanta falta hace que vean que existen otras realidades. Creo que los que podemos y ya estamos fuera del clóset por una u otra razón tenemos la responsabilidad de ser visibles con la consciencia de que somos referentes para las  generaciones venideras. El problema es cuando comenzamos a limitarnos por vivir una etiqueta, a vivir un rol. Es ahí donde es buena idea no vernos por lo que “pensamos que somos”, sino  por lo que somos.

Nadie está en contra de llamarnos por una categoría, relax. Estoy en contra de obligar a una persona a ser heterosexual, o a ser homosexual (hey, existimos muchos en el medio del espectro). Estoy en contra de que una persona intente encajar en un rol sexual que no la hace feliz solo porque cree que en una relación homosexual hay un “activo y un pasivo”. Estoy en contra de que una lesbiana se sienta mal porque un día se enamora de un hombre y no entiende por qué si se supone que solo le gustan las mujeres. Estoy en contra de que se discrimine a una persona bisexual por haber tenido más relaciones heterosexuales. Estoy en contra de ser políticamente algo que va en contra de lo que sentimos. Estoy en contra de que alguien tenga que negar sus afectos porque no encajan en su etiqueta.

En la ciencia encontré que la diversidad es natural y es dinámica y eso me da la libertad de no vivir un rol, aunque eso no me exime de identificarme como pansexual ante la sociedad. Sácate las etiquetas de la cabeza y sé tú mismo: no dejes que nadie te diga quién eres.

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