Pero, ¿eres hombre o eres mujer?

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Piensa en una mujer. Ahora piensa en un hombre. Ahora piensa en todas las características que se te vienen a la cabeza cuando piensas en el “ser mujer” y el “ser hombre”. Ahora piensa en todas las cualidades que se te vienen a la cabeza cuando piensas en una persona no binaria.

¿Clueless? ¿Te quedaste en blanco? ¿No sabes qué pensar? ¡Genial!

(Una persona no binaria es aquella que tiene una identidad de género fuera de los límites del ser hombre o mujer, es decir, no se siente ni uno ni lo otro, rechazando la idea de que el género es binario).         

Sería bonito que cuando pensemos en hombre o en mujer no tengamos en nuestra cabeza roles o estereotipos o palabras asociadas, pero esa no es la realidad.

Crecemos con una etiqueta en la cabeza, la primera etiqueta que nos ponen, sobre nuestro género, como si esto viniera con un manual de instrucciones para actuar en el mundo. El gran problema es que estamos inmersos en una sociedad y cultura que tiene estereotipos marcados de cómo debe ser el comportamiento de los que son catalogados como hombres o mujeres. Entonces, si una mujer decide ponerse o comportarse de cierta manera que otros ven como “masculina”, está mal, qué le pasa, eso no hace una señorita.

Si preguntamos a la gente a nuestro alrededor (especialmente en realidades latinoamericanas) es bastante común que piensen que los géneros son solo dos. Sin embargo, en sociedades más evolucionadas en el tema de equidad de género y en la comprensión de la diversidad en la sexualidad, cada vez más personas entienden que el género es un espectro y no dos categorías diferenciadas y distintas (¿opuestas?).

La encuesta Sex Equality realizada en el Reino unido y publicada hace unos días por Fawcett Society, encontró que el 44 % de la población de este país cree que el género no se divide en dos categorías (binario) sino que es un espectro de muchas identidades (no binario). Este encuesta fue realizada a un poco más de 8 mil personas y tiene un margen de error de 1.1 %, lo cual la hace bastante confiable, a pesar de que no nos permite generalizar los resultados. Aun así, es interesante cómo las percepciones sobre el género van cambiando según la cultura y el acceso a la educación.

El género es un espectro y no dos caras de una moneda. La palabra con la que nos identifiquemos no importa mucho, por eso existen muchas formas de ser hombres y de ser mujeres, porque cada uno construye la forma en la que nos expresamos en la sociedad.

Y ¿qué hay de los estudios que encuentran que los hombres y las mujeres son diferentes? Existen miles de estudios en psicología y neurociencias que, efectivamente, encuentran que los hombres y mujeres no son iguales. Por ejemplo, las tazas de enfermedades mentales son mayores en mujeres (los trastornos del ánimo y de la ansiedad y estrés) y los hombres puntúan mejor en tareas matemáticas o de ciencia, mientras que las mujeres puntúan más en inteligencia emocional. El gran error de los científicos (y de todos nosotros) es pensar que estas diferencias son producidas por algo que está dentro de nosotros que nos hace ser diferentes. No nos estamos dando cuenta que al ser etiquetados como hombre o mujer empezamos a vivir un rol que influye en nuestras decisiones y la percepción que tenemos sobre nosotros mismos (y, por supuesto, cómo nos tratan).

Sí, estoy diciendo que las mujeres son “mejores” en las pruebas de inteligencia emocional porque las han criado para preocuparse siempre por el resto y anticiparse a las necesidades de los demás. Estoy diciendo que los hombres son “mejores” en matemáticas porque se les cría para que sientan que son superiores en números y que son pésimos para la comunicación verbal. Estoy diciendo que la única razón por la que hay menos mujeres en ciencia es porque no se espera que hagan ciencia.

Las neuronas aprenden y nuestros cerebros se amoldan a nuestros hábitos. Somos lo que creemos que somos y lo que la gente espera de nosotros nos afecta de manera sorprendente. El éxito, el amor y otros constructos están dictados por lo que dice la sociedad y la cultura… ser un hombre o una mujer “de bien” lo determina lo que vemos en la publicidad y lo que nuestra familia nos enseña que es lo correcto.

Y es sencillo darnos cuenta de esto cuando volteamos a ver a los que no son ni hombres ni mujeres, a los que no les ha quedado de otra que retar el binarismo de género (no sin muchas caídas, violencia y discriminación). De ellos no tenemos ideas preconcebidas y son más libres de expresar su identidad. De ellos no esperamos que se comporten de cierta manera.

Estoy segura que son muchos los que se empiezan a identificar como no binarios porque se han dado cuenta que ninguna de esas palabras (hombre / mujer) los representa. No identificarse como uno u otro no los exime de luchar por la equidad de los géneros ni los separa de reconocer que existen muchos que son felices siendo hombres o siendo mujeres (cisgénero o trans) y que también quieren serlo sin sentirse atados a un estereotipo.

La identidad de género no se elige, tampoco es una opción, es un camino. Más que una espectro, es un gran cubo rubik de posibles combinaciones para ser tú mismo. Como encontraron en un reciente estudio publicado en la revista PNAS, el cerebro no se puede categorizar en femenino y masculino, sino que hay muchos tipos de cerebros. Entonces, si nuestro cerebro no se limita, ¿por qué lo hacemos nosotros? (o ¿por qué le tienen tanto miedo a la diversidad?, diría yo).

A esas personas que preguntan todo el tiempo: “ya… pero entonces, ¿eres hombre o eres mujer?”. Si se están refiriendo a los genitales, eso es algo que no es de tu interés (o no tendría que serlo, pero vivimos obsesionados con lo que tenemos entre las piernas), el sexo biológico o el sexo asignado al nacer, es cuando nos identifican como macho o hembra cuando nos ven calatos cuando nacemos y tenemos pene o vagina (o tenemos una mezcla de ambos, y nos etiquetan como intersexuales).

El gran problema comienza cuando al ver lo que tenemos entre las piernas, nos ponen ropa rosada o azul, como si la vida se compusiera solo de esos dos colores (algunos preferimos el verde).

Sí, es difícil quitarnos el rol de la cabeza. Para comenzar a destruir estás ideas que muchas veces nos limitan, hagamos un ejercicio:

Piensa en una mujer. Ahora piensa en un hombre. Ahora piensa en una persona.

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