San Valentín es una verdadera mierda. Le declaro la guerra a San Valentín. Solo me deprime, y me pone en situaciones comprometedoras, tristes. San Valentín me aplasta. Me cubre como una ola, me recuerda que no he madurado nada, que soy una boba, que no acabo de entenderme, que he gastado mucho en el psicoanalista y no llego a nada importante.

Esta lesbiana va a dormir en San Valentín. Y punto.

1. La mujer que me importa está a kilómetros de distancia, bien abrazada, y yo no existo en su vida. Ni le diré que San Valentín es también el Día de la Amistad porque ya me cansé de ser su amiga. Así que me abrazo a mí misma y me pregunto si este 14 de febrero puede pasar rapidito, por favor. No quiero ver su felicidad en Facebook, aunque sé que me hace feliz que ella lo sea al fin. Me quedo con mi tristeza, con mis lágrimas, con esta tonta idea de algo que jamás será posible, pero la sigo esperando (por si un día, un día, ya sabes). Ella no está, yo siempre estoy. Gracias, clonazepam.

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2. La otra mujer que me importa sería feliz con flores, globos, ositos y tarjetas bonitas de Internet o elaboradas a mano. Pero no soy de flores, globos, ositos y detalles así. De solo pensar en complacerla, retrocedo, corro en reversa, como quien se quisiera suicidar, pero sabe que no es valiente. Esta mujer es menos esquiva, está más cerca, tiene unos pechos más grandes y hermosos y sin embargo una pared nos separa, una pared generacional, intelectual, y hasta gastronómica. Ella quiere suchi, yo quiero parrillada. Ella lee libros de autoayuda, y yo ya pasé la etapa de buscar ayuda. 

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3. La mujer que más he amado en la vida, y que tiene el título de “LA MUJER DE MI VIDA” cierta vez me dejó esperando en un cine que ya no existe con un ramo de flores en la mano. Hemos vivido años abrazadas, y creo que continuamos así, pero no tenemos razones para celebrar una fecha tan cursi, y culpable soy yo por decir que lo cursi no iba conmigo cuando en verdad me encantan las cursilerías. Sí, flores, globos, ositos y detalles que solo espero de ella, y que solo le daría ella, pero no a la chica #2 y tampoco a la #5. Con la primera y la cuarta no lo sé.  ¿Por qué? Mi psicoanalista no lo resolvió. Así que necesito dormir, que pase esta fecha. Nada de cuestionamientos. Qué feo esto de ir al San Antonio y preguntarnos por qué no celebramos nada.

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4. La mujer de los ojos más lindos, de la piel más bronceada, y la sonrisa más tierna está muy cerca, pero no sé cómo decirle: “Hola, ya que estás soltera… ¿celebremos el Día de la Amistad?”. No puedo. La voz se me quiebra. Las manos me sudan. Y ella atenta como un conejo, sí como un conejo. Y yo muda, aplastada. Pensando en cómo besará, en cómo besó cuatro años a esa persona que ella y yo sabemos que no debe saber lo que sentimos. Ella, llena de libros, y yo… llena de líos. Ella, pensando que yo soy una perra. Yo jurando que por ella cambiaría. Ella en el clóset. Yo sin puertas. Ella lo sabe, yo lo sé. Pero en San Valentín, cada una dormirá en lugares distintos. Ni un WhatsApp. Ni una cerveza Cusqueña que tanto le gusta. Nada, solo el silencio. Ese silencio que dice pero no dice.

DORMIR

5. La chica #5 va en serio, y yo voy al infierno, que no es ir en broma. No sé cómo decirle que sí, y a la vez pedirle que se aleje. Quisiera que me fuera a buscar al trabajo, pero me da miedo que luego piense que es una cita, y yo no quiero una cita, así sea San Valentín, y ella esté tan sola como yo, con tantas ganas de ser cursi, y aparentar que nos vamos a querer por siempre. Sé que la cita nos llevaría a un hotel. Y sé que los hoteles están ocupados en esta fecha donde follar parece obligado. Yo quiero follar, pero no quiero encontrarme con un hotel lleno. Y el depa no está disponible para aventuras. Me da pereza reservar, me da pereza pensar. En verdad creo que me da flojera hasta follar, así que me dormiré y soñaré con la chica que más anhelo. Contigo. Y sin ti.

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