El deseo de dos mujeres en la última novela de Mario Vargas Llosa

0
659

“Marisa se estrechó contra Chabela, desperezándose, besándola en el cuello, acariciándole el vientre y las piernas con la mano libre. “Creo que nunca en toda mi vida me he sentido tan feliz, te lo juro”, murmuró. Era cierto, así se sentía. Su amiga se ladeó, abrazándola también, y le habló con la boca pegada a la suya, como si quisiera incrustrarle las palabras dentro del cuerpo: 

-Yo también, amor. Todos estos días he estado soñando con que durmiéramos juntas y que nos despertáramos así, como estamos ahorita. Y me he masturbado cada noche, pensando en ti.”

-Cinco esquinas, Mario Vargas Llosa.

En “Cinco esquinas”, el peruano Mario Vargas Llosa reconstruye como si fuera un rompecabezas lo ocurrido en el Perú en un momento histórico reciente: la era fujimontesinista, tiempo en el que se compraban conciencias y medios de comunicación.

Entre los personajes de la novela tenemos a Marisa y Chabela, dos mujeres bellas y de clase alta que tienen un apasionado encuentro sexual que fortalece su amistad al punto de crear una conexión que va más allá del bien y el mal, de lo bueno y lo prohibido, de lo aceptable e impensable. Marisa y Chabela están casadas, sus maridos son amigos, pero en el deseo de estas dos mujeres no hay culpa. Hay un desbordado afán de vivir a plenitud lo que sienten. Sin gritarlo, claro. Como se viven muchos amores en Lima. En secreto.

Tras explorar universos eróticos en ‘Los cuadernos de don Rigoberto’, ‘Elogio de la madrastra’ y ‘Las aventuras de la niña mala’, Vargas Llosa consigue en “Cinco esquinas” una impecable historia de deseo dentro de esa gran historia que pretende contar: la historia del Perú y la prensa en los tiempos de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. Sin alcanzar la perfección de sus grandes obras como ‘Conversación en la Catedral’ o ‘La Guerra del fin del mundo’, el peruano describe -con pasión y sin prejuicios- los encuentros sexuales de estas mujeres. Se detiene en miradas, gestos, roces, fluidos. La pasión desbordada. Sin límites.

El marido de una de ellas disfrutaría luego de esta experiencia, no una vez, muchas veces, a lo largo de casi tres años. Ajeno a la Lima prejuiciosa, Vargas Llosa lleva a sus personajes a explorar al máximo sus deseos más ocultos.

Entrevistado por El País de España, Vargas Llosa sostiene que la pornografía es el erotismo mal escrito.

 ¿El escritor también se excita o está demasiado metido en la mecánica?

-Hombre, pues sí, cierta excitación sexual la sientes, es un aliciente a la hora de escribir. Al mismo tiempo, si no llegas a sentir cierta depresión cuando describes escenas desgarradoras, no creo que estés en el estado de ánimo ideal para conseguir lo que quieres. Un escritor vive todas las experiencias que describe, se convierte en asesino, en víctima, en amante. Al mismo tiempo tiene que prevalecer cierto control intelectual porque el lenguaje es una materia que debes utilizar muy conscientemente. Con pura emotividad no escribes una buena novela jamás; sin el sentimiento de estar tú adentro, tampoco.

Y en ‘Cinco esquinas’ juega con el erotismo de manera magistral. Si nos ubicamos en ese tiempo histórico, es posible imaginar claramente a Marisa y Chabela, tan limeñísimas, tan frívolas, tan dispuestas a vivir. Un lienzo de Lima que no siempre consigue un pintor tan complaciente y complacido como Vargas Llosa.

Compartir
Artículo anteriorZara lanza su colección de género neutro
Artículo siguienteEn un distrito limeño está PROHIBIDO que dos mujeres se besen
Mi primer blog fue verde y era sobre ser lesbiana en Lima. Varios años después regreso a una temática que pensaba cerrada con el objetivo de hacer realidad un sueño: un medio LGTBIQ. Soy periodista desde los 17 años y ya cumplí 42. Soy profesora universitaria, adicta al café, mamá de gatos y perros, lectora desesperada e insomne. Soy la directora de ClasesdePeriodismo.com, consultora en social media, estudiante crónica y amenazo -para no perder la costumbre- que ya voy a dejar el periodismo para fundar un bar. Amo Chorrillos, y tengo la suerte de haber regresado al barrio para mirar el mar cada mañana.

Dejar respuesta