Hablemos de “cruising”: Adicciones detrás del cubículo

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Por Gustavo A. Henao

Diariamente, en la ciudad de Caracas, Venezuela, jóvenes de todas partes tienen sexo sin inhibiciones en distintos lugares públicos.

Felipe Guerrero es joven caraqueño de 23 años de edad de contextura gruesa, ojos café y con ropa muy ajustada al cuerpo. Estudia sexto semestre de diseño gráfico en el instituto Iutirla, ubicado en el paraíso y se define abiertamente como homosexual.

Recuerda que a los 17 años de edad un amigo muy cercano, lo invitó por primera vez a los baños del centro comercial El Recreo para experimentar lo que era una sesión de “cruising”.

Felipe teme que lo que empezó como un experimento ocasional termine siendo algo habitual y sospecha que su conducta sexual sea considerada como una patología, es decir, un trastorno psicológico.

Especialistas en la psicología, psiquiatría y sexología afirman que el denominado “cruising”  (prácticas sexuales en sitios públicos con personas desconocidas) es una patología que entra en el marco de las parafilias, sin embargo, hay opiniones diferentes.

Se define la parafilia como el comportamiento sexual, en el que la persona no se encuentra satisfecha a la hora de ejercer su sexualidad y busca otros métodos para poder satisfacer su excitación.

El Manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-VR) no reseña el término “cruising”. La psiquiatra- sexóloga Luz Jaimes dice que siempre y cuando se presente de manera  exclusiva y repetitiva en el acto sexual o cuando la excitación tenga impulso a lograr una eyaculación, solo en esas especificaciones es patológico: “Ahora, si la persona lo hace de vez en cuando porque le atrae la situación eso no es una patología, eso es como una alternativa en la ejecución de su encuentro sexual”, asevera Luz Jaimes.P44og44i-680x381

Defensa de las parafilias

Jonatan Matheus, activista y director de Asociación civil ‘Venezuela Diversa’, descarta la posibilidad de que el cruising, entre en el marco de las parafilias y que sea considerado como una patología.

“Cabe acotar que las personas no deberían, según la norma social establecida,  tener prácticas sexuales en lugares públicos, sin embargo estas prácticas no deberían  discriminar al homosexual como lo vienen haciendo y menos señalarlo como una patología”, detalla el activista.

Los practicantes del cruising, según las afirmaciones que da Matheus, pueden desembocar en dos vertientes: Los homosexuales que recurren a esta práctica sexual y que en muchas ocasiones tienden a reaccionar ante la sociedad y practican actos sexuales en cualquier sitio como protesta o motivo de escape a la exclusión social de las que son objeto (a dos hombres les limitan al acceso a un hotel),mientras que otros lo realizan debido a que su centro de erotismo y su placer está en el exhibicionismo.

Edward Barceló Mora, psicólogo egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, explica que la terminología cruising,  sí se puede considerar como una desviación psicológica ya que este término engloba los trastornos de la conducta sexual: “Dentro de esta categoría (parafilia) se agrupan varias patologías. Considero que la que más se ajusta al cruising es “la parafilia por exhibicionismo”, ya que las personas que padecen esta enfermedad mental obtienen placer sexual al revelarse desnudos o  al realizar actos sexuales frente a terceros”.

Barceló señala que se debe examinar una serie de elementos para catalogar al paciente con problemas parafilicos: “Habría que considerar variables como verificar si existe sufrimiento personal, nivel de repetición, lugar y tiempo”.

Asimismo, el hecho de que una persona se exhiba a la hora de realizar un acto tan personal y privado como es el intercambio sexual puede evidenciar un fallo a nivel cognitivo en cuanto a internalización de normas, problemas en el control de los impulsos y un sentimiento de sufrimiento personal muy interno.gay-cruising-pair-bathroom-stall

Hecho social

En los baños del Centro Comercial El Recreo de Caracas, y otros lugares públicos como el Parque Francisco de Miranda, es común encontrar a otros jóvenes como Felipe Guerrero, que sin problemas se entregan al placer que ofrece tener relaciones sexuales con desconocidos.

El activista Jonatan Matheus niega las posibilidades de que estas definiciones expuestas anteriormente por los especialistas estén en su verdadero juicio. Su enfoque responde a un hecho social, donde la sociedad no reconoce las distintas formas que tienen las personas de ejercer la sexualidad.

“Creemos que no debe señalarse como patología, sino  que debe ser visto como un problema social, donde muchas organizaciones deberían promover campañas, para dar a conocer los riesgos que corren los practicantes del cruising y tratar de transformar la conciencia de estas personas”, indica Matheus.

Según un estudio realizado por el psicólogo Edward Barceló, el cruising no se puede ver en un contexto social sólo porque los homosexuales lo hacen en respuesta al no reconocimiento de sus derechos o a la imposibilidad de poder vivir y ejercer plenamente su sexualidad sin restricciones, como lo hacen los demás. “No puedo andar por la vida manteniendo relaciones sexuales con quien se me presente en el camino y menos en lugares públicos, exponiendo que terceros vean las actividades sexuales que estos practican. Primero hay un desorden emocional y de personalidad ya que implica ir en contra de los principios morales de la sociedad e irrespeta un daño hacia los demás”, explica el psicólogo.

Barceló reitera que estas prácticas sí son patológicas, ya que existen muchas hipótesis que buscan explicar cómo una persona puede llegar a sentir goce sexual a través de la exposición a terceros. En estos casos hay muchas hipótesis que pueden reflejar las conductas de los que realizan actos sexuales anónimos, una de las hipótesis señala que el trastorno se encuentra en la personalidad perversa del individuo que considera otros medios externos para el disfrute y excitación sexual del mismo.

“Otra teoría sería la neuropsicológica, donde la persona puede llegar a desarrollar tal trastorno de la conducta sexual debido a un daño en el lóbulo frontal del cerebro que ocasiona que desarrolle dificultades para el control de los impulsos, ya que tal zona del cerebro se encarga de frenar acciones, conductas y pensamientos que no se consideran socialmente aceptadas, por lo que la persona actúa en la vida en función a lo que siente y no a lo que piensa, sumado a un temperamento o nivel de excitación baja que requiere del afuera para ser activado”, expresa Barceló Mora.

 Teorías fuera de la caja

Otra explicación que aplica es a través de la teoría del Modelaje, donde expone que las personas fueron expuestas a conductas o modelos de tales conductas a lo largo de su desarrollo humano, por ejemplo: ver relaciones sexuales de los padres, exponerlos a actos sexuales en público, bombardeo sexual por medios de comunicación, entre otros.

Asociado a esto, Jonatan Matheus, activista de los derechos de los homosexuales, indica que muchos niños de sectores populares, viven en situaciones de hacinamiento y estos se despiertan en las noches y observan a la madre realizando actividades sexuales: “Muchos niños de sectores populares en las noches pueden observar a sus padres teniendo prácticas sexuales de todo tipo, incluso muchos niños en la misma cama duermen con sus padres y esta pareja en algún momento tiene sexo  y allí no hablamos de que el niño se traumatiza, pero sí lo hacen dos homosexuales y un niño lo ve, allí sí se habla de trauma”

En consecuencia, Matheus enfatiza que, en vez de criminalizar colocándole palabras peyorativas como zorra, chancero, putas, enfermas, a los individuos que practican el cruising y señalarlo como una patología, los psicólogos y psiquiatras deberían de analizar el origen del por qué estas personas cometen este tipo de actos. Sería bueno que expliquen dejando el tabú de un lado, y aprendan a que la sexualidad se puede vivir y experimentar de distintas formas.

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¿Existe una cura?

Hay una serie de medicamentos para tratar a los pacientes con trastornos sexuales muy elevados, como también existen estrategias terapéuticas donde el psicólogo le hace una serie de preguntas para evaluar al afectado y así determinar que tan exaltada sea su patología.

“Se debe hacer una intervención interdisciplinaria dependiendo de la gravedad de la patología, si no existe un daño neurológico se puede resolver a través de secciones terapéuticas donde el paciente expresa sus angustias en relación al tema sexual, se evalúan eventos traumáticos de la infancia que pudiesen haber contribuido al desarrollo de la patología, fortalecer mecanismos de defensa y valores en su psique fuertemente debilitados, entre otras estrategias terapéuticas”, asevera el psicólogo Barceló.

Si existe un daño cerebral, el control de la conducta es extremadamente fuerte debido a que sufre de mucha impulsividad o es hipomaniaco, por lo tanto  se necesitará bajar los niveles de activación de su sexualidad con medicación.  De hecho, el psicólogo puede trabajar de la mano con un psiquiatra, debido a que el psicólogo no tiene la potestad para medicar.

Sobre las bases de las ideas expuestas, la doctora Luz Jaimes, psiquiatra- sexóloga y presidenta de la Sociedad Venezolana de Sexología Médica, asevera que los homosexuales que mantienen relaciones sexuales de manera compulsiva con desconocidos tienden a tener una serie de evidencias patológicas que entran en el ámbito de las parafilias:  ”El cruising está dentro de las parafilias del exhibicionismo, donde el funcionamiento sexual sirve para estimular al resto, tanto en  intensión de susto o como intensión de impacto. Esto es lo que produce  a los que lo realizan, pues es una estimulación de excitación mucho más alta para poder lograr sus orgasmos”.

Es por ello que Luz Jaimes admite que se debe evaluar al paciente para poder ser medicado. “Hay que verificar si el paciente tiene un tumor de ocupación de espacio, un problema de carácter epiléptico, tiene algún problema de orden psiquiátrico o problemas orgánicos. Dependiendo de la evaluación que le haga, le mando un tratamiento severo. Un medicamento muy usado son los ansiolíticos o también denominado tranquilizantes menores que sirven para eliminar los síntomas de ansiedad en este caso sexual que posee el paciente. Cabe acotar que el medicamento no produce sueño”.

Mientras unos defienden el mantener relaciones sexuales en lugares públicos de manera reiterada y compulsiva; otros tratan de buscar soluciones a un problema que no solo afecta a las personas que practican este tipo de encuentros sexuales si no también al entorno social que discrimina este tipo de actividades. Para algunos expertos, este tipo de encuentros puede llevar a enfermedades de transmisión sexual tales como: VIH, gonorrea, sífilis, VPH, herpes genital entre otras enfermedades que puedan recibir sin siquiera saberlo.

 

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  1. Disculpen voy a corregir los nombres de los entrevistados: Yonatan Matheus, activista y director de Asociación civil Venezuela Diversa y Edward Barceló Mora, psicólogo egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Gracias.

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