Yo soy

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Por Andrea Gabriela Aste (*)

Todos tenemos derecho a vivir en paz y armonía, siempre y en todo lugar y condición. Somos seres humanos como tú, con sueños y anhelos por cumplir. No somos más ni somos menos. Somos iguales, porque al final todos estamos en este planeta para algo y por algo. Lo que nos indica que somos iguales es que somos seres humanos, tú y yo, con una misión por realizar. Y para eso necesitamos simplemente respetarnos y amarnos como seres espirituales que somos.

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Porque sí, es de cobardes usar textos sagrados para ir a culpar de algo a otro/a. A decirle que como “está escrito” hace más de dos mil años, entonces eso y nada más es la verdad y te tienes que circunscribir a ello, porque sí, porque se te ocurrió que así me amas y me ayudas. Pero usando esos mismos sagrados escritos, hay algo que no estás teniendo en cuenta: ámense los unos a los otros como los he amado. Y eso significa con respeto, tolerancia, apertura, cariño, con el corazón en la mano y no con la frialdad de la culpa, el pecado, la ignorancia.

VER: Ser trans en el Perú

Lo que te pedimos es que no tengas miedo porque honestamente no comprendemos a qué le tienes tanto miedo. Y comprendemos menos aún porque nos matas y humillas sin más. Porque está escrito. Y punto. Como si la misma creación no te hubiera dado alma y corazón para decirte y recordarte que el principal motivo de que tú y yo estemos aquí hoy, es que aprendamos, ambos, a amarnos sin restricciones. Que él se encarga del resto. Que tú y yo sólo debemos aprender la lección del amor porque es la única manera de caminar juntos hacia dios.

Nos hemos enfrascado en guerras mundiales por miedo utilizando la palabra de Dios. Nos hemos y estamos matando con palabras y armas porque no entendemos que somos iguales pero diferentes. Que no necesitamos hacer cosas para “ser diferentes”, porque ya lo somos. Que en la diversidad está la igualdad.

Hemos creado un mundo perfecto donde los derechos (léase dignidades) les asisten a unos y no a otros. Las personas de raza negra fueron –y siguen siendo consideradas- inferiores. En EEUU tenían que viajar al fondo del autobús porque eran menos que los blancos. Las mujeres simplemente no tenían derecho al voto y al trabajo porque eran mujeres, nada más. Porque como no eran hombres, entonces no estaban calificadas para votar o trabajar. Eran cosas de segunda mano, ni siquiera personas de segunda.

Esa misma lógica se impone ahora con las personas homosexuales, bisexuales, transexuales y transgéneros, andróginos, pansexuales y demás. Como somos diferentes o amaos diferente, o nos vestimos o comportamos diferente, entonces no somos nada. No existimos, No tenemos derecho. Y usas nuevamente la culpa y el arrepentimiento, que provienen del miedo, y éste del lado oscuro de las cosas, para decirnos cómo hacer o no hacer nuestra vida. Al casarnos, al tener un documento de identidad que sí nos da plena certeza legal y social de quienes somos, no le estamos haciendo daño a nadie. Al prohibirnos que demos amor al adoptar a un niño o niña, nos estás quitando el hecho de poder amar sin límites.

No se trata de echar culpas a nadie, pero tú que tienes hijos “normales” y tú que también eres “normal” pero que no los cuidas, que los reprimes en su creatividad, que les enseñas a mentir con el ejemplo pero te desgastas en decirles a ellos, tus hijos, cómo han de comportarse y haces justo lo contrario. Eso sí hace daño, y mucho. ¿Después te preguntas porqué el mundo está como está? ¿Si nos casamos vamos a extinguir la especie? Somos unos ocho mil millones de personas ya en un mundo que cada vez es más pobre material y espiritualmente ¿quieres seguir procreando de esa manera irresponsable? Espero que no.

Escribo esto desde el corazón, con la intención de dar amor y comprensión a nuestra situación, de visibilizarnos no sólo exigiendo, sino además ayudando a construir un mundo mejor para ti y para mí. Ada más, nada menos.

(*) Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Peruana.

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