¿Eres LGBTI y no eres feminista? Piénsalo otra vez

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Si el feminismo trata de abolir los roles de género que nos oprimen históricamente, es lógico que la comunidad LGBTI, los disidentes del género por excelencia, estemos muy en contacto con sus objetivos y compartamos su lucha.

Los feministas venimos sintiendo que en los últimos años el ataque al movimiento se ha hecho más duro. No en vano han nacido grupos antifeministas que defienden los “derechos de los hombres” (como si no los tuvieran) o movimientos que revelan las supuestas mentiras del feminismo. Hasta ha nacido un “igualismo” que no tiene historia, no hace marchas, no promueve leyes y solo existe para contradecir el hecho de que se llame FEMinismo.

Esta reacción es consecuencia del avance que estamos teniendo como sociedad. Estamos pasos más cerca de la igualdad y el “despertar” hacia la realidad de la opresión que existe de lo masculino sobre los otros géneros, genera una reacción opresiva contundente. Más feministas, más fuerte la respuesta patriarcal.

Sí, somos más las personas que nos identificamos con el movimiento feminista y cuestionamos el género, y su binarismo, siendo como somos y criticando los roles que se nos han impuesto.

El feminismo y el lesbianismo

Si bien el feminismo inicia como el movimiento que busca que las mujeres sean tratadas igual que los hombres, muchos teóricos de este movimiento han sido y son personas LGBTI, muchas de ellas lesbianas. En la actualidad, el movimiento reconoce la existencia de otros géneros, todos oprimidos por la heterosexualidad obligatoria, todos feminizados y minimizados socialmente.

Todo aquel que no quiera cumplir el rol de su género binario es castigado por el patriarcado. Los hombres gais, para la sociedad patriarcal, asumen un rol femenino; las mujeres lesbianas asumen un rol que no les pertenece (de hombres) y las personas trans quieren romper con la aparente “naturaleza” de las diferencias sexuales. Ni hablar de las personas de género no binario, que retan todos los estereotipos de género.

El feminismo lésbico analiza, entre otras cosas, la heterosexualidad obligatoria y busca desnaturalizarla. No, el feminismo lésbico no es heterofóbico (la heterofobia no existe, amigues), pero sí cuestiona el privilegio heterosexual como forma de control patriarcal. Del feminismo lésbico tenemos ideas como la “hermandad”, que plantea que las mujeres deben enfocar su tiempo en relacionarse con otras mujeres y fomentar espacios de diálogo entre mujeres, algo que los hombres hacen todo el tiempo y no es cuestionado.

Además, el feminismo lésbico lucha contra la idea de que dentro de una relación homosexual se asuman roles que asemejan una relación heterosexual. Amigue, no eres feminista si sigues insistiendo en que eres “pasiva” o “activa”, no crees en la igualdad si limitas tus afectos por tu idea de cómo debería verse una persona. No olvidemos que la violencia de pareja existe en las relaciones homosexuales también y muchas veces está ligada a la replicación de estos estereotipos de género, que se convierten en estereotipos de poder dentro de la pareja.parejadelesbianas (14)

El transfeminismo

Este “nuevo feminismo” se intersecta con la teoría queer y el activismo LGBTI para incluir identidades transgénero. No es que antes no se haya reconocido su existencia, sino que con el avance del activismo trans y con el trabajo más actual de las ciencias sociales, se ha reivindicado la existencia de otros géneros igual de oprimidos por el heteropatriarcado.

El transfeminismo toma de la sociología la noción de que no existen características biológicas que diferencien a hombres de mujeres, sino que las diferencias de sexo y género surgen de la clasificación que se le impone a una persona cuando se le asigna un sexo al nacer.

Existen muchas formas de ser mujer, y las mujeres trans también lo son. El machismo las afecta a ellas y a las personas que, sin identificarnos como mujeres, somos percibidas como tales. El transfeminismo busca incluir a las personas transgénero e interesexuales a la lucha feminista, porque el sexismo y los roles impuestos los afectan tanto a ellos como a las personas cisgénero.

Además, el transfeminismo lucha por la despatologización de las identidades trans, algo que estamos a puertas de lograr. ¿Cómo no ser LGBTI y ser feminista? Tenemos mucho que agradecerle a este movimiento social y a las políticas que se han creado por su causa.

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El feminismo interseccional

Y ya nos vamos dando cuenta que existen muchas formas en que podemos agregarnos al feminismo, pero todas aquellas formas tiene un solo fin: la igualdad. El feminismo real es un feminismo que reconoce todas las formas de opresión. Un feminismo real es el que reconoce que el ser percibido como mujer viene acompañado de otras identidades: orientación sexual, etnia, clase social, discapacidad, forma del cuerpo.

El feminismo interseccional es la rama del feminismo que nos recuerda que las personas somos un todo y que dentro de los mismos movimientos feministas existen opresiones como el racismo, el clasismo y la opresión a las personas discapacitadas. Esto nace del feminismo multirracial, liderado por las mujeres de color, que cuestionaba que la única forma de opresión fuera por el género.

No es lo mismo una mujer cisgénero, blanca, heterosexual, flaca, sin discapacidad y con dinero, que una mujer trans, negra o indígena, que vive en pobreza y que es bisexual. No nos hagamos los locos.

En Latinoamérica, el feminismo lucha también por la reivindicación de la herencia étnica, que desde épocas coloniales ha sido una forma de discriminación que, al día de hoy, sigue siendo complicadísima de abolir. La naturalización del racismo hacia las personas indígenas es cosa de todos los días, chistes o burlas caracterizando a las personas del ande o a los que tienen rasgos étnicos disminuyen su calidad de persona a ese “otro” del que puedo reírme y que no soy yo.

Es importante que el feminismo reconozca la interseccionalidad de su lucha y es importante para los feministas reconocer si caemos en prácticas racistas, homofóbicas, sexistas y clasistas. El feminismo nos exige cuestionarnos todos y dejar de normalizar prácticas que nos separan.

Los hombres gais y trans en el feminismo

Las mujeres y hombres gais están oprimidos por el mismo sistema patriarcal. Un hombre gay, para la sociedad homofóbica, está cumpliendo un rol de “mujer” al que no pertenece. A pesar de que hombres son de muchas formas, al hombre homosexual se le minimiza al feminizarlo (claro, ser mujer es ser menos en una sociedad sexista) y es victimizado de formas similares.

Sin embargo, un hombre gay sigue siendo un hombre, y los hombres feministas tiene que estar siempre conscientes de que por más igualdad que pregonen, la sociedad siempre los va a poner en un estatus mayor, solo por su genitalia y expresión sexual masculina.

Igual sucede con los hombres trans. Si bien, muchos hombres trans no quieren ni tienen que pasar como cis, cuando esto sucede, están en capacidad de reconocer cómo su identidad de género los pone en una situación de privilegio sobre las personas que son categorizadas como mujeres. Es por esto que muchos hombres trans salen del clóset de manera muy visible para hacer activismo trans pero también para rechazar el privilegio de ser reconocidos como hombres.

Los LGBTI, oprimidos y discriminados, tenemos la responsabilidad de reconocer otras luchas y otras formas de opresión. Los LGBTI también somos violentados por no ser hombres heterosexuales cisgénero, por lo tanto, somos objeto del feminismo, y nos toca ser feministas.

Me voy con una frase de Dale Spender, feminista y escritora australiana: “Si alguien me dice que no es feminista, le preguntó ‘¿por qué no?, ¿cuál es tu problema’”

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