Miss Major: La madre y abuela de los transgénero está en Lima

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Una mujer de más de 1 metro 80 ingresa al anfiteatro del Centro Cultural de España, en Lima. Es Miss Major y ha venido al Perú para presentar el documental que lleva su nombre y tener una charla con lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, queer que han llegado al festival internacional de cine Outfest.miss major 1

Miss Major o Señorita Major es una activista que defiende los derechos de las y los transgéneros, particularmente afroamericanas a través de Transgender GenderVariant Intersex Justice Project (TGIJP), que brinda ayuda a las transgénero encarceladas.

En 1969 Major Griffin Gracy, su nombre real, participó en la revuelta de Stonewall. El 28 de junio de ese año, cansados de las redadas policiales sin más justificación que la homofobia, transexuales, lesbianas y gays se rebelaron y por varios días hicieron frente al abuso. Ese hecho histórico al que se unieron diferentes colectivos en el mundo dio origen al Día del Orgullo LGTBI. Pero Miss Major fue encarcelada por cinco años acusada de golpear a un policía.

El documental muestra la lucha de Miss Major, quien empezó su activismo hace 40 años cuando estuvo en la prisión de Dannemora, donde conoció a Frank “Big Black” Smith, un dirigente penitenciario que participó en los disturbios de la cárcel de Attica, exigiendo mejores condiciones para los prisioneros. Eran los años 70.miss major 2

Major aprendió siempre que el trabajo es colectivo. Nunca se refiere a sí misma sino a la comunidad. Se hizo la hermana, amiga, madre y abuela de otras transgénero expulsadas del seno familiar, que se prostituían para sobrevivir o que eran encarceladas injustamente acusadas de lo que sea. Muchas, en el documental, cuentan historias de violencia en la prisión donde fueron aisladas, violadas y torturadas por los propios custodios.

“Si alguien nos toca a nadie le importa. Solo nos tenemos las unas a las otras”, dice.

Miss Major no habla de penas ni de dolor ni de víctimas. Habla de indignación, de amor, de hacer lo que podamos para salvar las vidas de los demás LGTBI. También fue violada en una cárcel, también recibió golpes, también se prostituyó para sobrevivir, también tuvo una familia que la rechazó. Vivió en casa de sus padres, pero su madre no lo entendía, su hermana tampoco. Tomó todo ese dolor y lo convirtió en fortaleza para cuidar de las demás.

“La energía para seguir luchando viene de los abusos que recibí de mis padres hasta mi transición (de hombre a mujer transgénero). Estos malditos que abusan de nostras tendrán que retroceder”, enfatiza y el público en la sala aplaude y se emociona.

Alguien pregunta ¿cómo dejar de ser considerados una minoría?

“Hay muchas respuestas”, dice Major.  “Ellos (los conservadores) creen  que van a vivir para siempre. Hay que recordarles las luchas que hubo antes, quiénes las hicieron. Hay que resistir. Yo adoro la resistencia que tienen aquí en Perú”.

A los 76 años Miss Major camina con dificultad, apoyada en un bastón. Ha viajado varias horas para llegar a Perú, pero lo hace porque “sé que hay mucha gente que me necesita y allí estaré cada vez que me quieran”.

“Yo no sé por qué sigo aquí aún. Quizá tengo más cosas por qué quejarme. Gritar y tratar de cambiar lo más que pueda a una persona. Despertar a la gente sobre lo que es mi comunidad”, afirma.

Cuando Miss Major fue a la universidad, no pudo terminarla, porque su compañero de cuarto le dijo a todos que se vestía de mujer. La reacción no fue tan mala por parte de ellos pero sí de los dueños de la habitación que no dudaron en pedirle que se fuera.

A pesar de ese triste episodio que le negó la posibilidad de tener una carrera profesional y una mejor vida, ella ha luchado porque otras transgénero sí accedan a estudios universitarios.

“Ahora cuando escucho a alguna decir “tengo clases”, mi corazón estalla de alegría por dentro como cuando Snoopy está feliz”, comenta.

Su bastón tiene una empuñadura de serpiente. Se cae al suelo y la recojo. Se ríe, nos reímos. Tengo la oportunidad de abrazar a esa mujer grande y fuerte esperando que parte de esa energía se vuelva parte de mí. Mientras nos abrazamos ella me dice que nos ama, que el mundo es hermoso y gracias por el amor. Le respondo: gracias. Me quedo con ganas de decirle que es una inspiración. Tiene 76 años y no tiene una pensión. Habría que pensar cómo es que existe un edificio  con su nombre en Nueva York, cómo es que ha sido galardonada con varios premios y a pesar de eso no le es reconocido un derecho clave como la vejez digna.

Esa es la situación de todxs las transgénero. La T de los LGTBI o TLGBI para ser justos. La comunidad más invisible y vulnerable. A la que nadie quiere ver ni escuchar. A la que todo el mundo juzga pero nadie es capaz de apoyar. No los quieren en los colegios, en las universidades, en las instituciones ni en las empresas por más banderita gay que pongan en sus redes sociales. Ellas y ellos, sin embargo, son la lucha que cada vez más hasta dentro del mismo movimiento va tomando fuerza. O ayudemos a que cada vez tengan más fuerza.

Miss Major está en Lima y si todo va bien nos acompañará en la 15 Marcha del Orgullo. Si es así ha llegado justo en el momento de una batalla, de esas que ella ya libró en más de 40 años en las peores circunstancias. La municipalidad de Lima, más aún, el alcalde Luis Castañeda, conocido conservador, no quiere que el cierre de la movilización pacífica sea en la plaza San Martín. No quiere, no lo acepta, no puede soportar el amor de los demás por eso siempre será #Foreveralone. Y el gobierno de Ollanta Humala encima no aprueba el Nuevo Plan Nacional contra la Violencia de Género u el Reglamento de la Ley contra la violencia hacia la mujer que incorporan a los LGTBI.  Pero, como dice Miss Major: esos motherfuckers van a tener que aceptar. Ya lo saben.

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